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martes, 4 de septiembre de 2012

Summertime and the livin' is easy

Summertime, summertime... Llega setiembre y el verano empieza a morir. Se acaban los días de largo sol y empieza a entrarnos la morriña otoñal.

Vacaciones en la playa, esa es la descripción de mi pasado agosto -a pesar de que, como dije anteriormente, estos últimos días estuve en la ciudad para estudiar- que tanto he disfrutado. Mar, gaviotas y el puerto de Segur de Calafell. Silencio a última hora de la tarde y sentir el sol tostando tu piel mientras estás tumbada en la playa, jugando con las olas, o leyendo algo nuevo. Con Judit, una amiga con la que suelo veranear en la zona, compartiendo sueños y quejándonos de esos temas de la universidad de los que siempre acabamos hablando.

Summertime, summertime... Como diría Rubén Darío de la juventud, ya te vas para no volver. Y es que cada verano es el único, está ahí y no se volverá a repetir. Sentimos en el aire (un aire casi estático además de sofocante en Barcelona, debo decir) algo que nos despierta los nervios a flor de piel como en la primavera y nos hace querer ser eternos como el otoño. Decidimos mitificar el tiempo y sentirnos jóvenes, porque, de eso va el verano, de ser jóvenes. De salir de noche, tomar algo, bañarse de noche, mirar la lluvia de estrellas de agosto, echarse una siesta, comer paella y migas con la mejor compañía, jugar con la arena, estirarse sobre la hierba, reír, olvidar, y coger fuerzas para los próximos nueve meses, hasta que una nueva estación de días eternos venga a nosotros.

Personalmente, no he hecho nada mientras he estado de veraneo en la playa. Leer, sobre todo, y tomar el sol. Sentía que necesitaba una desconexión absoluta del mundo exterior, apagar el móvil, tumbarme sobre la toalla, llegar a casa cubierta de sal marítima, dormir hasta tarde y después de comer, tomar helados sobre la arena y beber algún que otro cóctel por la noche en nuestro lugar favorito, el Sunset Beach Essence, donde, por cierto, tienen mi cerveza favorita, la Mongozo de Coco, tan difícil de encontrar. Nos pasamos horas en la terraza viendo la poca gente que queda de madrugada pasear antes de volver a casa escuchando los suaves rugidos nocturnos del mar.

Eso es lo bueno de Segur de Calafell. Que, a pesar de que a mediados de mes hay bastante gente, en general, durante todo el verano, es un lugar tranquilo. Por la tarde, pasadas las seis, ya casi no queda nadie en la playa. Y esa es mi hora favorita. Empieza a levantarse una suave brisa que hasta te hace tener frío (considerando que tu única prenda de vestir no es otra que el traje de baño), el mar está vacío y puede observárselo con tranquilidad. No hay apenas ruido y podrías pasarte la eternidad así, sentada frente a las olas, escuchando música melancólica y sientiendo el olor a salitre en tus labios.


El verano me ha dado ese tiempo necesario para parar y reflexionar. Escribir algo, tener más ideas para este blog, ponerme al día en ese montón de libros que tenía por leer (de los que, por cierto, quizás hable en el futuro), jugar con mi hermano pequeño y hasta aprender a hacerme trenzas de esas que tanto están de moda, las "trenzas de espiga" o "fishtail" de la cual me he enamorado y casi casi no me puedo deshacer.

Mañana, por fin, haré el examen de recuperación que tanto queiro quitarme de encima y, afortunadamente, tendré veinte días más de vacaciones antes de volver a empezar la universidad de los cuales pienso exprimir hasta el último instante: viajar a Amsterdam, celebrar las fiestas de la Mercè, pasar unos últimos días en la playa que, ahora sí, estará desierta, desierta para mí...
 











domingo, 31 de julio de 2011

Falta de saber en dónde estás...

        

Tengo ganas de llorar, así que las lágrimas ya caen por mis mejillas. Sé que es por la regla, ya no me emparanoio más. Por ahora. Además tengo hambre. Joder con lo de ser mujer.




El Far del Sud, de Sopa de Cabra suena en mi iPod lila protegido por una funda roñosa que este julio cumple dos añitos a mi lado. ¿Alguien querrá tenerme de esa manera tan bucólica algún día, como canta Quintana? ¿Alguien querrá abrazarme y no dejarme ir? ¿Quererme tanto como para desear su muerte en mis labios? 

Ojalá.

