martes, 27 de diciembre de 2011

lucha de gigantes


        
Es curioso. Dentro de mí hay un gran deseo de soledad, de distanciarme de esta despiadada sociedad. Un deseo desgarrador, que me obliga a querer mantener la mente fría, lejana y en blanco, para que nadie pueda penetrar en ella y así hallar la forma de destruir la fortaleza de cristal que ahora mismo rodea mi corazón. Es deseo, es querer… querer alejarse, escapar. Distanciarse y arrinconarse en un lugar perdido, una habitación solitaria, donde poder llorar y gritar sin que nadie me escuche. Un lugar, a solas, donde poder desahogarme y no tener que sentir vergüenza por ello. Un lugar donde el tiempo vuele, y las horas y los días se vayan tan rápidamente como hayan llegado. Un lugar, soledad y tiempo. Eso es todo lo que mi razón pide.
Sin embargo, a la misma vez que ese deseo que me corroe me aleja del mundo y de la superficie, hay otro elemento, una necesidad arrebatadora que me empuja a querer sentirme entre los brazos de alguien que me escuche y quiera ayudarme, que me abrace y me seque las lágrimas, sin silenciarlas, dejándolas fluir y haciéndome sentir mejor una vez todas ellas hayan sido derramadas. Es una necesidad extraña, la necesidad de apartar en deseo de la soledad y rodearme de gente, o rodearme más bien de una sola persona que valga más que una multitud para mí.
Es claramente una pelea, una guerra en que la razón y el corazón son grandes enemigos, eternos siguen su batalla; un duelo entre la soledad y la compañía, un forcejeo entre las lágrimas que se pasean por mis mejillas y entre esa sonrisa que debe florecer y lucha por reaparecer.
           

Viento del este, viento del oeste

He visto la belleza de los dones de la tierra. En la granería, en la calle central, han expuesto en una cestita de mimbre los granos más cálidamente coloreados.., maíz amarillo, judías encarnadas, guisantes secos de un hermoso color gris, sésamo de marfil, simientes de soja de un color pálido de miel, trigo rojizo, habichuelas verdes…, imposible no detenerse para contemplarlos. ¡Qué tarta podría hacer!”

No comprendí con exactitud lo que quería decir, pero ella es así: vive como encerrada en sí misma, y ve bellezas donde otros no pueden verlas. ¿Quién pensó jamás en una granería como ella lo hacía? Es cierto que hay cereales de múltiples colores, pero eso ocurre porque la Naturaleza así lo quiere; no hay, pues, razón de asombrarse, puesto que siempre fue así. Para nosotros, una tienda de cereales es un lugar donde compramos ciera mercancía destinada a ser consumido.
Por el contrario, ella ve las cosas con otros ojos, pero se abstiene de todo comentario. Prefiere preguntar y hacer acopio de nuestras contestaciones.


Pearl S. Buck

lunes, 26 de diciembre de 2011

Alejarse


¿Para qué, amigos, si no están a tu lado, codo con codo, en tu hombro, cuando de verdad los necesitas? Y no es por la discusión, no es por las estúpidas peleas, no es por él, porque ni siquiera hay un él por el que amargarse la existencia. Es porque no sé qué coño me pasa. No lo he sabido nunca, pero otras veces lo he sobrellevado mucho mejor. Ahora siento como si rociearan con vinagre los arañazos en mi braxo que en su momento me han ayudado a no llorar. Porque sí, soy débil. Y ese es mi mayor temor. Tengo miedo de mi vulnerabilidad. Y ese miedo duele.
Soy un caos como persona y en mi mente. Tantas veces he pensado lo fácil que podría ser acabar con todo lo que me deja sabor amargo en los pulmones. Pero como pretendo ser fuerte en seguida rechazo esa idea desorbitada y egoísta. Aunque así soy yo, rara, un lío, complicada, indefinible, inexplicable, incalculable, impredecible, egoísta, solitaria. Y eso es algo que nadie entiende. Dicen que creen conocerme e incluso ver algo especial en mí, pero cuántas veces habré intentado demostrar que lo único especial en mí es mi capacidad para cagarla. Y sí, todo suena a excusas y a discurso de treceañera enfadada con el mundo. Pero quizás nunca he dejado de ser esa niña confundida que de repente salió de yupilandia para encontrarse tan jodida sin haberse siquiera percatado. Inocencia ha sido mi maldición. Creer y creer en creer hasta que llegó a doler. Creer tanto que ya nunca más seré capaz de creer. En nada, en nadie, en mí.
   

