martes, 27 de diciembre de 2011

lucha de gigantes


        
Es curioso. Dentro de mí hay un gran deseo de soledad, de distanciarme de esta despiadada sociedad. Un deseo desgarrador, que me obliga a querer mantener la mente fría, lejana y en blanco, para que nadie pueda penetrar en ella y así hallar la forma de destruir la fortaleza de cristal que ahora mismo rodea mi corazón. Es deseo, es querer… querer alejarse, escapar. Distanciarse y arrinconarse en un lugar perdido, una habitación solitaria, donde poder llorar y gritar sin que nadie me escuche. Un lugar, a solas, donde poder desahogarme y no tener que sentir vergüenza por ello. Un lugar donde el tiempo vuele, y las horas y los días se vayan tan rápidamente como hayan llegado. Un lugar, soledad y tiempo. Eso es todo lo que mi razón pide.
Sin embargo, a la misma vez que ese deseo que me corroe me aleja del mundo y de la superficie, hay otro elemento, una necesidad arrebatadora que me empuja a querer sentirme entre los brazos de alguien que me escuche y quiera ayudarme, que me abrace y me seque las lágrimas, sin silenciarlas, dejándolas fluir y haciéndome sentir mejor una vez todas ellas hayan sido derramadas. Es una necesidad extraña, la necesidad de apartar en deseo de la soledad y rodearme de gente, o rodearme más bien de una sola persona que valga más que una multitud para mí.
Es claramente una pelea, una guerra en que la razón y el corazón son grandes enemigos, eternos siguen su batalla; un duelo entre la soledad y la compañía, un forcejeo entre las lágrimas que se pasean por mis mejillas y entre esa sonrisa que debe florecer y lucha por reaparecer.
           

Viento del este, viento del oeste

He visto la belleza de los dones de la tierra. En la granería, en la calle central, han expuesto en una cestita de mimbre los granos más cálidamente coloreados.., maíz amarillo, judías encarnadas, guisantes secos de un hermoso color gris, sésamo de marfil, simientes de soja de un color pálido de miel, trigo rojizo, habichuelas verdes…, imposible no detenerse para contemplarlos. ¡Qué tarta podría hacer!”

No comprendí con exactitud lo que quería decir, pero ella es así: vive como encerrada en sí misma, y ve bellezas donde otros no pueden verlas. ¿Quién pensó jamás en una granería como ella lo hacía? Es cierto que hay cereales de múltiples colores, pero eso ocurre porque la Naturaleza así lo quiere; no hay, pues, razón de asombrarse, puesto que siempre fue así. Para nosotros, una tienda de cereales es un lugar donde compramos ciera mercancía destinada a ser consumido.
Por el contrario, ella ve las cosas con otros ojos, pero se abstiene de todo comentario. Prefiere preguntar y hacer acopio de nuestras contestaciones.


Pearl S. Buck

lunes, 26 de diciembre de 2011

Alejarse


¿Para qué, amigos, si no están a tu lado, codo con codo, en tu hombro, cuando de verdad los necesitas? Y no es por la discusión, no es por las estúpidas peleas, no es por él, porque ni siquiera hay un él por el que amargarse la existencia. Es porque no sé qué coño me pasa. No lo he sabido nunca, pero otras veces lo he sobrellevado mucho mejor. Ahora siento como si rociearan con vinagre los arañazos en mi braxo que en su momento me han ayudado a no llorar. Porque sí, soy débil. Y ese es mi mayor temor. Tengo miedo de mi vulnerabilidad. Y ese miedo duele.
Soy un caos como persona y en mi mente. Tantas veces he pensado lo fácil que podría ser acabar con todo lo que me deja sabor amargo en los pulmones. Pero como pretendo ser fuerte en seguida rechazo esa idea desorbitada y egoísta. Aunque así soy yo, rara, un lío, complicada, indefinible, inexplicable, incalculable, impredecible, egoísta, solitaria. Y eso es algo que nadie entiende. Dicen que creen conocerme e incluso ver algo especial en mí, pero cuántas veces habré intentado demostrar que lo único especial en mí es mi capacidad para cagarla. Y sí, todo suena a excusas y a discurso de treceañera enfadada con el mundo. Pero quizás nunca he dejado de ser esa niña confundida que de repente salió de yupilandia para encontrarse tan jodida sin haberse siquiera percatado. Inocencia ha sido mi maldición. Creer y creer en creer hasta que llegó a doler. Creer tanto que ya nunca más seré capaz de creer. En nada, en nadie, en mí.
   

