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lunes, 14 de octubre de 2013

Silencio

Viernes por la mañana, tu olor en mi almohada.

Yo, que nunca creí en mí. Yo, que nunca creí en que algo así fuera a suceder. Y, sin embargo, aquí estoy, enredada entre tus brazos, sumergida en tu cuello, cobijándome en tu cuerpo. Tus dedos me hacen cosquillas. Sonríes al sentir mi piel erizarse bajo estas sábanas.

Tu respiración es lenta, tus manos melodiosas. Mi espalda es un instrumento que sólo ellas saben tocar. Te espío. Tu expresión es tan pura, tan sincera, que apenas puedo creerla. Con los ojos cerrados tus pestañas parecen más gruesas, tu barba más espesa. Quién me iba a decir que en este mundo aún quedaban unos cuantos locos. Tu corazón late bajo mi piel. ¿Qué has visto en mí?
En nuestra ventana llueve, el planeta crece: pasa el camión de la basura, una mujer con tacones y alguien llevando una maleta. Pero qué lejos suena ese mundo que tenemos bajo nuestros pies, a apenas dos metros de distancia. Esta habitación se ha convertido en un templo y el silencio en nuestro dios. ¿Cómo puedes verme tan directamente el alma con los ojos cerrados?


No te vayas. Quédate. Enredémonos un rato más. El tiempo no pasará para los dos. Anochece en el mismo lugar en el que acabamos de amanecer. Pero no me dejes ahora.

Y, sin embargo, soy incapaz de decirte nada. 

domingo, 7 de abril de 2013

Poema sense anissos

Después del éxito de la pasada "Sinergia Lunar" con mi amiga Mónica y su blog "Sense anissos", donde va colgando algunos de sus dibujitos, publico la segunda ilustración que ha hecho de uno de mis poemas, esta vez "Otherside". El poema lo publiqué hace ya tiempo, y lleva como título una de mis canciones preferidas de los Red Hot Chili Peppers, porque, aunque la letra de la canción no hable de lo mismo exactamente, para mí esa canción es la perfecta descripción musical de mi poema.

El resultado, esta vez, me ha sorprendido más aún, porque con el trazo dulce de Mónica y sus colores alegres creo que ha sabido reflejar bastante bien las sensaciones que (o al menos que yo quisiera) el poema transmite. Para mi gusto es un choque que se complementa a la perfección. ¡Esperamos que os guste el restultado tanto como a nosotras!

Otherside

Mis brazos mueren. 
Y mi cerebro baila. 
Delirios de medianoche. 
He despertado en un mar. 
Océano de lágrimas y sudor.
Sudor mío.
Sudor frío, sudor vacío.
 

Echo de menos la sal de tus brazos.
     

domingo, 13 de enero de 2013

Where is my mind?

 Miro nerviosa el reloj del móvil bajo el paraguas. Ahí está, sentado, en la misma mesa de siempre, la misma cafetería de siempre, con la misma mirada perdida de siempre. Entraré y nos daremos dos besos, ¿cómo te va la vida?, con una sonrisa que parecerá sincera con la luz cálida del lugar. Hace seis meses que no lo veo. Seis meses desde nuestro último encuentro. Encuentro de tantos otros encuentros fugaces que siempre acaban con cierto sabor a decepción y a recomfort. El corazón vuelve a latir en mi pecho con normalidad al pensar que esta vez no será distinta, que volveré a casa bajo un paraguas vacío mientras él corra a cojer rápidamente su moto para no llegar tarde a cenar. 


Y no podía estar más lejos de la realidad. Al entrar, mi garganta decide llevarse el diálogo ya aprendido a base de tanto repetirlo a mi estómago. Me quedo de pie, mirándolo con curiosidad, intentando adivinar qué hay bajo esa expresión de falsa melancolía en su rostro, que ahora sólo se fija en mí. Sacudo la cabeza con suavidad, y al fin logro pronunciar algunas palabras a tropezones. Me quito el abrigo, pido un capuccino en esta tarde de frío. Me siento sin descolgarme el pequeño bolso cruzado en mi tronco. Su mirada inquisitiva sigue pidiéndome algo que no sé descifrar, y el miedo me oprime el estómago. El silencio se apodera de esta mesa, creando una burbuja entre nosotros lejos de las conversaciones ajenas y voces chillonas del local.