Dicen que es de queso...

        

when rain dances


[...] Cuando se apoyaba en mí y me rodeaba con su braxo. Intetaba evitarlo, pero no podía decriele lo loca que me volvía ese gesto. Como si, entre las luces parpadeantes, el ruido, la oscuridad, los gritos, esas voces potentes, el escándalo, como si, en medio de aquel universo, encontrase el silencio cuando me rodeaba con su brazo. Es cursi, lo sé. Pero es indefinible. Tenerlo tan cerca y pensar, ¿y si lo besara? Y esa sonrisa tonta que dura los segundos más dulces del día.
Y de repente, el resto. El pánico a la relación, el miedo al rechazo, la ansiedad ante la posibilidad de perderlo. Porque, ¿para qué iba él a querer a alguien como yo? No soy su tipo y lo sé. No tengo el vientre plano ni soy elegante al caminar. No soy como ninguna de las chicas con las que ha salido. No soy fina ni mucho menos sencilla, soy el caos perdido en la Confusión. Soy esa amiga suya medio chalada que a veces le ha hecho reír y a la que otras le ha tocado cuidar por el asqueroso y traicionero alcohol.
¿Por qué me resulta todo tan difícil? Ojalá aprendiera a ser más simple. Pero pienso, ¿por qué tengo que cambiar? Millones de personas, ¿nadie me entenderá? Puede... Pero no él. Por eso sigue a mi lado, porque no me ha comprendido ni ha visto la putrefacción que siento muchos días en mi interior. Porque no me conoce aunque me conoce, y no puede sentir miedo de mí. Por eso es bonito seguir así. ¿Y si lo besara? Sería mi perdición. Porque entonces debería aprender a conocerme y yo debería aprender a dejarme conocer.
Y nunca fue fácil. Nunca me gustó. Nunca supe. Y no, nunca aprenderé, porque nunca lo besaré...

¿Quién fui?


¿Por qué esperamos tanto de la gente? Personas a las que creemos conocer. Gente a las que hemos abierto un trocito de nuestro corazón que nadie toca jamás. Aunque eso es lo que siempre nos ha hecho más fuertes. La inseguridad, el rechazo, la confusión. El no saber, el confiar. El aprender a rechazar y desconfiar. Parecemos no aprender, tropezamos con la misma piedra una y otra vez, sólo cambia la forma o color del pedrusco, que siempre está ahí, incrustado en el suelo, para hacerte caer un poquito cada vez que bajas la guardia.
La gente, la gente... La gente pregunta sobre mi frialdad. La gente cuestiona mi sensibilidad. La gente, la gente...
¿Acaso la gente conoce a la gente?
     

sábado, 24 de diciembre de 2011

viernes, 23 de diciembre de 2011

nada de nada...


Se ve que le rompieron el corazón, y ahora nada de nada, ni amor ni tonterías.
                                        

domingo, 18 de diciembre de 2011

Noche.

  
Silencio. Y el crugir de las olas a mis pies. El mar baila al ritmo de una minúscula luna creciente. Otear el horizonte es imposible en una oscuridad tan absoluta en la que mar y cielo se confunden con el más puro negro.
El aire es limpio pero la sal corta mis labios. Mis pies se esconden en la fría arena que no tiene secretos en mi cuerpo.
Shh... Parece que insinúe el Mediterráneo que me arropa con cierta inocente sensualidad. Pero yo estoy inmóvil. La soledad me envuelve. Me persigue tras los brazos que me rodean y me ofrecen su cobijo, ante tal acecho.
Mi mirada está perdida en el océano, pero pertenede a los ojos verdes en la oscuridad que me piensan.
- ¿En qué piensas?- suena la voz dulcemente grave que se acomoda en mi oído derecho.
Me tomo mi tiempo para vencer ese silencio que parecía tan único.
- ¿No crees que todo está muy... muy Noir?
- ¿Noir?- pregunta él, sin entenderme.
- Negro. Tan negro es el mar a lo lejos y tan negro es el cielo distante que se pierden ambos en la espesura de esa oscuridad tan homogéneamente...
Él sonríe y me besa. Aún sentía el ácido sabor a lima en su paladar.
La noche empieza así, a tener sabor a mojito y a arena en mi pelo, a compartir calidez y volver a susurrar su nombre en suspiros al llegar a su habitación...
Abrimos una botella de whisky y charlamos entre besos fugaces. Él ya no es sólo mi amante, de repente se empieza a parecer a un amigo. La dulcura de sus ásperas manos vence mis palabras y caemos rendidos, víctimas de nuestro propio abrazo, sobre esa cama que tan bien nos conoce. Siento que estoy sobre una nube a medida que sus labios descienden con paciencia por mi garganta. Nos encanta dar vueltas en la cama con los efectos del alcohol aún tan latentes en nuestras cabezas...
Y en un momento así dejo de darme cuenta de nada y de pensar en el resto del mundo. Por fin estoy en un lugar estando en él y soy quien soy. Él ama mi cuerpo y por ello yo msoy capaz de quererme a mí misma...
                                 

