miércoles, 5 de junio de 2013

Burbuja

Pues no. No te veré, no te buscaré. No me despediré de ti. Haré oídos sordos a tu voz, que sólo suena a hipocresía, no a tu nombre, no a tu recuerdo, no a las tardes de domingo. No.

No. Porque despedirse no significaría "hasta luego". No sería "adiós, hasta nunca" si quiera, por mucho que lo deseara. Sería un "idiota, te he echado de menos. Y ahora que me deshago de ti, que puedo sustituir tu recuerdo por el de la lluvia, no quiero grabar en mi mente el momento en que me despedí de ti".

Adiós no sería adiós. Me mirarías con la misma indiferencia que me has dedicado los últimos meses, fingirías una sonrisa triste y dirías que ahora que volvíamos a hablar, me voy. Como si hubiera algo por lo que sentirme culpable. Un adiós no sería adiós. Sería un "no te echaré de menos porque he agotado las existencias de ese sentimiento en mi cuerpo hacia ti".

No voy a escucharte. No voy a sentirme mal. Y si lo hago, sé que aún y así estaré haciendo lo correcto. Jamás fui tan curel contigo. Y si fui egoísta fue por tu cobardía.

Idiota.

No me voy a despedir de ti.

No. 
 

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