Dicen que es de queso...

        

when rain dances


[...] Cuando se apoyaba en mí y me rodeaba con su braxo. Intetaba evitarlo, pero no podía decriele lo loca que me volvía ese gesto. Como si, entre las luces parpadeantes, el ruido, la oscuridad, los gritos, esas voces potentes, el escándalo, como si, en medio de aquel universo, encontrase el silencio cuando me rodeaba con su brazo. Es cursi, lo sé. Pero es indefinible. Tenerlo tan cerca y pensar, ¿y si lo besara? Y esa sonrisa tonta que dura los segundos más dulces del día.
Y de repente, el resto. El pánico a la relación, el miedo al rechazo, la ansiedad ante la posibilidad de perderlo. Porque, ¿para qué iba él a querer a alguien como yo? No soy su tipo y lo sé. No tengo el vientre plano ni soy elegante al caminar. No soy como ninguna de las chicas con las que ha salido. No soy fina ni mucho menos sencilla, soy el caos perdido en la Confusión. Soy esa amiga suya medio chalada que a veces le ha hecho reír y a la que otras le ha tocado cuidar por el asqueroso y traicionero alcohol.
¿Por qué me resulta todo tan difícil? Ojalá aprendiera a ser más simple. Pero pienso, ¿por qué tengo que cambiar? Millones de personas, ¿nadie me entenderá? Puede... Pero no él. Por eso sigue a mi lado, porque no me ha comprendido ni ha visto la putrefacción que siento muchos días en mi interior. Porque no me conoce aunque me conoce, y no puede sentir miedo de mí. Por eso es bonito seguir así. ¿Y si lo besara? Sería mi perdición. Porque entonces debería aprender a conocerme y yo debería aprender a dejarme conocer.
Y nunca fue fácil. Nunca me gustó. Nunca supe. Y no, nunca aprenderé, porque nunca lo besaré...

¿Quién fui?


¿Por qué esperamos tanto de la gente? Personas a las que creemos conocer. Gente a las que hemos abierto un trocito de nuestro corazón que nadie toca jamás. Aunque eso es lo que siempre nos ha hecho más fuertes. La inseguridad, el rechazo, la confusión. El no saber, el confiar. El aprender a rechazar y desconfiar. Parecemos no aprender, tropezamos con la misma piedra una y otra vez, sólo cambia la forma o color del pedrusco, que siempre está ahí, incrustado en el suelo, para hacerte caer un poquito cada vez que bajas la guardia.
La gente, la gente... La gente pregunta sobre mi frialdad. La gente cuestiona mi sensibilidad. La gente, la gente...
¿Acaso la gente conoce a la gente?
     

sábado, 24 de diciembre de 2011

viernes, 23 de diciembre de 2011

nada de nada...


Se ve que le rompieron el corazón, y ahora nada de nada, ni amor ni tonterías.
                                        

domingo, 18 de diciembre de 2011

Noche.

