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domingo, 13 de enero de 2013

Where is my mind?

 Miro nerviosa el reloj del móvil bajo el paraguas. Ahí está, sentado, en la misma mesa de siempre, la misma cafetería de siempre, con la misma mirada perdida de siempre. Entraré y nos daremos dos besos, ¿cómo te va la vida?, con una sonrisa que parecerá sincera con la luz cálida del lugar. Hace seis meses que no lo veo. Seis meses desde nuestro último encuentro. Encuentro de tantos otros encuentros fugaces que siempre acaban con cierto sabor a decepción y a recomfort. El corazón vuelve a latir en mi pecho con normalidad al pensar que esta vez no será distinta, que volveré a casa bajo un paraguas vacío mientras él corra a cojer rápidamente su moto para no llegar tarde a cenar. 


Y no podía estar más lejos de la realidad. Al entrar, mi garganta decide llevarse el diálogo ya aprendido a base de tanto repetirlo a mi estómago. Me quedo de pie, mirándolo con curiosidad, intentando adivinar qué hay bajo esa expresión de falsa melancolía en su rostro, que ahora sólo se fija en mí. Sacudo la cabeza con suavidad, y al fin logro pronunciar algunas palabras a tropezones. Me quito el abrigo, pido un capuccino en esta tarde de frío. Me siento sin descolgarme el pequeño bolso cruzado en mi tronco. Su mirada inquisitiva sigue pidiéndome algo que no sé descifrar, y el miedo me oprime el estómago. El silencio se apodera de esta mesa, creando una burbuja entre nosotros lejos de las conversaciones ajenas y voces chillonas del local.

Necesito aire, necesito escapar de sus ojos, su mirada, sus sentimientos. No sé qué hago aquí. Salgo corriendo hasta el fondo de la cafetería y pulso el botón que encenderá una luz automática durante unos minutos. Entro en el baño confundida, me miro al espejo. Apoyo las manos, una a cada lado de la pica, mientras suspiro. ¿Qué narices hago aquí?, me repito una y otra vez. ¿Por qué nos hacemos esto?

Cierro los ojos para que mis párpados retengan lágrimas llenas de furia. ¿Es posible sentir tantas cosas a la vez? Escucho la puerta corredera abriéndose tras de mí y veo por el espejo su alta silueta. Nos quedamos así, mirándonos en silencio, a través de un espejo que parece una muralla. Cierra la puerta a sus espaldas sin mirarla siquiera. 

 - ¿Qué...?

Y de mis labios no puede salir ninguna palabra más. Su mirada los ha sellado, ahogando mi voz. Y así permanecemos, un segundo, dos minutos, tres horas, siete vidas, mirándonos, con los ojos empañados de confusión y los iris teñidos de sentimientos escondidos. En un parpadeo percibo que se acerca, su pecho casi roza mi espalda y noto su inconfundible aliento en mi nuca casi desnuda. Siento un escalofrío que no llega a manifestarse en mi piel. Su cara es el pleno reflejo de la tristeza, pero el gesto en sus labios me indica que va a hacer algo que no quiere hacer. Algo que no debe hacer. Algo que sí quiere hacer. Estoy paralizada. Sus manos se posan sobre las mías y miro al suelo, como si desviando la mirada pudiera evitar algo. Y, sin darme cuenta, estoy de cara a él, con los ojos muy abiertos y las pestañas empapadas, después de que me haya dado la vuelta bruscamente con sus manos, y aprieta sus labios ferozmente contra los míos. Quiero escapar. ¿Pero dónde están mis fuerzas? Sus manos parecen de hierro sobre mis brazos de mantequilla y mis lágrimas empiezan a bañar nuestras mejillas. He estado tanto tiempo esperándote...

Me dejo llevar. Le respondo a ese beso con furia, con dulzura, con amargura. Le respondo con todas las palabras antes silenciadas, con todas las miradas de reojo y todo el orgullo de estos años. La luz automática del lavabo se apaga y casi ni me inmuto. Siento una explosión de algo indescreptible dentro de mí. Es como escuchar música psicodélica, como probar algo por primera vez, como bajar con fuerza en una atracción. Y es mucho mejor que las cosquillas en mi brazo después de una de sus caricias no intencionadas, mucho más fuerte que el dolor que me oprimía el pecho después de decirle adiós y volver a la cama vacía de mi casa.