sunrise

             
La brisa matutina mecía su pelo castaño. El sol hacía brillar sus ojos de manera especial. Tenía la mirada perdida en algún lugar de aquel inmenso mar que lo hacía parecer insgnificante, acurrucado en la hamaca de aquel ostentoso balcón. Incluso yo era capaz de sentir en cada poro de mi piel la melancolía del ambiente, la tristeza con la que sus manos se deslizaban por los cojines, en busca del cariño de alguien que no estaba a su lado. Tenía un aspecto tan desolador, parecía tan solo, tan perdido... Sin que supiera que lo obersvaba desde el umbral de la ventana, sentí unas ganas inmensas de ir y abrazarlo súbitamente, protegerlo con mis finos brazos de aquello que lo atormentaba y lo hacía parecer tan indefenso ante el mundo. Sumergida en mi imaginación, descubcrí que él ya había percibido mi presencia cuando empezó a hablarme.
          

v

  
[...] ¿Dónde están los hombres que cantan "I could die for you"? ¿En qué lugar se han perdido los Nerudas del siglo XXI? ¿Dónde están los hombres que lloran y no lo niegan? ¿Los que, aunque no sepan cómo hacerlo, intentan sincerarse, escribirte una carta de amor?

¿Dónde están los hombres que aman?

Aunque, en mi caso, debería preguntarme, ¿dónde, en qué rincón de mi corazón está ese lugar para amar? Para no huir, ni temer, para ser capaz de enamorarme tan tan tan fuertemente que me cueste respirar? ¿Dónde se pulsa el botón que destruya las murallas que han rodeado mi corazón?

Pido demasiado, lo sé. Pero es lo que nos venden en películas, libros, series... La perfecta relación entre el romanticismo más victoriano y el sexo más rudo y salvaje dentro de una relación de pareja que, para colmo, resultan ser mejores amigos. 


Supongo que no puedo buscar ahoa el amor de mi vida, es más, no crea que pueda ni deba. Como escuché en algún lugar, debería ir en busca y captura del rollo de mi vida. Dejar de creer en las historias de amor que me contaban de niña. Ydejar tanto lo superficial como lo demasiado profundo, todo a un lado, apartado, desterrado. Por una vez, hacer que valgan las medias tintas, el mundo tiene un precioso abanico de grises matices. Sin prisas, sin agobios, sin esperanzas. Viviendo.

 

merci


sábado, 17 de diciembre de 2011

tengo ganas de ti

-Ah, eso, así me gusta. Le pinté el cuerpo; la desnudé totalmente y después empecé a pintarla. Pinceles de témpera caliente sobre su cuerpo, arriba y abajo, sumergiéndolos de vez en cuando en el agua caliente. Hasta sus mejillas adquirían color sin que yo interviniera. Le pinté encima de las braguitas que acababa de quitarle (…). Parecía enloquecer ante las pinceladas calientes de placer.
-¿Y luego?
- Presa de un orgasmo cromático, ella quiso darle color a mi pincel.
- ¿Que traducido quiere decir…?
- Que me hizo una mamada.