                               Pero ojalá yo también sienta algún día algo así de fuerte. Algo tan profundo es extremadamente peligroso, porque como más intenso es el sentimiento más daño te hace, más fácil le es matarte. Pero si es tan poderoso significa que, por mucho que sientas morir, vale la pena sentirlo. ¿...No?


I just fell in love with her..."

                                                                                                            dicen +44 en Baby, Come On.


Quiero que me escriban algo así. Estoy harta de compadecerme, pero supongo que no sé hacer otra cosa. Necesito algo como esta canción. Algo que
                                                                                                            DEMUESTRE.

Demuestre que me conoce, demuestre que me piensa, me sueña, me odia porque me ama. Demuestre que hay gente capaz de mostrar su vulnerabilidad por el mismo amor que lo debilita.

Demuestre que me admire.

Y por todo eso, también quiero escribir algo así de mi puño y letra. Palabras que bailen solas cantando algo profundo y sincero, real. Quizás hasta pueda conseguir que suene sensual.



Miro las fotos pegadas a mi mesita de noche al lado de mi cama. La del pueblo andaluz de mi abuelo. La de Cadaqués, con mi primo. La de mis amigas, en el puerto de Barcelona.
Me gustan todas porque sale el mar de fondo. El mar que me hechizaba de pequeña, cuando sabía que la magia era posible. Una sabiduría que se ha apagado en mí, ya no creo en la magia. El mundo nos marchita poco a poco. Y es triste, no creer en algo tan inocente y bonito que te hace soñar. Supongo que he chocado demasiadas veces con la realidad.

 




Ahora suena "Frente al Mar", como si este aparatito musical adivinara mis pensamientos. Y con susurros marítimos, cierro los ojos y empiezo a mezclar sueños estando despierta y a la vez dormida...


  

viernes, 29 de julio de 2011

la magia de la música


¿No te ha pasado nunca? Que escuchas una canción, una pieza, algo de música. No de esa sugerente, sino una suave melodía que te sube el tono melancólico al alma. Y empiezas a pensar, estirada sobre el sofá, un día estival de lluvia, en el que casi hace frío para la poca ropa que llevas... Imaginas, sueñas, indagas. Vagas por tu mente y si cierras los ojos ves las cosas que te gustaría que sucedieran. Y te dejas llevar por esa música que sin serlo, tiene algo de especial para ti... Materializas tus sueños en tus labios si hablas en susurros y en tus ojos si aunque, manteniéndolos cerrados con fuerza para que ese instante no escape, se derraman algunas lágrimas que, consolándote, te acarician esas mejillas que durante tanto tiempo nadie ha tocado con tanta dulzura...

Piano. Guitarra. Violín. O simplemente una voz. Te envuelve, te manipula de una manera espeluznante, pero que incluso llega a excitarte. Y si estás totalmente sola, imaginas unas manos firmes sobre tu piel, unos labios sobre tu torso, unas pestañas sobre tu vientre, un aliento sobre tus caderas... De repente el frío desaparece, porque la soledad te abraza en tus sueños, convertida en alguien que no conoces ni sabes si existe, pero a quien amas en tu imaginación. Y te sientes tan bien... Atraparías ese momento que, por mucho que no sea material, es real en tu mente. Es verdadero, sincero, algo íntimo. Algo que quizás jamás compartas con nadie.

Y la música sigue hechizando el momento de embriaguez... Una sonrisa tímida de labios desvía las lágrimas que vienen directas del corazón. Sigues en tu sueño... Y lo mejor es que estás despierta, por tanto sólo perderás el momento al abrir los ojos, pero no la sensación, quizás. Besas un cuello, acaricias unos brazos... Suspiras sobre un ombligo, gritas al viento, que, desafiante, remueve tus cabellos. De repente estás sobre una moto, navegando las carreteras marítimas en silencio y soledad.
 Soledad hasta que te das cuenta que las mismas
manos firmes de antes te atrapan la cintura mientras conduces. Ahora no te preocupa que no existan tales manos, ni que no sepas conducir. Sólo sabes que la música acaba, y con ella, esa sensación, ese momento, ese instante... Esa magia que desaparece cuando abres los ojos y vuelves a escuchar y ver la lluvia en tu ventana, que borra las marcas antiguas de agua sobre el cristal pero no los recuerdos que tú quisieras olvidar...


 

domingo, 10 de julio de 2011

...It was the sweetest thing I had ever seen

Norah Jones, una libreta y bolígrafo y en frente una pálida luna creciente. Al lado del mar. Mi querido mar.