Pero, al salir de esta cárcel de sentimientos inmortalizada en el lavabo de una gran cafetería, todo volverá a tener el mismo sabor a vacío de siempre. Saldré corriendo, y él no me seguirá. Se quedará en el oscuro recuerdo de lo que acaba de pasar, pasmado, intentado averiguar si ha sido verdad, tratando de pensar cómo lo sobrellevará en la rutina de los próximos días. Olvidaré, con las prisas, el paraguas, la chaqueta, mi vida. Mis lágrimas seguirán brotando contra las órdenes de mi orgullo, mientras piense en cuánto tardaremos en volvernos a hablar esta vez. Quizás esta vez haya sido la gota que colme el vaso, y al fin dejemos de fingir que no nos hacemos daño. ¿Significa esto que jamás volveré a ver su sonrisa, tan perfectamente grabada en mi memoria?

Y, al correr por las calles oscuras de la ciudad, empapándome de esta lluvia oportuna, me reprocharé la cobardía que ayuda a mis piernas a escapar de algo que he estado esperando todas las tardes de domingo de mi vida.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Nocturnidades



Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche.
 


                                   R. Juarroz





A veces duermes conmigo por las noches. Duermes en mis sueños, duermes en mi mente. Y las distancias son entonces inexistentes. Exploramos en Amazonas, nos bañamos en el Pacífico y volamos hasta el espacio para ver más de cerca las estrellas. Bajo mis finos párpados, todavía manchados de rímmel, contemplo las más grandes maravillas cuando suena el reloj a medianoche y la luna me espía desde la ventana.

Pasan cinco, seis, siete horas que se convierten en apenas un puñado de minutos al despertar. Qué amargo es abrir los ojos. Y mi cansancio aumenta, mis músculos se tensan, cuando siento tu lado frío de la cama. Y si me levanto, es por pensar "con suerte, en unas horas, volverás a ser mío..."

domingo, 18 de noviembre de 2012

"Oh, if you only knew..."


Últimamente no me siento muy inspirada y no me apetece escribir. Pero los domingos son diferentes, ¿no es así? Son como una brecha en el tiempo, parecen pasar más lentos hasta que ya es de noche y te das cuenta que el día ha pasado volando. Por más que te escondas bajo un grueso edredón o una pesada manta, el tiempo siempre te alcanza.

Hoy ha sido un día raro, como esos de Vetusta Morla. No hemos hecho nada y a la vez lo hemos hecho todo. Creíamos estarle haciendo tretas a las agujas del reloj cuando en realidad eran ellas las que nos engañaban. Como de costumbre, de la primera a la quinta canción, porque la última nos produce escalofríos y dolores de cabeza, Morning eats Saturn ha sonado todo el día. Al levantarnos siendo ya casi mediodía, al comer comida precocinada asiática un largo rato después. Incluso cuando mirábamos la televisión embobados, abrazados en el sofá, la canción sonaba dentro de nuestros corazones. Nos ha hechizado y, sin quererlo, nos hemos dejado llevar por la hipnosis de un tiempo acelerado que parecía estar ralentizado. Y resultaba que las ahogadas voces femeninas que oíamos en nuestras cabezas no eran más que el eco de la melancolía que nos invade los domingos. Quizás por eso necesitemos pasarlos juntos. Los domingos nos encantan, porque nos aterrorizan. Y por ello amamos todo lo que gire entorno a ellos: la lluvia, la fugacidad del tiempo, un té caliente, Tokio Blues, un suspiro, una risa ahogada en televisión.

