domingo, 1 de enero de 2012

Esconder(se)


¿Y si me escondo? ¿Si cierro los ojos? ¿Me verá el mundo? ¿Sonreiré sin sonrisa al fin?
Quisiera parar de pensar. Sólo los que no piensan son felices. Pensar, pensar, pensar. Nos enseñan a pensar para tener hambre y desarrollar cosas como la tecnología a base de hacernos preguntas que parecen no tener respuesta, a base de complicar el enunciado, la situación. Pero nadie sabe aún cómo pensar a no pensar para complicarse.

Lo daría todo por parar de pensar. La gente pensaría que sería una infeliz si fuese capaz de dar todos los besos que me han hecho sonreír para parar de pensar. Pero es que así dejaría de pensar en cuánto duelen hoy esos besos. No las personas. No las relaciones. No los labios. No los cuerpos. Sólo los besos interrumpidos por una inevitable sonrisa.
Parece que últimamente sólo digo sandeces. Ni siquiera soy capaz de recrearme una historia en la que evadirme y cobijarme y sobre la que escribir, como tantas otras veces he hecho; estoy que no estoy. Seca, ausente, vacía, dejándome llevar. Y eso debería ser lo último tendría que hacer, dejarme llevar. Ya que pienso, lloro, recuerdo, sonrío, pregunto, complico, ¿no debería ser capaz de tomar las riendas de mi propia mente y evitar así dejarme influenciar por cosas superficiales, ajenas, extranjeras, lejanas incluso? No sé la respuesta a este ruido, a estas preguntas taladrantes que no cesan de zumbar en los oídos de mi mente. 

¿Y si me escondo? Podría ser más fácil. Y más ridículo. Pero más sencillo. Esconderme de este zumbido y de los recuerdos que en él resuenan… ¿Sería capaz de verme entonces el mundo si me escondiera?
 
 
 
 
 
 
 
 

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