  
Silencio. Y el crugir de las olas a mis pies. El mar baila al ritmo de una minúscula luna creciente. Otear el horizonte es imposible en una oscuridad tan absoluta en la que mar y cielo se confunden con el más puro negro.
El aire es limpio pero la sal corta mis labios. Mis pies se esconden en la fría arena que no tiene secretos en mi cuerpo.
Shh... Parece que insinúe el Mediterráneo que me arropa con cierta inocente sensualidad. Pero yo estoy inmóvil. La soledad me envuelve. Me persigue tras los brazos que me rodean y me ofrecen su cobijo, ante tal acecho.
Mi mirada está perdida en el océano, pero pertenede a los ojos verdes en la oscuridad que me piensan.
- ¿En qué piensas?- suena la voz dulcemente grave que se acomoda en mi oído derecho.
Me tomo mi tiempo para vencer ese silencio que parecía tan único.
- ¿No crees que todo está muy... muy Noir?
- ¿Noir?- pregunta él, sin entenderme.
- Negro. Tan negro es el mar a lo lejos y tan negro es el cielo distante que se pierden ambos en la espesura de esa oscuridad tan homogéneamente...
Él sonríe y me besa. Aún sentía el ácido sabor a lima en su paladar.
La noche empieza así, a tener sabor a mojito y a arena en mi pelo, a compartir calidez y volver a susurrar su nombre en suspiros al llegar a su habitación...
Abrimos una botella de whisky y charlamos entre besos fugaces. Él ya no es sólo mi amante, de repente se empieza a parecer a un amigo. La dulcura de sus ásperas manos vence mis palabras y caemos rendidos, víctimas de nuestro propio abrazo, sobre esa cama que tan bien nos conoce. Siento que estoy sobre una nube a medida que sus labios descienden con paciencia por mi garganta. Nos encanta dar vueltas en la cama con los efectos del alcohol aún tan latentes en nuestras cabezas...
Y en un momento así dejo de darme cuenta de nada y de pensar en el resto del mundo. Por fin estoy en un lugar estando en él y soy quien soy. Él ama mi cuerpo y por ello yo msoy capaz de quererme a mí misma...
                                 

sunrise

             
La brisa matutina mecía su pelo castaño. El sol hacía brillar sus ojos de manera especial. Tenía la mirada perdida en algún lugar de aquel inmenso mar que lo hacía parecer insgnificante, acurrucado en la hamaca de aquel ostentoso balcón. Incluso yo era capaz de sentir en cada poro de mi piel la melancolía del ambiente, la tristeza con la que sus manos se deslizaban por los cojines, en busca del cariño de alguien que no estaba a su lado. Tenía un aspecto tan desolador, parecía tan solo, tan perdido... Sin que supiera que lo obersvaba desde el umbral de la ventana, sentí unas ganas inmensas de ir y abrazarlo súbitamente, protegerlo con mis finos brazos de aquello que lo atormentaba y lo hacía parecer tan indefenso ante el mundo. Sumergida en mi imaginación, descubcrí que él ya había percibido mi presencia cuando empezó a hablarme.
          

v

  
[...] ¿Dónde están los hombres que cantan "I could die for you"? ¿En qué lugar se han perdido los Nerudas del siglo XXI? ¿Dónde están los hombres que lloran y no lo niegan? ¿Los que, aunque no sepan cómo hacerlo, intentan sincerarse, escribirte una carta de amor?

¿Dónde están los hombres que aman?

Aunque, en mi caso, debería preguntarme, ¿dónde, en qué rincón de mi corazón está ese lugar para amar? Para no huir, ni temer, para ser capaz de enamorarme tan tan tan fuertemente que me cueste respirar? ¿Dónde se pulsa el botón que destruya las murallas que han rodeado mi corazón?

Pido demasiado, lo sé. Pero es lo que nos venden en películas, libros, series... La perfecta relación entre el romanticismo más victoriano y el sexo más rudo y salvaje dentro de una relación de pareja que, para colmo, resultan ser mejores amigos. 


Supongo que no puedo buscar ahoa el amor de mi vida, es más, no crea que pueda ni deba. Como escuché en algún lugar, debería ir en busca y captura del rollo de mi vida. Dejar de creer en las historias de amor que me contaban de niña. Ydejar tanto lo superficial como lo demasiado profundo, todo a un lado, apartado, desterrado. Por una vez, hacer que valgan las medias tintas, el mundo tiene un precioso abanico de grises matices. Sin prisas, sin agobios, sin esperanzas. Viviendo.