Y, como de costumbre, antes de irte, te he abrazado, y he sentido el aroma de tu corto pelo en mi cuello. Pasarán otros siete días hasta volver a verte. "Te he echado de menos", me has dicho. "Oh, si tú supieras", he querido responder...


martes, 2 de octubre de 2012

veintitrés noches

Gente, gente y más gente. Música que te gusta tanto como para sonreír toda la noche abrazándome por detrás. La multitud no nos separará. Bailamos, reímos, nos perdemos y ya no volvemos a encontrar a nuestro grupito. Qué más da. Te cojo de la mano y pareces no darte cuenta. Hace tiempo lo habrías notado. Pero ahora todos tus gestos están tan llenos de inocencia... Nada que ver con los míos.

Disfruto de la noche como no había disfrutado de ninguna en mucho tiempo. Tu pecho sobre mi espalda, tu brazo rodeándome los hombros, tu aliento en mi nuca mientras cantas como puedes canciones que te hacen sentir cosas que yo ya soy incapaz de hacer nacer en ti.

Y no, no te das cuenta. Que antes tenía miedo. Y aún lo tengo. Porque nunca me entiendes, aunque tampoco lo pongo fácil, lo reconozco. Si pudieras, por una vez, aprender a ver en mis ojos, en vez de mirarlos superficialmente mientras callamos... Pero este momento es tan perfecto, que nadie puede arrebatárnoslo. Admito que me siento ofendida porque no te des cuenta del tiempo: no las horas, no la noche, sino los instantes que se suman para formar lo que será un recuerdo que, de tan precioso, acabará resultando terriblemente doloroso...

El concierto acaba. La gente se dispersa poco a poco. No han tocado esa canción que tanto me gusta, esa misma que describe todo lo que quisiera que sintieras por mí, aunque fuera tan sólo por esta noche. Nos damos la vuelta, todo tiene que acabar... Y, de repente, como un milagro, el cantante siente mi pena y la necesidad de cantar, cantar la canción. Y toca tímidamente, sutilmente, dulcemente. Su imperfecta voz hace brillar más las estrellas. Y la multitud enloquece. Y mi rostro se ilumina, y tú ríes. El estallido de tu risa resuena en mis tímpanos dando ritmo a esta lenta canción. Y como un hechizo, la música se apodera de mí, y siento un gran deseo de abrazarte y quedarme así para siempre, hasta el fin del universo, en tus brazos, perdida en una multitud a la que le soy tan indireferente. No pueden verlo, que es mi momento, mi recuerdo. Pero al parecer, tú tampoco. Así que no te abrazo. Me quedo quieta, esperando el final, saboreando las últimas notas de tus manos sobre mis hombros desnudos...

sábado, 3 de diciembre de 2011

Extraño lugar

                                      
Te echo de menos. Y me da miedo. Me oculto, me escondo en esta habitación que me ahoga menos que la vida real. Mis labios siguen como vírgenes desde la última vez. Y no puedo dejar de imaginar las yemas de tus dedos sobre ellos...

Qué extraño lugar, este mundo. Nada que nadie no haya descubierto ya. Un planeta lleno de gente que viene a sufrir, amar, sonreír y pasar miedo. Temor como el que yo siento ahora porque me faltes tanto que tu ausencia se marque fuerte en mi pecho. ¿Por qué no paro de dibujarte en mis sábanas vacías? Soñándote cada vez que miro la pared. Queriéndote sin quererte. Olvidándote cada vez que vuelvo a recordarte. ¿Por qué siento este impulso, estas ganas tan grandes de gritar un "te quiero"?  No te voy a engañar. Hace más de dos años que no pronuncio esa frase. Y sin embargo, ahí sigue, sin poder huir, atascada en mi garganta.

Te echo de menos cada vez que creo que te tengo mientras duermo y Morfeo me hace pasar las más mágicas noches que pueda imaginar. Pero maldito Sol, que sale y me desgarra el alma porque ilumina tu espacio hueco, helado vacío que me chilla que aquí no estás. Porque no estarás. Porque nunca estuviste...
        

                             

viernes, 11 de noviembre de 2011

21:08


Qué lejos el tiempo
Si no estás aquí.
Qué eterna la distancia
sin ti.

