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miércoles, 5 de junio de 2013

Burbuja

Pues no. No te veré, no te buscaré. No me despediré de ti. Haré oídos sordos a tu voz, que sólo suena a hipocresía, no a tu nombre, no a tu recuerdo, no a las tardes de domingo. No.

No. Porque despedirse no significaría "hasta luego". No sería "adiós, hasta nunca" si quiera, por mucho que lo deseara. Sería un "idiota, te he echado de menos. Y ahora que me deshago de ti, que puedo sustituir tu recuerdo por el de la lluvia, no quiero grabar en mi mente el momento en que me despedí de ti".

Adiós no sería adiós. Me mirarías con la misma indiferencia que me has dedicado los últimos meses, fingirías una sonrisa triste y dirías que ahora que volvíamos a hablar, me voy. Como si hubiera algo por lo que sentirme culpable. Un adiós no sería adiós. Sería un "no te echaré de menos porque he agotado las existencias de ese sentimiento en mi cuerpo hacia ti".

No voy a escucharte. No voy a sentirme mal. Y si lo hago, sé que aún y así estaré haciendo lo correcto. Jamás fui tan curel contigo. Y si fui egoísta fue por tu cobardía.

Idiota.

No me voy a despedir de ti.

No. 
 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Carta al astro rey

Buenos días Sol,

Esta mañana, como cada día, has venido en mi búsqueda. Malditos sean tus rayos. Hacía frío, y yo me escondía bajo las sábanas. Pero tu luz no tiene límites en este lugar, y la tela parece quererse empapar de ti.

Esta mañana, como siempre, me escondía de ti. No entiendes que no te quiero, que me gusta dormir, que es a la hiriente Luna a quien yo anhelo cada despertar. Aunque tener un piso en un viejo edificio sin persianas no actúa a mi favor.

Cuando has aparecido, esta mañana, invadiendo mis pupilas, todavía sonaba alguna extraña melodía de un sueño astral en mi cabeza. Era un piano. Pero tu luz lo ha borrado, se ha esfumado. Como el aire que contaminas.

Por qué no entiendes, que no quiero que vengas a buscarme. Que deseo la noche eterna, en la que mi reflejo no aparezca en ningún espejo. Aunque también es verdad, que sin ti la Luna no podría brillar.

Pero no me dejo engañar. Hechizas al mundo con tu poder, pero yo soy más fuerte. Y por eso huyo de ti y me refugio en los días de lluvia. ¿Es que no entiedes, que ya no te quiero?

El parquet seguía frío a pesar de tus esfuerzos, cuando me deshice del edredón. Y el piso gélidamente desierto. No habría sentido tanta soledad si no te hubieras molestado en iluminar cada rincón de este vacío lugar.

Mañana intenta llover. Vivir en el sur de Europa no me hace bien.

Nos vemos al amanecer.

                                                           A.

lunes, 19 de noviembre de 2012

La vie immédiate

Adieu tristesse
Bonjour tristesse
Tu es inscrite dans les lignes du plafons
Tu es inscrite dans les yeux que j'aime
Tu n'es pas tout à fait la misère
Car les lèvres les plus pauvres te dénoncent
Par un sourire
Bonjour tristesse
Amour des corps aimables
Pussiance de l'amour
Dont l'amabilité surgit
Comme un monstre sans cops
Tête desappointée
Tristesse beau visage.
La vie immédiate, P. Éluard


martes, 27 de septiembre de 2011

¿Cómo vas a ser mi amiga, si por ti daría la vida?


                            
      
Olvidarte, olvidar lo nuestro, es como olvidar quién soy. No preguntes el porqué, lo sabes demasiado bien. Té amé y aún te quiero. Añoro cada uno de los poros de tu piel, tan suaves al tacto. Tus suspiros al sentir mis labios sobre tu cuello. Tus uñas sobre mi espalda, tus manos dibujándome fantasías mientras me susurrabas que nunca te dejara. Y jamás lo hice. Tú no puedes decir lo mismo.
Fueron tan efímeros, tan fugaces, esos días a tu lado... El sentimiento más fuerte que jamás nadie haya podido sentir ha sido mi amor tan lleno de cariño y admiración a ti. Te he adorado tanto que he llegado a odiar tu imperfecta perfección.

No puedes pues, pedirme que lo dejemos y que, sin más, me olvide de ti, de tu pelo, tu sonrisa y de tus besos. Manso era el tacto de tus cobrizos cabellos, enredados entre mis dedos, que ondulantes se excitaban cuando el viento les hacía volar... Y sintiendo tu olor, te observaba tan de cerca que costaba respirar. Toda la belleza de un atardecer en el mar se reflejaba entonces en tu profunda mirada.
Qué labios más dulces, más agrios, más salados, más amargos, los tuyos. Tiernos al encuentro, agrios al enfado. Salados cuando bailábamos al mecer de las olas del mar. Amargos al adiós.


Bellas tus manos. Suaves y traviesas, tan inocentemente atrevidas eran las únicas capaces de diseñar imágenes surrealistas sobre mi tímida piel haciendo explotar en mí mil sensaciones electrizantes con sólo una caricia. Hechizantes tus piernas, las mismas que me atrapaban en las sofocantes noches de agosto en tu cama y que me hacían desear convertirme en su eterno prisionero. Tu blando pecho se convertía así en mi almohada y tus mejillas en mi escudo nocturno. Tus brazos se apoderaban de mí encarcelándome en tu libertad. Dime, ¿cómo se borra todo de la mente? ¿Cómo se dejan atrás todas las horas en las que nos fundimos con una simple mirada? ¿Cómo se quitan tus gemidos de mi cabeza? ¿Cómo se olvidan mis labios de tus yemas? ¿Cómo se deja de lado una parte así de mi vida?