 

merci


sábado, 17 de diciembre de 2011

tengo ganas de ti

-Ah, eso, así me gusta. Le pinté el cuerpo; la desnudé totalmente y después empecé a pintarla. Pinceles de témpera caliente sobre su cuerpo, arriba y abajo, sumergiéndolos de vez en cuando en el agua caliente. Hasta sus mejillas adquirían color sin que yo interviniera. Le pinté encima de las braguitas que acababa de quitarle (…). Parecía enloquecer ante las pinceladas calientes de placer.
-¿Y luego?
- Presa de un orgasmo cromático, ella quiso darle color a mi pincel.
- ¿Que traducido quiere decir…?
- Que me hizo una mamada.


Tengo ganas de ti, Federico Moccia
              

en el límite de lo infinito


domingo, 11 de diciembre de 2011

B

  
Es mi corazón el invadido por la monotonía, esta rutina. Es una extraña sensación que inunda de tristeza mis ojos y me deja sin aire. Como si esperara algo que no fuera a llegar. Como lo soledad que se disfruta.
Como cuando te pierdes en una discoteca y la música resuena en tus tímpanos y llena tus oídos, y te sientes tan vacía y tan llena entre el bullicio. Como un momento público y típico pero tan íntimo y efímero a su vez. Tu cuerpo se mueve y el pelo se deja llevar. El carmín de tus labios y el köhl de tus ojos ya no te hacen bonita. Porque no eres bonita por fuera entre la gente. Eres bonita y punto, con gente o sin ella.
Sigue la música. Su monotonía te librará de la tuya. Huye. Baila. Vive. Bonita.
   

sábado, 3 de diciembre de 2011

Extraño lugar

                                      
Te echo de menos. Y me da miedo. Me oculto, me escondo en esta habitación que me ahoga menos que la vida real. Mis labios siguen como vírgenes desde la última vez. Y no puedo dejar de imaginar las yemas de tus dedos sobre ellos...

Qué extraño lugar, este mundo. Nada que nadie no haya descubierto ya. Un planeta lleno de gente que viene a sufrir, amar, sonreír y pasar miedo. Temor como el que yo siento ahora porque me faltes tanto que tu ausencia se marque fuerte en mi pecho. ¿Por qué no paro de dibujarte en mis sábanas vacías? Soñándote cada vez que miro la pared. Queriéndote sin quererte. Olvidándote cada vez que vuelvo a recordarte. ¿Por qué siento este impulso, estas ganas tan grandes de gritar un "te quiero"?  No te voy a engañar. Hace más de dos años que no pronuncio esa frase. Y sin embargo, ahí sigue, sin poder huir, atascada en mi garganta.

Te echo de menos cada vez que creo que te tengo mientras duermo y Morfeo me hace pasar las más mágicas noches que pueda imaginar. Pero maldito Sol, que sale y me desgarra el alma porque ilumina tu espacio hueco, helado vacío que me chilla que aquí no estás. Porque no estarás. Porque nunca estuviste...
        

                             

viernes, 2 de diciembre de 2011

-

Yo sólo pedía a gritos con mi mirada un abrazo. Pero no uno de esos superficiales o de esos que se despiden diciendo "hasta luego", sino uno de esos en los que te ves atrapada y de repente es como si encajaras en el universo, enjaulada en unos brazos más grandes o más menudos, fuertes, débiles, cortos o largos, pero que te tienen entre ellos el tiempo suficiente como para quitarte las ganas de explotar... Uno de esos abrazos en los que no se calcula el tiempo, que duran siglos y segundos al mismo tiempo, y, al separarte, es como despertar y saber decir gracias con la mirada a unos ojos que, si eran antes extraños, ya nunca más lo serán...