Sí, lo echo de menos. Pero creo que echo más de menos la idea, el sueño que tengo de él más que su persona real. No echo de menos sus labios, simplemente el deseo de sus besos. Borracha de mar, lo daría todo para tenerlo aquí ahora, a mi lado, a mi alrededor, atrapándome en sus abrazos. Susurrándome palabras de amor al oído, haciéndome cosquillas en el cuello. Lo daría todo, para que estuviera conmigo, en vez de en mis sueños.

La luna está tan bonita esta noche... Bueno, la única vez que considero que no está bointa es cuando se esconde del mundo, cuando hay luna nueva y me priva de su pura mirada.
Hoy parece un diminuto trozo de sandía. Un ojo cuyo párpado se está cerrando. Un monte torcido. Una sonrisa extraña. La falda de unas enormes enaguas.

El viento le cuenta a mi pelo historias de amor en susurros que soy incapaz de entender. Creo que el viento flirtea con mis ojos mientras intenta sacar a bailar una sonrisa de mis labios...
No dejo de escuchar "Broken", de Norah Jones. Me encanta la parte en la que canta "He's got a broken voice, and a twisted smile...". Aunque no soy el chico de la descripción, me he sentido incontablemente la protagonista de esa canción, como si hablase de una muchacha y yo fuese la chica de la que canta.

Pero no todo es tan bucólico e idealizado esta noche. Los mosquitos me están matando, tratando de alimentarse de la sangre de mi cuerpo. Y los pequeños murciélagos que vuelan cerca de mí, sin saberlo, me salvan un poquito cada vez que son ellos los que se alimentan de los mismos mosquitos.

No, quizás no es a él a quien quiera ahora a mi lado, aunque es la primera persona en la que pienso. Quizás sea cualquiera. Siento que siempre he estado sola y que alguien ahí fuera, tan perdido como yo siempre me he sentido, está esperando el momento menos pensado para venir a encontrarme. O quizás es sólo otra estúpida idea alimentada por las románticas, irreales y comerciales películas que tanto nos venden en amor...

Existe el amor? Creo que sí. Lo creo, cuando miro a mis padres. Me doy cuenta de ello, lo descubro. Creo en él, me sirve para mantener la fe y las esperanzas...
Aunque puede que la pregunta de verdad tuviera que ser: existe el amor
para mí?

El tiempo lo dirá. O la sonriente luna, o el silencioso, hechizante mar...

martes, 5 de julio de 2011

Noir.


Sola. Perdida en este océano oscuro,
Escondida en es este cielo negro.
Y  es precisamente aquí,
entre agua y aire,
en la oscuridad del lugar
que no distingue cielo y mar
donde te siento.

La negrura me abraza y
me muestra tu camino.
Me atrapas en tu cobijo,
imposibilitas mi miedo.
rntre mar y cielo,
En la oscuridad te siento, abuelo.

Miro a lo lejos
intentando otear el horizonte;
ver tu figura entre las nubes
o vislumbrarte entre las olas.
Pero sé que toda esta cueva
es el viento de tu alma,
alma de pescador perdido.

El mundo complejo
no te quiso comprender,
pero el Mediterráneo y su
simplicidad te hallaron,
te supieron entender.

Y perdida en esta sombra;
oscuridad mediterránea
de alta mar y negro cielo
te busco y te encuentro,
alma de pescador…
Abuelo.

Luna de Coco.

jueves, 30 de junio de 2011

reflexiones marítimas

[...] Últimamente sólo he tenido una frase en mi cabeza. Maldito el momento. Maldito y jodido el momento en el que decidí enamorarme de él, no echarme atrás. Y aunque hay roce y cariño, no aguanto verlo tontear con otras, por mucho que esas otras ya tengan pareja. Los celos me matan. CELOS. Esa sensación horrible que nunca antes había sentido. Tengo miedo de quererlo ahora que todo se acaba y empieza el verano, una nueva etapa. La universidad. Tengo miedo de haberlo tenido todos estos años a mi lado y no darme cuenta de lo importante que es para mí hasta este último momento. Tengo miedo de estar sentada en la ventana del camarote con los reflejos del sol sobre el mar a mi lado y sólo ver su cara si miro al cielo. Tengo miedo de desear sólo que me abrace y de esperar como una inútil patética a que entre por la puerta oscura situada a mi izquierda. Tengo miedo de perderlo, tengo miedo de estarme enamorando.