No me pidas la Luna. Sólo tú eres capaz de hacer llegar a una persona hastá más allá de las profundidades del universo. Así que no me supliques que te olvide, no me pidas que te ayude a dejarme. No me obligues a olvidarte. No me instes que deje de sentir las nubes en mis pies, las manos sobre el mar; no me obligues a dejar de sentir lo que siento estando enamorado de ti...

viernes, 25 de marzo de 2011

au revoir


Desde que te conocí algo despertó dentro de mí. Ya no era esa chica ausente, vacía, a la que todos miraban pero nadie escuchaba. Me sentía sola, y tú me cobijaste, me diste consuelo, y lo más importante: me escuchaste. Desde aquella noche en que supe cuánto te amaba no paré de soñar con tu sonrisa y tus labios, no paré de soñar con que siempre estaríamos juntos... Especialmente después de nuestras promesas. Pero hoy las has roto. Todas y cada una de ellas, lo creas o no. Me has dicho adiós, me has roto el corazón, te has ido, parece ser que para siempre. Y todo ha sido desde un principio... por mi culpa.

Desde el día en que te vi, supe que serías alguien importante para mí. A pesar de no poder evitar sentir arrogancia hacia ti en un principio, en seguida te ganaste mi cariño. Después nuestra amistad se forjó y forjó tanto... que acabé amándote, incluso sin saberlo. Desde que rocé tus labios, sentí tu aliento sobre el mío, me rodeaste de aquella manera con tus brazos... Soñé y le di mil vueltas. Soñé con estar cada día a tu lado, sentir tu presencia y tu piel sobre la mía a cada instante de mi vida... Soñé con amarte y sentirme amada siempre, siempre a tu lado. He añorado tantas veces tu sonrisa... especialmente transcurridos pocos segundos de tu adiós. Te he buscado tanto, y por fin te he hallado... He soñado mil veces contigo, e inconscientemente siempre he sabido que has sido mío, que siempre has sido aquél al que yo tanto necesitaba amar. Sí, amar es la expresión correcta. Ya no sólo siento amistad hacia ti, es muchísimo más que eso. Creo que lo sabes demasiado bien, a pesar de que alguna vez he encontrado duda en tu mirada. Pero necesito que sepas que daría mil y una veces mi vida, por muy tenebrosa que fuera mi muerte, para salvar la tuya. Quizás nunca te lo haya sabido demostrar, y por eso me voy. Irte tú sería la idea equívoca, y yo no quiero que cometas errores de los que no vas a aprender.

He soñado tanto a tu lado... incluso en mi soledad, he soñado que soñaba a tu lado. He soñado atardeceres y noches a tu lado, charlando, como siempre hemos hecho y como siempre creí que sería... He soñado dulces veladas en el paraíso de tus brazos, he soñado con tus labios incluso mucho antes de conocerlos o ansiar tanto tocarlos, besarlos. He soñado pasar toda mi vida y más junto a la tuya. Pero los sueños... ¿Sueños son al fin y al cabo, no? Y los sueños, sueños se quedan. He luchado mucho para conseguir mi objetivo, tú, mi ángel. He luchado tanto por ti... que es ahora, justo después de tu erróneo adiós, cuando me doy cuenta de que todo quizás haya sido en vano. Eres demasiado para mí, ambos lo sabemos. No quiero más discusiones, no quiero más lágrimas y no quiero que te vayas... No.
Me rindo ante ti, alzo los brazos y te enseño mi bandera blanca. Te soy sincera. Te quiero, y no es justo que seas tú el que se vaya. No es justo desterrarte de tu hogar.

Voy a seguir siéndote sincera. He soñado que mientras escribía estas palabras tú venías a abrazarme y a pedir perdón por algo que no lo merece... He soñado que secabas mis lágrimas y que arrugabas este papel, lo arrojabas al fuego antes de leerlo. He soñado que no te habías ido ni jamás lo harías... Pero los sueños, sueños son; y en sueños siempre se quedan...
Y tú has sido el sueño más hermoso que jamás habré vivido, lo sé. Pero dentro de unas horas despertaré de nuevo en mi ciudad, y todo no habrá sido más que un sueño del que me será difícil desprenderme.
Lo siento.

jueves, 17 de marzo de 2011

te diría tantas veces gracias con un te quiero...

Odio todas aquellas veces que te hice callar. Porque ahora lo único que puede darme fuerzas para continuar es oír de nuevo tu voz. No sé que tienes, quizás nunca lo llegue a saber. Pero es por esa intriga que deja tu sonrisa en mis pensamientos durante toda la semana por lo que te admiro, te quiero y te extraño. Te echo de menos, demasiado. Duele no olerte como cuando me abrazabas. Recuerdo los momentos en el tejado y me derrumbo como las ruinas de aquella casa escondida en la que pasábamos las noches contemplando las estrellas entre besos y cosquillas. Supiste escucharme, me cogiste de la mano y tiraste de mí hasta mucho más allá de la superficie. Me hiciste volar, lejos, a lugares desconocidos, más allá del universo…
Por ello te necesito de nuevo. Necesito que me mires y me toques. Que me despiertes de esa manera tan dulce, junto a ti.
Pero el tiempo se agota, se acaba, se escurre, muere. Al fin y al cabo tú y yo no estaremos siempre juntos. Una vez dijiste que éramos dos gotas de agua con diferente físico pero el miso alma. No creía en la espiritualidad, pero sigo viéndonos como dos gotas de agua que inician su recorrido juntas, pero luego se separan, porque otras lágrimas del cielo se interponen en el camino, hasta que llega el momento en que chocan contra el suelo rompiéndose en mil...