Tengo ganas de ti, Federico Moccia
              

en el límite de lo infinito


domingo, 11 de diciembre de 2011

B

  
Es mi corazón el invadido por la monotonía, esta rutina. Es una extraña sensación que inunda de tristeza mis ojos y me deja sin aire. Como si esperara algo que no fuera a llegar. Como lo soledad que se disfruta.
Como cuando te pierdes en una discoteca y la música resuena en tus tímpanos y llena tus oídos, y te sientes tan vacía y tan llena entre el bullicio. Como un momento público y típico pero tan íntimo y efímero a su vez. Tu cuerpo se mueve y el pelo se deja llevar. El carmín de tus labios y el köhl de tus ojos ya no te hacen bonita. Porque no eres bonita por fuera entre la gente. Eres bonita y punto, con gente o sin ella.
Sigue la música. Su monotonía te librará de la tuya. Huye. Baila. Vive. Bonita.
   

sábado, 3 de diciembre de 2011

Extraño lugar

                                      
Te echo de menos. Y me da miedo. Me oculto, me escondo en esta habitación que me ahoga menos que la vida real. Mis labios siguen como vírgenes desde la última vez. Y no puedo dejar de imaginar las yemas de tus dedos sobre ellos...

Qué extraño lugar, este mundo. Nada que nadie no haya descubierto ya. Un planeta lleno de gente que viene a sufrir, amar, sonreír y pasar miedo. Temor como el que yo siento ahora porque me faltes tanto que tu ausencia se marque fuerte en mi pecho. ¿Por qué no paro de dibujarte en mis sábanas vacías? Soñándote cada vez que miro la pared. Queriéndote sin quererte. Olvidándote cada vez que vuelvo a recordarte. ¿Por qué siento este impulso, estas ganas tan grandes de gritar un "te quiero"?  No te voy a engañar. Hace más de dos años que no pronuncio esa frase. Y sin embargo, ahí sigue, sin poder huir, atascada en mi garganta.

Te echo de menos cada vez que creo que te tengo mientras duermo y Morfeo me hace pasar las más mágicas noches que pueda imaginar. Pero maldito Sol, que sale y me desgarra el alma porque ilumina tu espacio hueco, helado vacío que me chilla que aquí no estás. Porque no estarás. Porque nunca estuviste...
        

                             

viernes, 2 de diciembre de 2011

-

Yo sólo pedía a gritos con mi mirada un abrazo. Pero no uno de esos superficiales o de esos que se despiden diciendo "hasta luego", sino uno de esos en los que te ves atrapada y de repente es como si encajaras en el universo, enjaulada en unos brazos más grandes o más menudos, fuertes, débiles, cortos o largos, pero que te tienen entre ellos el tiempo suficiente como para quitarte las ganas de explotar... Uno de esos abrazos en los que no se calcula el tiempo, que duran siglos y segundos al mismo tiempo, y, al separarte, es como despertar y saber decir gracias con la mirada a unos ojos que, si eran antes extraños, ya nunca más lo serán...
           

viernes, 18 de noviembre de 2011

.

¿Crees en
el amor?


hard to understand

    
¿Por qué no escribo? Los días pasan sin más, consumiéndome. Me destruyen sin darse cuenta.
Esta noche he soñado con zombis. Hacía frío. Y creo que he soñado con ellos porque ahora me parezco más a un zombi que a una persona. Camino sin pensar, presa de mi extraña rutina. Ando, como, asiento y lloro. No pienso para no decaer más. Lloro para confirmar mi vitalidad, como si haciendo algo tan absurdo y tan humano, pudiera sentirme más viva, más real. Como si, llorando, pudiera sentir. Sintiendo el picor del agua salada en mis pómulos por donde se corre el rímmel de mis pestañas, ignorando el cosquilleo de las lágrimas sobre mis tersas mejillas, tan lisas como la virgen nieve de la zona invisible de los Pirineos.

Llueve en mi ventana y sin darme cuenta estoy escribiendo, al fin. Transformando en palabras la poesía del aguanieve que apenas roza mi persiana, que cruje ante el viento que la golpea. Truenos de fondo. En el fondo de mi corazón. Alma caliente, pies fríos. Necesito ponerme calcetines, pero no quiero. Como siempre, como todo. Soy el origen y final inexistente de mis paradojas. 