 
Tengo ganas de llorar. Porque es el final total de una etapa quizás, o pouede que porque tenga a mi alrededor el Mediterráneo. Puede también que sea por el lío mental que provocan tanto su ausencia como su presencia en mi cabeza. Oteo el horizonte en busca de respuestas. El problema es, sin embargo, que ni siquiera sé cuáles son las preguntas.

Los primeros acordes de Dosed resuenan en mis tímpanos. Estoy melancólica y pensadora. Filosófica. Romántica. Bucólica, soñadora. De verdad es horrible. Es terrible la angustia que siento dentro de mí, porque me duele más pensar en un verano sin él que pensar en que todo se ha acabado...

martes, 28 de junio de 2011

- Lo puedo perder todo... - ¿Todo? - A él.

Me he enamorado. Ese sentimiento del que huía porque me hacía tan vulnerable, porque me impedía ser la mujer fuerte e independiente que quiero ser, se ha apoderado de mí. Y es que sólo veo su rostro si cierro los ojos, sólo pienso en sus labios y en su manera de mirarme. Sólo hay sitio en mi cabeza para sus abrazos, las saladas noches de verano naciente a su lado...
Y no puedo decírselo. Si entre amistad y amor debo escoger, lo escojo a él como amigo. ¿Qué tengo a perder?, te preguntarás. Todo. Tengo a perder sus manos sobre mi pelo. Tengo a perder sus sonrisas en mi oreja. Tengo a perder sus fuertes abrazos cuando refresca. Si entre amistad y amor debo escoger, escojo su compañía de amigo por mucho que duela antes que que nada...

sábado, 4 de junio de 2011

Respira

Es una tarde de agosto y chispea. Diminutas gotas de lluvia mojan todo lo que nos rodea, dejando su aroma a húmedo sobre los muros antiguos que nos espían. Estamos en el barrio gótico y los relojes no existen. Empieza a tronar, pero la llovizna no se hace más intensa. Sin embargo, los turistas que hacen sus últimas fotos corren con algo en la cabeza, escapando de esta delicia de tiempo. A pesar de ello, tú y yo sonreímos y nos miramos sin decir nada mientras nuestras manos están entrelazadas... No hacen falta las palabras. Ambos sabemos que este instante del que todo el mundo huye será nuestro. Sin tiempo, sin relojes. Sin prisas ni preocupaciones, no hay temores.



Caminamos disfrutando del momento: la lluvia, las piedras entre las cuales tantas historias se han visto y vivido, pero que están eternamente malditas a no poder contar nada. Historias tristes, felices, violentas, horribles. Historias simples, como la nuestra, como este paseo silencioso, porque cuando encuentras quien te llena no hacen falta más que los sonidos de nuestras respiraciones para saber lo que sentimos. Con la mirada hablamos, con las palabras nos fundimos en mismo ser, con las caricias estallan fuegos artificiales en el espacio.


Las calles medievales empiezan a resbalar y yo como siempre caigo en su trampa. Tú, preparado para cualquier adversidad, me coges fuerte, me abrazas y me sostienes. Las manecillas del reloj siguen intactas. Nada se mueve a nuestro alrededor excepto las gotas incesables, una tras otra, mientras sigo atrapada en la fortaleza de tus brazos. No querría jamás estar en otro lugar, ahora te he encontrado. Siento que nací para encajar, como las piezas de un puzzle, en ti y en tu cuerpo.

peace

Es un día de primavera de esos que recuerdan más al invierno que al verano. El cielo está gris e incluso hace frío. En días como éste sé que gusta acurrucarte en tu gran sofá con un té con leche entre las manos. Apostaría lo que fuera a que éso sería lo que harías en esos momentos, mientras leerías algún que otro libro, o quizás mientras mirases alguna película con la esperanza de que te haga llorar. Recuerdo esos días tan raros como los de hoy en los que todavía estaba a tu lado y me decías que era un día perfecto para llorar y ponerse melancólico. Volver al cementerio donde un día enterraste a tu abuelo y al que no te volviste a sentir capaz de volver. Ir cerca del mar y respirar el aire a lluvia mediterránea...