Necesito aire, necesito escapar de sus ojos, su mirada, sus sentimientos. No sé qué hago aquí. Salgo corriendo hasta el fondo de la cafetería y pulso el botón que encenderá una luz automática durante unos minutos. Entro en el baño confundida, me miro al espejo. Apoyo las manos, una a cada lado de la pica, mientras suspiro. ¿Qué narices hago aquí?, me repito una y otra vez. ¿Por qué nos hacemos esto?

Cierro los ojos para que mis párpados retengan lágrimas llenas de furia. ¿Es posible sentir tantas cosas a la vez? Escucho la puerta corredera abriéndose tras de mí y veo por el espejo su alta silueta. Nos quedamos así, mirándonos en silencio, a través de un espejo que parece una muralla. Cierra la puerta a sus espaldas sin mirarla siquiera. 

 - ¿Qué...?

Y de mis labios no puede salir ninguna palabra más. Su mirada los ha sellado, ahogando mi voz. Y así permanecemos, un segundo, dos minutos, tres horas, siete vidas, mirándonos, con los ojos empañados de confusión y los iris teñidos de sentimientos escondidos. En un parpadeo percibo que se acerca, su pecho casi roza mi espalda y noto su inconfundible aliento en mi nuca casi desnuda. Siento un escalofrío que no llega a manifestarse en mi piel. Su cara es el pleno reflejo de la tristeza, pero el gesto en sus labios me indica que va a hacer algo que no quiere hacer. Algo que no debe hacer. Algo que sí quiere hacer. Estoy paralizada. Sus manos se posan sobre las mías y miro al suelo, como si desviando la mirada pudiera evitar algo. Y, sin darme cuenta, estoy de cara a él, con los ojos muy abiertos y las pestañas empapadas, después de que me haya dado la vuelta bruscamente con sus manos, y aprieta sus labios ferozmente contra los míos. Quiero escapar. ¿Pero dónde están mis fuerzas? Sus manos parecen de hierro sobre mis brazos de mantequilla y mis lágrimas empiezan a bañar nuestras mejillas. He estado tanto tiempo esperándote...

Me dejo llevar. Le respondo a ese beso con furia, con dulzura, con amargura. Le respondo con todas las palabras antes silenciadas, con todas las miradas de reojo y todo el orgullo de estos años. La luz automática del lavabo se apaga y casi ni me inmuto. Siento una explosión de algo indescreptible dentro de mí. Es como escuchar música psicodélica, como probar algo por primera vez, como bajar con fuerza en una atracción. Y es mucho mejor que las cosquillas en mi brazo después de una de sus caricias no intencionadas, mucho más fuerte que el dolor que me oprimía el pecho después de decirle adiós y volver a la cama vacía de mi casa.

Pero, al salir de esta cárcel de sentimientos inmortalizada en el lavabo de una gran cafetería, todo volverá a tener el mismo sabor a vacío de siempre. Saldré corriendo, y él no me seguirá. Se quedará en el oscuro recuerdo de lo que acaba de pasar, pasmado, intentado averiguar si ha sido verdad, tratando de pensar cómo lo sobrellevará en la rutina de los próximos días. Olvidaré, con las prisas, el paraguas, la chaqueta, mi vida. Mis lágrimas seguirán brotando contra las órdenes de mi orgullo, mientras piense en cuánto tardaremos en volvernos a hablar esta vez. Quizás esta vez haya sido la gota que colme el vaso, y al fin dejemos de fingir que no nos hacemos daño. ¿Significa esto que jamás volveré a ver su sonrisa, tan perfectamente grabada en mi memoria?