El mundo está loco. Sí, vaya mundo más curioso, este en el que me ha tocado vivir. ¿Es acaso la fente que lo habita igual de curiosa? Eso no me gustaría. Si todos somos curiosos, acabamos siendo iguales, lo cual implica normalidad. Entonces todos somos curiosamente normales. Pero, ¿y si lo normal es no ser normal?

Sí, soy el origen y final inexistente de toda paradoja.

         

viernes, 11 de noviembre de 2011

21:08


Qué lejos el tiempo
Si no estás aquí.
Qué eterna la distancia
sin ti.

Qué oscura la Luna.
Me pregunto por qué está triste.
Qué fina es la lluvia.
¿Serán sus lágrimas?

Te busco en las olas,
te siento en el vacío
de mi sonrisa rota
que no te encuentra.



Me escondo en sueños
porque todo es perfecto allí
donde tus manos bailan
cada noche tangos con mi cuello.

Y sigo pensando,
Qué soledad la del mar.
Infinito cielo nocturno
de espuma y sal.

Qué lejos estás
porque no te tengo junto a mí.
Qué eterno es el tiempo
porque jamás regresarás aquí.

Luna de Coco

domingo, 30 de octubre de 2011

Divorciada de la normalidad.


¿Por qué tengo ganas de llorar? Todo parece ir bien. Hago fluir estas palabras sin saber muy bien por qué. ¿Por qué, de repente, siento este vació dentro de mí? Me acecha, es como un miedo que me apuñala en el estómago, eriza la piel de mi espalda y sube hasta mi garganta. Es como un grito ahogado en mi boca que suena y resuena, y chilla, pero sólo lo oyen mis sordos oídos. Siento ganas de escapar. ¿De qué? Es que ni siquiera lo sé. Estoy confusa en un momento de mi vida en el que todo parece ir bien. ¿Soledad? Ah, mi fiel compañera. Pero esta vez es diferente. Quizás ya me he acostumbrado a esa sensación que me desgarra el alma y ahora sólo oigo los ecos mudos de mi dolor. Me paso el día de aquí a allí, sin saber dónde voy sabiendo aún y así a dónde me dirijo. Supongo que ese es mi problema. Voy a la deriva, mis pies caminan, pero mi corazón quedó perdido en el sanatorio una de las veces que lo llevé para que encontrasen una cura. Puede que no la hubiese y que estuviese tan roto, tan confuso, tan loco, que lo tirasen a la basura. Ya no era un corazón bonito. ¿Y quién no quiere un corazón bonito?


      

sábado, 15 de octubre de 2011

Déjalo. Déjame. Ya sabes cómo soy.

¿Qué me pasa?
No sé quén soy, últimamente ando más loca que este indeciso tiempo. ¿Estoy loca? Porque el mundo me parece que lo está. Quizás yo sea la cuerda por creer que estoy loca en este mundo.
No ha pasado nada últimamente. De hecho, ha pasado de todo. Que te has ido, que no has venido, que no existes, que no estás, que me has llenado, que has desaparecido. Que has sido un alma en mil corazones que han llegado a mí a través de los ojos de cualquier desconocido.
Y ¿a quién echo de menos? Si no tengo nadie a quien aferrarme. Quizás sea eso.
Pienso sin escribir. Escribo sin pensar. Qué sé yo de la vida, del mundo, de la locura, del amor o de la soledad. Qué sé yo del hambre, maldita ignorante.
Estoy enfadada con todos. ¿Se nota? Quizás las lágrimas que navegan por mis mejillas lo disimulen. No, no es tristeza. Es algo más profundo, más inexplicable. Es dolor, es pánico, es miedo, es rabia, es impotencia, es no saber qué pasa en mí ni ahí fuera.
Tengo miedo de enamorarme de la confusión y volver a caer bajo las redes del engaño. No soy como ninguna otra persona, pero a la vez no soy más que una copia de toda esa gente a la que veo y oigo.
Qué sé yo del mundo y de la vida. Qué sabré yo del amor.

martes, 27 de septiembre de 2011

¿Cómo vas a ser mi amiga, si por ti daría la vida?