Qué oscura la Luna.
Me pregunto por qué está triste.
Qué fina es la lluvia.
¿Serán sus lágrimas?

Te busco en las olas,
te siento en el vacío
de mi sonrisa rota
que no te encuentra.



Me escondo en sueños
porque todo es perfecto allí
donde tus manos bailan
cada noche tangos con mi cuello.

Y sigo pensando,
Qué soledad la del mar.
Infinito cielo nocturno
de espuma y sal.

Qué lejos estás
porque no te tengo junto a mí.
Qué eterno es el tiempo
porque jamás regresarás aquí.

Luna de Coco

domingo, 31 de julio de 2011

Falta de saber en dónde estás...

        

Tengo ganas de llorar, así que las lágrimas ya caen por mis mejillas. Sé que es por la regla, ya no me emparanoio más. Por ahora. Además tengo hambre. Joder con lo de ser mujer.




El Far del Sud, de Sopa de Cabra suena en mi iPod lila protegido por una funda roñosa que este julio cumple dos añitos a mi lado. ¿Alguien querrá tenerme de esa manera tan bucólica algún día, como canta Quintana? ¿Alguien querrá abrazarme y no dejarme ir? ¿Quererme tanto como para desear su muerte en mis labios? 

Ojalá.

                               Pero ojalá yo también sienta algún día algo así de fuerte. Algo tan profundo es extremadamente peligroso, porque como más intenso es el sentimiento más daño te hace, más fácil le es matarte. Pero si es tan poderoso significa que, por mucho que sientas morir, vale la pena sentirlo. ¿...No?


I just fell in love with her..."

                                                                                                            dicen +44 en Baby, Come On.


Quiero que me escriban algo así. Estoy harta de compadecerme, pero supongo que no sé hacer otra cosa. Necesito algo como esta canción. Algo que
                                                                                                            DEMUESTRE.

Demuestre que me conoce, demuestre que me piensa, me sueña, me odia porque me ama. Demuestre que hay gente capaz de mostrar su vulnerabilidad por el mismo amor que lo debilita.

Demuestre que me admire.

Y por todo eso, también quiero escribir algo así de mi puño y letra. Palabras que bailen solas cantando algo profundo y sincero, real. Quizás hasta pueda conseguir que suene sensual.



Miro las fotos pegadas a mi mesita de noche al lado de mi cama. La del pueblo andaluz de mi abuelo. La de Cadaqués, con mi primo. La de mis amigas, en el puerto de Barcelona.
Me gustan todas porque sale el mar de fondo. El mar que me hechizaba de pequeña, cuando sabía que la magia era posible. Una sabiduría que se ha apagado en mí, ya no creo en la magia. El mundo nos marchita poco a poco. Y es triste, no creer en algo tan inocente y bonito que te hace soñar. Supongo que he chocado demasiadas veces con la realidad.

 




Ahora suena "Frente al Mar", como si este aparatito musical adivinara mis pensamientos. Y con susurros marítimos, cierro los ojos y empiezo a mezclar sueños estando despierta y a la vez dormida...


  

Historia de un Sin Nombre

Quisiera escribirte los versos más bellos jamás soñados, llevarte a los lugares vírgenes que sólo tú y yo contemplaríamos. Cuánto ansiaría no tener que cerrar los ojos para verte, desearía tanto que tú, sueño perfecto, fureas mi realidad palpable eterna... Pero hace frío y mi celda está húmeda. Mil sentimientos más oscuros que este lugar me atrapan. Las ratas se comen entre ellas y no sé qué siento más, miedo o repugnancia. Los días pasan sin saber cómo ni cuándo y mi alma encoge más rápido que tus esperanzas. Oigo el eco de tus sollozos dos celdas más allá... Tus gritos aterradores me condenan más que las gélidas paredes de esta prisión al convertirse en el más desgarrador estruendo jamás sentido por mis oídos.