Y, al correr por las calles oscuras de la ciudad, empapándome de esta lluvia oportuna, me reprocharé la cobardía que ayuda a mis piernas a escapar de algo que he estado esperando todas las tardes de domingo de mi vida.


domingo, 18 de noviembre de 2012

"Oh, if you only knew..."


Últimamente no me siento muy inspirada y no me apetece escribir. Pero los domingos son diferentes, ¿no es así? Son como una brecha en el tiempo, parecen pasar más lentos hasta que ya es de noche y te das cuenta que el día ha pasado volando. Por más que te escondas bajo un grueso edredón o una pesada manta, el tiempo siempre te alcanza.

Hoy ha sido un día raro, como esos de Vetusta Morla. No hemos hecho nada y a la vez lo hemos hecho todo. Creíamos estarle haciendo tretas a las agujas del reloj cuando en realidad eran ellas las que nos engañaban. Como de costumbre, de la primera a la quinta canción, porque la última nos produce escalofríos y dolores de cabeza, Morning eats Saturn ha sonado todo el día. Al levantarnos siendo ya casi mediodía, al comer comida precocinada asiática un largo rato después. Incluso cuando mirábamos la televisión embobados, abrazados en el sofá, la canción sonaba dentro de nuestros corazones. Nos ha hechizado y, sin quererlo, nos hemos dejado llevar por la hipnosis de un tiempo acelerado que parecía estar ralentizado. Y resultaba que las ahogadas voces femeninas que oíamos en nuestras cabezas no eran más que el eco de la melancolía que nos invade los domingos. Quizás por eso necesitemos pasarlos juntos. Los domingos nos encantan, porque nos aterrorizan. Y por ello amamos todo lo que gire entorno a ellos: la lluvia, la fugacidad del tiempo, un té caliente, Tokio Blues, un suspiro, una risa ahogada en televisión.

Y, como de costumbre, antes de irte, te he abrazado, y he sentido el aroma de tu corto pelo en mi cuello. Pasarán otros siete días hasta volver a verte. "Te he echado de menos", me has dicho. "Oh, si tú supieras", he querido responder...


domingo, 1 de julio de 2012

Porcelain

He soñado con un beso lento y dulce. El típico filtro blanco que llena de ternura e inocencia las escenas de algunas películas parecía cubrir, como un fino velo transparente de fragilidad, mi vista. Sentía que yo era ella, la chica besada que besaba, pero veía el beso desde otro punto de vista. Era la espectadora con mis ojos de lo que sentía con mi propia piel. Pero si yo era ella, ¿quién era él?

El chico de pelo castaño estaba delante de su cara. Una mano de piel olivácea separaba un mechón rebelde que escondía la femenina cara para guardarlo tras su oreja y acabar sobre su hombro desnudo. Mientras, su otra mano, la derecha, la cogía lentamente de la cintura para acercarla mejor a sí mismo. Él no lo sabía, pero el corazón de la chica empezaba a bombear la sangre con más ganas, más vitalidad. La robusta mano izquierda del chico viajaba hasta su cuello, sorteando la oreja con sus dedos, para poder así juntar mejor sus labios temblorosos con los de ella. Lo que ella tampoco sabía aún, era que el corazón del chico empezaba también a latir con más fuerza que nunca, a pesar de la falsa apariencia de calma externa. Cuando el beso se produjo, todo empezó a vibrar un poco. Con suavidad, como un murmuro, nada temblaba, pero el aire había decidido vibrar, como el dulce zumbido de una muda melodía que los llevaba a querer más de sí mismos poco a poco...

El beso inocente fundía pausadamente las dos bocas, cada una con sed de la otra, para irse transformando en una sola. La respiración de ambos era aún bastante tranquila, hasta el momento en que ella decidió dejar sus manos alrededor del cuello del chico, sobre el cual notaba una barba recién cortada, y descubría el acelerado pulso del corazxón que quería explorar.