                            
      
Olvidarte, olvidar lo nuestro, es como olvidar quién soy. No preguntes el porqué, lo sabes demasiado bien. Té amé y aún te quiero. Añoro cada uno de los poros de tu piel, tan suaves al tacto. Tus suspiros al sentir mis labios sobre tu cuello. Tus uñas sobre mi espalda, tus manos dibujándome fantasías mientras me susurrabas que nunca te dejara. Y jamás lo hice. Tú no puedes decir lo mismo.
Fueron tan efímeros, tan fugaces, esos días a tu lado... El sentimiento más fuerte que jamás nadie haya podido sentir ha sido mi amor tan lleno de cariño y admiración a ti. Te he adorado tanto que he llegado a odiar tu imperfecta perfección.

No puedes pues, pedirme que lo dejemos y que, sin más, me olvide de ti, de tu pelo, tu sonrisa y de tus besos. Manso era el tacto de tus cobrizos cabellos, enredados entre mis dedos, que ondulantes se excitaban cuando el viento les hacía volar... Y sintiendo tu olor, te observaba tan de cerca que costaba respirar. Toda la belleza de un atardecer en el mar se reflejaba entonces en tu profunda mirada.
Qué labios más dulces, más agrios, más salados, más amargos, los tuyos. Tiernos al encuentro, agrios al enfado. Salados cuando bailábamos al mecer de las olas del mar. Amargos al adiós.


Bellas tus manos. Suaves y traviesas, tan inocentemente atrevidas eran las únicas capaces de diseñar imágenes surrealistas sobre mi tímida piel haciendo explotar en mí mil sensaciones electrizantes con sólo una caricia. Hechizantes tus piernas, las mismas que me atrapaban en las sofocantes noches de agosto en tu cama y que me hacían desear convertirme en su eterno prisionero. Tu blando pecho se convertía así en mi almohada y tus mejillas en mi escudo nocturno. Tus brazos se apoderaban de mí encarcelándome en tu libertad. Dime, ¿cómo se borra todo de la mente? ¿Cómo se dejan atrás todas las horas en las que nos fundimos con una simple mirada? ¿Cómo se quitan tus gemidos de mi cabeza? ¿Cómo se olvidan mis labios de tus yemas? ¿Cómo se deja de lado una parte así de mi vida?


No me pidas la Luna. Sólo tú eres capaz de hacer llegar a una persona hastá más allá de las profundidades del universo. Así que no me supliques que te olvide, no me pidas que te ayude a dejarme. No me obligues a olvidarte. No me instes que deje de sentir las nubes en mis pies, las manos sobre el mar; no me obligues a dejar de sentir lo que siento estando enamorado de ti...

Y ya casi acaba setiembre...

 
Llego a casa a las ocho más cansada de lo normal. Serán esas horas extra de trabajo, será el bochorno de estos días. "El veranillo del membrillo", he escuchado decir a alguien en el metro. Claro, como es época de membrillo... Y para mí, es ahora cuando empieza lo bueno. El otoño. Octubre. Las tardes de lluvia y las hojas marrones por todas partes, el inicio de un frío que te obliga a llevar encima algo más que un simple jersey. El fastidioso cambio de hora que te hace valorar más la luz del sol y su calor. Noviembre. La castañada y los panallets con membrillo de la abuela, mi cumpleaños; esa sensación de ya estar rozando las Navidades.

Me quito las sandalias (que todo lo que tienen de bonitas lo tienen de incómodas) y me siento en el sofá mientras oigo cómo mi hermano canturrea en la ducha. Decido entonces dedicarme unos minutos acompañada de John Mayer y una tazita de té... Y si cierro los ojos, tengo una sensación de bienestar que no cambio por nada del mundo. Descansar, por fin. Alejar la mente de los trabajos de la universidad, el francés, el alemán y todo el papeleo. Sentir el vapor del té bajo mi nariz mientras mis músculos se relajan... Y poder dejarme llevar por mi imaginación. Inventar historias imposibles con el chico del metro que me ayuden a evadirme un ratito. Soñar con historias más bonitas que la realidad. Pensar en unos ojos verdes, o grises, o... en poder pensar en unos ojos.

Y con los párpados cansados y la mente abierta, imaginar, crear, soñar, sonreír, volar...
 

Métisse, je vens d'ici et d'ailleurs...