Hace frío y recuerdo cuando eran mis brazos en los que te acurrucabas. Rememoro cada poro de tu piel, cada suspiro que ahogabas entre besos y caricias. Recuerdo cómo me echabas de menos incluso estando a mi lado. Sé que tenías necesidad de mí en todo instante, a pesar de que siempre solías ser muy independiente. Simplemente, eras social, muy sociable. Muy humana. Necesitabas el afecto, el contacto o la presencia humana a tu aalrededor. A pesa de que a veces estabas perdida entre una gran multitud sintiéndote aún y así sola. Y ése era tu miedo. La inseguridad. Tu error, el no saberte conocer. No te entendías ni tú, decías. Pero en el fondo sí que lo hacías. Eras introvertida, éso es todo.

Es un día más otoñal que primaveral y te añoro. Uno de esos días que habríamos pasado perdidos en El Born o curioseando nuestros cuerpos ansiosos en algún lugar de Collserola, venciendo al clima. Hoy es un día frío, pero lo cierto es que hace mucho frío desde hace mucho tiempo. Desde aquel día en que te fuiste, sin avisar. Pero no me enfadé contigo como tú hiciste con tu abuelo. Quizás éso era lo que te impedía ir a verlo. Saber que no podrías evitar llorar, no sólo porque lo echabas de menos, sino porque no querías culparlo por algo por lo que no podrías haber culpado a nadie.
Hoy es un día de esos en los que habrías querido irlo a ver al cementerio, pero el miedo a derrumbarte te habría vencido. Yo he vencido hoy ese miedo, y he venido a verte. Tu tumba reluce, brillante, entre las gotas que mojan e iluminan tu lápida, esa que dice que hace hoy un año ya que faltas.

Hoy ese ese día en que me tuve que atrever por ti a cerrarte los ojos en medio de un accidente, sabiendo que no estabas. Hoy es ese día en el que hace un año por fin visitaste el cementerio para ver a tu abuelo... Y quedarte allí con él para siempre.

lunes, 30 de mayo de 2011

Si pienso en ti, frente al mar.

El aroma salado baila con mi pelo.
Las olas acuden a mí,
me buscan, me encuentran, me quieren,
en un intento de llevarme hacia ti.


Y es que en cada barca de pescador,
en cada gaviota, en cada faro;
en cada playa seiento tu sabor,
amargo, dulce, lejano, efímero, robado...


La brisa me sabe a ti.
Y me siento tan perdida.
El verano mediterráneo no se olvida de ti.
La espuma salina escuece en tu herida.

Te fuiste sin más.
Sólo recuerdo los llantos de mi madre,
un corazón roto que enterrar.
Oh, lágrimas del mar.
Yayo, ya no estás.


Mi hermano, imagen de la inocencia,
decía que eras ahora un ángel que nos protegía.
Mi alma, rota como a quien acompaña la saudade,
decía chillando en susurros que aún te quería.

La brisa me sabe a ti.
El verano mediterráneo no se olvida de ti.

Lloro... Si pienso en ti.

Luna de Coco

jueves, 19 de mayo de 2011

sabor azul en tu piel


El sabor azul de esta noche que nos envuelve me hechiza y se confunde con la sensación de tus labios en mi boca, haciéndome sentir que brillamos más que la luna llena reflejada en el Mediterráneo. Palabras y besos, caricias y risas. Cosquillas saladas y esos ojos oceánicos tuyos que convierten una noche otoñal en algo especial. El abrazo que de repente me atrapa y sin embargo me libera de todo a la vez, es equivalente a la sensación de plenitud que llena el vacío que tanto tiempo me había invadido...

Disfrutar del mar en la noche
Y yo quisiera pasar más tardes y noches así, con lunas menguantes, nuevas y crecientes iluminando las caricias con las que bailan tus manos y mi melena. Ríes y dices que el astro que tanto admiro no es más que una piedra... Pero es la sensación que nos produce mirarla lo que nos hace sentir especiales y atribuirle la belleza que nos falta en nuestra rutina, quiero contestar... ¿Te asustarás si digo que también quiero ser tu luna, pero sólo si eres tú el sol que la ilumina...?

El miedo me inunda como la marea que sube al pensar que te estás convirtiendo poquito a poquito en alguien especial, devolviéndome la fe, haciéndome creer... Rompiendo todos mis esquemas y haciéndome sonreír sin motivo aparente.

Cierro los ojos e inspirando fuerte guardo todas las texturas de los aromas de este momento en mi memoria. Soy una reina rodeada de sus riquezas... Lo tengo todo, poseo un mar que ahora siento más mío que nunca, soy capaz de alcanzar la luna y hacerla mía y además me atrevo a sentirme dueña de tus ojos mientras miran curiosos la expresión de mi mirada castaña. Arena y mar, océano y tierra. No somos nadie en este mundo y al mismo tiempo nos convertimos en los protagonistas de la vida de las olas que nacen y en pocos instantes se extinguen a nuestros pies...