Las pieles, a pesar de morenas, parecían de porcelana, contagiadas por la fragilidad de aquel primer beso...
                      

viernes, 8 de junio de 2012

otherside

Mis brazos mueren. 
Y mi cerebro baila. 
Delirios de medianoche. 
He despertado en un mar. 
Océano de lágrimas y sudor.
Sudor mío.
Sudor frío, sudor vacío.

Echo de menos la sal de tus brazos.

martes, 22 de mayo de 2012

voyage, voyage

 
Froid dans le train, 
hambre en el estómago.
Y esas ansias de viajar, 
viajar, conocer, soñar.


Tears on my eyes, 
lentillas sucias.
El privilegio de comprender
aquello que otros no sabrán ver. 




Luna de Coco

sábado, 7 de enero de 2012

beautiful


Sola. Perdida en el universo que escondo en el tejado de la casa abandonada y vieja de campo que hay detrás de la nuestra. Este silencio es tan fuerte que esnordece. Nada se mueve. Ni el viento siquiera quiere hacer bailar a las altas hierbas secas de ahí abajo. Los insectos han desaparecido, los pájaros han callado. Hace sol y el cielo está despejado, pero esta noche no podré ver las estrellas: habrá tormenta. A mi alrededor todo parece de color amarillo. Y en este árido lugar es el único en el que me podría parecer bonito ese color. Me deslizo ligeramente hacia la izquierda, sorteando las tejas rotas para esconderme de este caluroso Sol de Almería bajo la sombra del higueral en el que un día grabé mis iniciales. ¿No es extraño? Ni un alma en este paraíso. La balsa enrejada de allí, que se ve a lo lejos, tiene el agua demasiado quiera, a pesar de que esté estancada. Debería dar miedo tanta soledad. Tanto silencio, tanta nada. Y justo cuando mi piel se estremece, oigo detrás de mí el crugir de una de esas tejas en mal estado, a le vez que siento cómo tu mano se desliza sobre la mía.

- ¿Has llorado?- Preguntas antes de verme la cara.

Ojalá tuviera voz para contestar. Pero me la ha arrebatado este lugar y su soledad en la que me he ido a cobijar. Y en mis ojos lees la respuesta a tu pregunta. Trepas felinamente y sin darme cuenta mis labios ya tiemblan sobre tu cuello. Me has cogido, me agarras, me sostienes y n opuedo escapar ya de la medicina de tu abrazo. Pero no lloro. Me muerdo el labio y, tensa, cierro los puños con fuerza. Me mantengo rígida ante el olor de tu piel. Pero entonces pasas tu mano por mi pelo, hundes tus dedos en él y la dejas sobre mi nuca. Y sólo dices, mientras nos meces, "bonita, bonita, bonita..."

Y lloro. La tormenta que esperaba se anticipa en mis ojos. Te arbazo con los brazos doloridos y con cautela de no rozar mis arañazos con tu ropa.
"No mereces esto, bonita, bonita, bonita..." y sin fuerzas suspiras entre susurros, y sin resistencia, me dejo hipnotizar por el hilo quebrado de tu voz: "no mereces esto, bonita, bonita, bonita..."
  

viernes, 2 de diciembre de 2011

-

Yo sólo pedía a gritos con mi mirada un abrazo. Pero no uno de esos superficiales o de esos que se despiden diciendo "hasta luego", sino uno de esos en los que te ves atrapada y de repente es como si encajaras en el universo, enjaulada en unos brazos más grandes o más menudos, fuertes, débiles, cortos o largos, pero que te tienen entre ellos el tiempo suficiente como para quitarte las ganas de explotar... Uno de esos abrazos en los que no se calcula el tiempo, que duran siglos y segundos al mismo tiempo, y, al separarte, es como despertar y saber decir gracias con la mirada a unos ojos que, si eran antes extraños, ya nunca más lo serán...