        


        

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Zarité (La Isla bajo el mar)

 
 La primera vez que lo vi estaba tirado boca abajo en el hospital de esclavos, cubierto de moscas. Lo incorporé con dificultad para darle un chorro de tafia y una cucharadita de las gotas del ama, que me había robado de su frasco azul. Enseguida comencé la tarea ingrata de limpiarlo. Las heridas no estaban demasiado inflamadas, porque Cambray no pudo echarles sal y vinagre, pero el dolor debía de ser terrible. Gambo se mordía los labios, sin quejarse. Después me senté a su lado para cantarle, ya que no conocía palabras de consuelo en su lengua. Quería explicarle cómo se hace para no provocar a la mano que empuña el látigo, cómo se trabaja y se obedece, mientras se va alimentando la venganza, esa hoguera que arde por dentro. Mi madrina convenció a Cambray de que el muchacho tenía peste y más valía dejarlo solo, no fuera a dársela a los demás de la cuadrilla. El jefe de capataces la autorizó para instalarlo en su cabaña, porque no perdía las esperanzas de que Tante Rose se contagiara de alguna fiebre fatal, pero ella era inmune, tenía un trato con Légbé, el loa de los encantamientos. Entretanto yo empecé a soplarle al amo la idea de poner a Gambo en la cocina. No iba a durar nada en los cañaverales, porque el jefe de capataces lo tenía en la mira desde el principio.
Tante Rose nos dejaba solos en su cabaña durante las curaciones. Adivinó. Y al cuarto día sucedió. 

Gambo estaba tan abrumado por el dolor y por lo mucho que había perdido -su tierra, su familia, su libertad- quequise abrazarlo como habría hecho su madre. El cariño ayuda a sanar. Un movimiento condujo al siguiente y me fui deslizando debajo de él sin tocarle las espaldas, para que apoyara la cabeza en mi pecho. Le ardía el cuerpo, todavía estaba muy afiebrado, no creo que supiera lo que hacíamos. Yo no conocía el amor. Lo que hacía conmigo el amo era oscuro y vergonzoso, así se lo dije, pero no me creía. Con el amo mi alma, mi ti-bon-ange, se desprendía y se iba volando a otra parte y sólo mi corps-cadavre estaba en esa cama. Gambo. Su cuerpo liviano sobre el mío, sus manos en mi cintura, su aliento en mi boca, sus ojos mirándome desde el otro lado del mar, desde Guinea, eso era amor. Erzuli, loa del amor, sálvalo de todo mal, protégelo. Así clamaba yo.

-Isabel Allende

lunes, 19 de septiembre de 2011

She's not perfect


You may not be her first, her last, or her only. She loved before she may love again. But if she loves you now, what else matters? She’s not perfect – you aren’t either, and the two of you may never be perfect together but if she can make you laugh, cause you to think twice, and admit to being human and making mistakes, hold onto her and give her the most you can. She may not be thinking about you every second of the day, but she will give you a part of her that she knows you can break – her heart. So don’t hurt her, don’t change her, don’t analyze and don’t expect more than she can give. Smile when she makes you happy, let her know when she makes you mad, and miss her when she’s not there.”

- Bob Marley

domingo, 18 de septiembre de 2011

tell me baby

Y seré tuya, tuya, tuya... sólamente tuya.

River Flows in You, de Yiruma, en mi iPod. Si mi vida tuviera banda sonora, desearía que fuese a base de violín y, sobre todo, piano. Ojalá supiera tocarlo. Más aún que la guitarra. Es un instrumento tan dulce, tan sensible a cómo se toque... Refleja lo que se siente a través de tus dedos. Por lo que he escuchado y sé, vamos, creo que es así. Hablo desde la ignorancia, pues nunca he creído demasiado adecuado hablar subjetivamente sobre algo de lo que no has experimentado nada.

[...]

