viernes, 16 de marzo de 2012

Amb un velomar

     
Me refugio en ti. El mar nos acompaña. Casi molesta. Su sal seca mi piel, tú la endulzas con la lengua. El silencio da miedo, sólo crujen las olas. Es demasiado tarde para que las gaviotas nos vigilen. Demasiado pronto para que el sol nos regale calidez. Y por ello me apretas más fuerte, entre tus brazos. Casi no puedo respirar. La luna no existe, sólo un cielo tan negro que en sus profundidades se confunde con la mar. Noir. ¿Recuerdas?

Respiro. Siento. Y el miedo a perderte es tan grande como el miedo a tenerte. Si pudiera parar el tiempo lo haría en este preciso instante; la adrenalina inunda mis venas y la dopamina embriaga mi mente. Y me siento tan viva, en este silencio, en esta oscuridad que me protege de ti. O quizás me proteja de mí.
Quisiera volar, volar muy bajito, como un susurro, sobre la superficie marítima, esquivando la luz lunar. Lunar en tu cuello. Lo beso, lo toco. Quiero que sea mío. ¿Me lo regalas? Me lees la mirada y sonríes. Eso es un sí. Tus ojos se cierran exhaustos de placer y tu respiración se calma. Es rítmica, hipnotizadora. Mi mejilla baila en la montaña rusa de tu pecho, que ahora sube, ahora baja, sube, y vuelve a bajar. Muy lentamente, más que los latidos de tu corazón, esos que retumban en mis oídos.

No sé decir te quiero. Pero estoy aquí y no he huido. Me oculto en la penumbra pero seguiré cuando salga el sol a reírse de mí. ¿Sabes sumar? Pues esto son dos más dos. Uno más uno. Dos. Tú y yo. Yo y tú. Y el sol se reirá, ya siento las carcajadas de las olas en la brisa que tararea perversiones a mi pelo…

La chica noir, la chica lunar. Lunar en tu cuello. ¿Sabes sumar? Pues no sé decir te quiero. Pero es que esta noche mi garganta sólo chilla que quiere mil noches en el mar…     
                

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