
Un portazo en el piso de al lado, mil pensamientos interrumpidos. Gritos lejanos de un padre atormentado, una hija estresada, despesperada y embarazada. Un pared blanca, que da al piso de donde provenía el portazo; una mesita de noche llena de polvo. Un gran armario, más pared, más fotos... más lágrimas. Y un espejo. Su reflejo. Una chica con ojos rotos y sonrisa extinta, unos pómulos que le escuecen a causa de su máscara de pestañas corrida.
Un rostro pálido, manchado de negro, empapado. Unos labios redondos, carnosos y vírgenes, privados aún de su primer beso. Un cuerpo sin alma, un alma sin amo, un alma solitaria, una soledad triste; una tristeza reflejada en un cuerpo sin alma, alma sin ama, alma femenina, alma solitaria y desvanecida.
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