Después de haber despejado mi cama del montón de ropa que parecía esconderla, ya puedo sentarme sobre ella y arrinconarme contra la pared como siempre. Yiruma sigue conquistando mis oídos y seduciendo a mis lágrimas. Que ¿por qué lloro? Por lo de siempre. Por todo. Por nada. Porque a veces, simplemente, apetece llorar. Porque soy estúpida. Por este dulce piano. Porque las lágrimas mojan mi pelo castaño empañando mis oscurísimos ojos. Por este sentimiento de incerteza y vacío en mi interior. Porque necesito encontrarme desde hace tiempo, y sé que sólo lo haré yéndome lejos, lo más lejos que pueda. Y no hablo de distancia física, sino de alejarme de todo lo que me hace ser como soy aquí y ahora.
Lloro por la soledad. Por una soledad a la que acudo cuando sé que no hay nadie cerca de mí para hacerme sentir el amor apasionado que a veces necesito. Aunque siempre llego a la misma conclusión, debo repetirme que debería dejar de ver y leer tonterías románticas, utópicas historias de amor. Pero no puedo. Son mi evasión, mi efímera manera de tener lo que quiero, lo que necesito. Y a la mierda el mundo. Si la sociedad sucumbe al egoísta capitalismo, yo prefiero ser vítima de un agoísmo por amor que dar preferencia a la reputación, al "qué dirán", la política, las estúpidas guerras y su oro negro, el terrorismo. Todo lo que nos afecta de una manera tan indirecta que, al dinal de la vida, no suele llegar a ser más que un aspecto superficial de nuestras vivencias, memorias, de nuestro carácter y de la penitud de nuestra vida.


...

Y mañana empieza mi rutina...

lunes, 1 de agosto de 2011

goddes

    
I'm very definitely a woman
and I enjoy it.



Marilyn Monroe
       

la amo... ardientemente.

    
Tiene que saberlo. Tiene que saber que todo lo he hecho por usted. Es usted demasiado buena para jugar conmigo. Su conversación de anoche con mi tía me ha hecho recobrar la esperanza que ya creía tener totalmente perdida. Si sus sentimientos siguen siendo los mismos, dígamelo. Mi afecto y mis deseos no han cambiado, pero una sola palabra suya me silenciará para siempre. Sin embargo, si sus sentimientos han cambiado, debo decirle que ha embrujado usted mi cuerpo y mi alma y que la amo, la amo y la amo y que ya nada podrá separarme de usted.

  

domingo, 31 de julio de 2011

Falta de saber en dónde estás...

        

Tengo ganas de llorar, así que las lágrimas ya caen por mis mejillas. Sé que es por la regla, ya no me emparanoio más. Por ahora. Además tengo hambre. Joder con lo de ser mujer.




El Far del Sud, de Sopa de Cabra suena en mi iPod lila protegido por una funda roñosa que este julio cumple dos añitos a mi lado. ¿Alguien querrá tenerme de esa manera tan bucólica algún día, como canta Quintana? ¿Alguien querrá abrazarme y no dejarme ir? ¿Quererme tanto como para desear su muerte en mis labios? 

Ojalá.

                               Pero ojalá yo también sienta algún día algo así de fuerte. Algo tan profundo es extremadamente peligroso, porque como más intenso es el sentimiento más daño te hace, más fácil le es matarte. Pero si es tan poderoso significa que, por mucho que sientas morir, vale la pena sentirlo. ¿...No?


I just fell in love with her..."

                                                                                                            dicen +44 en Baby, Come On.


Quiero que me escriban algo así. Estoy harta de compadecerme, pero supongo que no sé hacer otra cosa. Necesito algo como esta canción. Algo que
                                                                                                            DEMUESTRE.

Demuestre que me conoce, demuestre que me piensa, me sueña, me odia porque me ama. Demuestre que hay gente capaz de mostrar su vulnerabilidad por el mismo amor que lo debilita.

Demuestre que me admire.

Y por todo eso, también quiero escribir algo así de mi puño y letra. Palabras que bailen solas cantando algo profundo y sincero, real. Quizás hasta pueda conseguir que suene sensual.



Miro las fotos pegadas a mi mesita de noche al lado de mi cama. La del pueblo andaluz de mi abuelo. La de Cadaqués, con mi primo. La de mis amigas, en el puerto de Barcelona.
Me gustan todas porque sale el mar de fondo. El mar que me hechizaba de pequeña, cuando sabía que la magia era posible. Una sabiduría que se ha apagado en mí, ya no creo en la magia. El mundo nos marchita poco a poco. Y es triste, no creer en algo tan inocente y bonito que te hace soñar. Supongo que he chocado demasiadas veces con la realidad.

 




Ahora suena "Frente al Mar", como si este aparatito musical adivinara mis pensamientos. Y con susurros marítimos, cierro los ojos y empiezo a mezclar sueños estando despierta y a la vez dormida...