Los soldados vuelven a por ti y siento cómo te torturan. Duelen más las heridas no físicas porque duele sentirte sufrir y no poder sufrir por ti. Quiero gritar, luchar, llorar de rabia. Orgullo, honor.. ¿Qué es éso? La vida de un guerrero convertida en sustancia podrida que muere lenta y dolorosamente al no tenerte... Me dueles en el alma. Quisiera coger tu mano y no tener que soltarla nunca. Quisiera matar tus lágrimas y dolores y condenarlos a un sufrimiento mayor al mío, si posible... Oigo tu desesperación, oigo su traición. Trato de levantarme y chillo, chillo con todas mis fuerzas, arrojándome contra la astillada puerta con rabia e impotencia...

Pero no me he movido. No he susurrado mote alguno si quiera. Porque no vivo, y vivo menos sabiendo que tu vives desviviendo una vida que no te pertenece... Y poco a poco, como el aliento de mis labios, tu sufrimiento cesa al ritmo que los soldados se van.

¿Qué ha pasado? ¿Qué mundo es éste? Defender tus ideales, luchar por tus sentimientos... Pero siempre son los alacranes los vencedores. Sanguijuelas, arañas. Seres fríos y distantes que jamás sintieron algo verdadero. Susurro tu nombre y la brisa de mi voz parece ser oída en tu alma. Lloras en silencio, gritas sin ser oída. Y me dices, sin embargo, que me quieres...

Crees que no te oigo, pero saboreo cada milímetro de tu voz como el más intenso de los manjares existentes... Sólo nos queda soñar, esperar. Luchar de nada sirvió. Y no es hasta que he llegado a este punto hasta que me he dado cuenta de cuán imbécil es el hombre. Siempre ansiando poder, el único poder que quiero ahora es el de poder sentirte respirar en libertad... Te cojo la mano en mi mente y tú la estrechas con delicadeza. Apartando las llamas de tu pelo rojizo, me atrevo a decirte cuántas ganas tengo de ti susurrándote melodías efímeras que bailan al son de mis manos sobre tu piel. Y te duermes entre suspiros marítimos y sonrisas al sol...

Pero la realidad cruda, insípida, nos despierta. Cinco metros nos separan y una gruesa pared de piedra medieval entre ellos. Pero aún y así noto que estamos unidos. Sin embargo, dueles en mi añoranza... Me dueles cada vez que eres tú la dañada. No me quedan fuerzas, no me queda vida. No quiero pelear, pero si por ti he de sentir la peor pesadilla... qué demonios, cualquier cosa haría. La vida ha sido demasiado corta como para malgastarla, y no ha sido hasta que tú has llegado a ella que he despertado y vivido el más bello e intenso edén...

Entre sueños y esquinas malolientes siento un vacío de repente. Y desapareces. Lo sé, lo percibo. No te veo pero tampoco te siento. Tu conexión a mi mundo se rompe, se esconde, porque te escapas, te rindes, te vas, huyes, vuelas... Y mueres.

  
Y yo, que me creía muerto, descanso en vida porque tú reposas al fin, muerta, olvidada, pero siempre amada, por un soldado sin nombre...

viernes, 29 de julio de 2011

la magia de la música


¿No te ha pasado nunca? Que escuchas una canción, una pieza, algo de música. No de esa sugerente, sino una suave melodía que te sube el tono melancólico al alma. Y empiezas a pensar, estirada sobre el sofá, un día estival de lluvia, en el que casi hace frío para la poca ropa que llevas... Imaginas, sueñas, indagas. Vagas por tu mente y si cierras los ojos ves las cosas que te gustaría que sucedieran. Y te dejas llevar por esa música que sin serlo, tiene algo de especial para ti... Materializas tus sueños en tus labios si hablas en susurros y en tus ojos si aunque, manteniéndolos cerrados con fuerza para que ese instante no escape, se derraman algunas lágrimas que, consolándote, te acarician esas mejillas que durante tanto tiempo nadie ha tocado con tanta dulzura...