Y nos quedamos así, atrapados en el sabor azul del mar que nos regala la nocturnidad salada que tu voz es capaz de convertir en dulce...

 

lunes, 2 de mayo de 2011

¿Cómo se puede echar tanto de menos algo que nunca tuviste?

 
Me gustaría escuchar canciones melancólicas que me recordasen a ti, a un tiempo mejor. Me gustaría tener recuerdos de tus manos sobre mi espalda desnuda, desearía tener grabados en mi mente momentos efímeros a tu lado. Tardes en la playa, bailes al son de nuestros latidos, veranos que nos deshidrataban tanto que nos volvíamos insaciables el uno del otro.

Me gustaría pensar que todo lo que ahora aparece por mi mente es verdad. Recuerdos de un verano entre olas y sonrisas, entre suspiros y caricias. Quiero poder pensar en ti y llorar con una sonrisa en mis labios al recordar un dulce momento que se vuelve en agrio porque no sucede en el instante presente. Quiero enamorarme otra vez. Sentir ese amor tan real y verdadero, como el que describen Bécquer, Moccia o Neruda. Me gustaría sentirte tan dentro de mí que me faltara el aire si al no verte todavía te sintiera como una parte más de mí, como un miembro fantasma.

Querría poder recordar noches infinitas de risas y bebidas, tardes al sol entre amigos, tiempo de verano. Vestidos vaporosos y largos, víctimas de tus traviesas perversiones. Cuellos salados, besos mojados. Mirarnos a los ojos y olvidarnos de si hace frío o calor. Sentir incluso frío a cuarenta grados cuando, con el roce de tu lengua sobre mi pecho, mi piel se estremeciera. Quiero días a tu lado, por si no lo he dejado claro. Quiero que me ames en una terraza sin que nos vean las plantas exóticas que nos rodeen. Deseo el deseo que me come si no estás.

Quizás tanta idealización se deba al deseo fuerte de sentir algo tan real que duela otra vez y por fin. Quizás se deba a que quiero que llegue el verano para olvidarme de toda esta vida de estudiante que pronto cambiará mucho a la vez que no cambiará nada.  Quizás se deba a que deseo sentir. Sentirte. Sentir amor. Sentir un corazón, sentir tu sonrisa.

Sentir mi corazón palpitar al escuchar una canción italiana.

sábado, 16 de abril de 2011

Cada vez más solos, rodeados de gente,



Y báñate en mis ojos, que se joda el mar que quiera mecerte a su antojo.
Si no somos nadie, a nadie va a encontrar; y si a las heridas quiere echarles sal ,
sólo va a encontrarse cerrojos y las cicatrices de la soledad.




    


sábado, 2 de abril de 2011

primavera

J'adore le printemps.




Les fraises, 

 



se promener,




la Lune,




les nuages qui sourient...




J'adore l'arôme de la Méditerranée,




et j'adore Paris aussi.




Mais, le plus importante...

Je t'adore.






martes, 22 de marzo de 2011

domingo, 27 de febrero de 2011

domingo, 9 de enero de 2011

mera ilusión, estar a tu lado

Y soñar al despertar.  Amanece y yo estoy enredada en tus sábanas, atrapada en tus brazos... El olor a mar,tu boca, los suspiros, la sal, tu aliento en mi nuca, el agua, el sol, tus pestañas, mi sonrisa, la arena, , las gaviotas, las cosquillas, el bienestar, las barcas, la paz, tus besos dulces, los míos salados...
Abrázame más fuerte, jamás me dejes; hazme el amor en susurros; bailemos entre olas, soñemos, volemos, corramos y saltemos, pero no me separes de tu lado...

Dorados y azules, enredados, soñados e ideados, envueltos, atrapados, ansiados, abrazados y amados, sonrientes y ardientes, blancos, celestes y naranjas, juguetones, vagos, traviesos, críos y maduros; envejecemos con la tranquilidad... La luna nos ha abandonado y el sol ronronea mientras aparece en nuestro balcón... Me escondo entre mis cabellos para que el tiempo no nos encuentre y no pase; siempre, siempre te quiero, te quiero a mi vera...

Una mañana de septiembre mediterráneo amanece, tu ternura y mi soñar, el mar de tus sábanas, enjaulada en la paradójica libertad que me hacen sentir tus brazos... No me dejes escapar.