Piano. Guitarra. Violín. O simplemente una voz. Te envuelve, te manipula de una manera espeluznante, pero que incluso llega a excitarte. Y si estás totalmente sola, imaginas unas manos firmes sobre tu piel, unos labios sobre tu torso, unas pestañas sobre tu vientre, un aliento sobre tus caderas... De repente el frío desaparece, porque la soledad te abraza en tus sueños, convertida en alguien que no conoces ni sabes si existe, pero a quien amas en tu imaginación. Y te sientes tan bien... Atraparías ese momento que, por mucho que no sea material, es real en tu mente. Es verdadero, sincero, algo íntimo. Algo que quizás jamás compartas con nadie.

Y la música sigue hechizando el momento de embriaguez... Una sonrisa tímida de labios desvía las lágrimas que vienen directas del corazón. Sigues en tu sueño... Y lo mejor es que estás despierta, por tanto sólo perderás el momento al abrir los ojos, pero no la sensación, quizás. Besas un cuello, acaricias unos brazos... Suspiras sobre un ombligo, gritas al viento, que, desafiante, remueve tus cabellos. De repente estás sobre una moto, navegando las carreteras marítimas en silencio y soledad.
 Soledad hasta que te das cuenta que las mismas
manos firmes de antes te atrapan la cintura mientras conduces. Ahora no te preocupa que no existan tales manos, ni que no sepas conducir. Sólo sabes que la música acaba, y con ella, esa sensación, ese momento, ese instante... Esa magia que desaparece cuando abres los ojos y vuelves a escuchar y ver la lluvia en tu ventana, que borra las marcas antiguas de agua sobre el cristal pero no los recuerdos que tú quisieras olvidar...


 

miércoles, 27 de julio de 2011

j'ai envie de toi. j'ai bessoin de toi.


Ganas de llorar.
Ganas de
ti.
Ganas de algo utópico.
Ganas de mirarte con picardía.
Ganas de que el tiempo se pare.
Ganas de
tus abrazos.
Ganas de morderte el labio.
Ganas de no necesitar respirar.
Ganas de que me toques.
Ganas de tus besos.


Ganas de mis lágrimas.
Ganas de tus caricias.
Ganas de un martes en la cama.
Ganas de esa cama contigo en ella.
Ganas de besarte.
Ganas de no tener ganas.
Ganas de
tenerte.
Ganas de algo bucólico.
Ganas de ti.
Ganas de llorar.

  

sábado, 2 de julio de 2011

Sabes que pareces de hielo pero quemas

Y podemos hablar de amor...amor es tan solo un concepto
una palabra, a la que hay que dar sentido
¿entendido?
y si no hablo de amor cuando tu estás delante
es que eres tan impactante
que de hablar me olvido.
Y me da igual que ahí fuera el mundo se pelée y se mate
por absurdos disparates, su alma no les late
¿y mi alma?... hasta hace poco también, casi se va al traste
pero llegaste tú y la reanimaste.
Me gustas, me excitas, me estimulas, me provocas
me llamas, me llevas, me dices, me guías
conviertes mis días en horas lujosas
diría más cosas pero... son tonterías.
Y puede ser que al verte ayer me percaté
el tener tu piel, beber tu crema
fue mi deber poder poseer tu miel
y darte el placer, un affair de luna llena.

Sr. Zambrana

jueves, 30 de junio de 2011

Sus soldados son flores de madera y mi ejército no tiene banderas, sólo un corazón...

Y muere a todas horas gente dentro de mi televisor; quiero oír alguna canción que no hable de sandeces y  que diga que no sobra el amor y que empiece en sí y no en no. Y dejar de lado la vereda de la puerta de atrás por donde te vi marchar como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar y ahora es todo campo ya...

    

 

reflexiones marítimas

[...] Últimamente sólo he tenido una frase en mi cabeza. Maldito el momento. Maldito y jodido el momento en el que decidí enamorarme de él, no echarme atrás. Y aunque hay roce y cariño, no aguanto verlo tontear con otras, por mucho que esas otras ya tengan pareja. Los celos me matan. CELOS. Esa sensación horrible que nunca antes había sentido. Tengo miedo de quererlo ahora que todo se acaba y empieza el verano, una nueva etapa. La universidad. Tengo miedo de haberlo tenido todos estos años a mi lado y no darme cuenta de lo importante que es para mí hasta este último momento. Tengo miedo de estar sentada en la ventana del camarote con los reflejos del sol sobre el mar a mi lado y sólo ver su cara si miro al cielo. Tengo miedo de desear sólo que me abrace y de esperar como una inútil patética a que entre por la puerta oscura situada a mi izquierda. Tengo miedo de perderlo, tengo miedo de estarme enamorando.

 
Tengo ganas de llorar. Porque es el final total de una etapa quizás, o pouede que porque tenga a mi alrededor el Mediterráneo. Puede también que sea por el lío mental que provocan tanto su ausencia como su presencia en mi cabeza. Oteo el horizonte en busca de respuestas. El problema es, sin embargo, que ni siquiera sé cuáles son las preguntas.

Los primeros acordes de Dosed resuenan en mis tímpanos. Estoy melancólica y pensadora. Filosófica. Romántica. Bucólica, soñadora. De verdad es horrible. Es terrible la angustia que siento dentro de mí, porque me duele más pensar en un verano sin él que pensar en que todo se ha acabado...

lunes, 6 de junio de 2011

joder



Tengo ganas de decirte que te quiero.
Y eso me da miedo.
Hace mucho que no me sentía tan vulnerable...
 


 

Always





Come on let me hold you, touch you, feel you, always...
Kiss you, taste you, all night, always...
         

domingo, 22 de mayo de 2011

empieza una tarde de domingo...

Tu lengua baila sobre mi piel al son de nuestros latidos... El sabor a verano de esta cálida tarde acurrucados en el sofá me embriaga y me hace flotar... Mis dedos juegan con tu pelo, viajando por las montañas de tu espalda para llegar a manantiales prohibidos... Quisiera vivir con esta sensación de placer y bienestar hasta el fin de mis días, a tu lado, con tu aroma, con tu esencia, contigo...






lunes, 2 de mayo de 2011

¿Cómo se puede echar tanto de menos algo que nunca tuviste?

 
Me gustaría escuchar canciones melancólicas que me recordasen a ti, a un tiempo mejor. Me gustaría tener recuerdos de tus manos sobre mi espalda desnuda, desearía tener grabados en mi mente momentos efímeros a tu lado. Tardes en la playa, bailes al son de nuestros latidos, veranos que nos deshidrataban tanto que nos volvíamos insaciables el uno del otro.

Me gustaría pensar que todo lo que ahora aparece por mi mente es verdad. Recuerdos de un verano entre olas y sonrisas, entre suspiros y caricias. Quiero poder pensar en ti y llorar con una sonrisa en mis labios al recordar un dulce momento que se vuelve en agrio porque no sucede en el instante presente. Quiero enamorarme otra vez. Sentir ese amor tan real y verdadero, como el que describen Bécquer, Moccia o Neruda. Me gustaría sentirte tan dentro de mí que me faltara el aire si al no verte todavía te sintiera como una parte más de mí, como un miembro fantasma.

Querría poder recordar noches infinitas de risas y bebidas, tardes al sol entre amigos, tiempo de verano. Vestidos vaporosos y largos, víctimas de tus traviesas perversiones. Cuellos salados, besos mojados. Mirarnos a los ojos y olvidarnos de si hace frío o calor. Sentir incluso frío a cuarenta grados cuando, con el roce de tu lengua sobre mi pecho, mi piel se estremeciera. Quiero días a tu lado, por si no lo he dejado claro. Quiero que me ames en una terraza sin que nos vean las plantas exóticas que nos rodeen. Deseo el deseo que me come si no estás.

Quizás tanta idealización se deba al deseo fuerte de sentir algo tan real que duela otra vez y por fin. Quizás se deba a que quiero que llegue el verano para olvidarme de toda esta vida de estudiante que pronto cambiará mucho a la vez que no cambiará nada.  Quizás se deba a que deseo sentir. Sentirte. Sentir amor. Sentir un corazón, sentir tu sonrisa.

Sentir mi corazón palpitar al escuchar una canción italiana.

miércoles, 30 de marzo de 2011