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miércoles, 1 de mayo de 2013

La mujer sexy vs la mujer sexual, de Flora Davis

Entre las mujeres suele suceder que las que parecen más declaradamente sexy y femeninas, sean con frecuencia las que menos responden a cualquier aproximación directa y personal. Birwhistell establece una diferencia bastante fácil de observar en prácticamente cualquier reunión. La mujer sexual puede empezar la noche apartada a un lado y con aspecto poco interesante; pero cuando habla con un hombre que le gusta, todo su rostro y hasta la postura de su cuerpo cambia. El hombre que llegue a percibid este hecho podrá sentir que, de alguna manera misteriosa, él le ha hecho hermosa. 

La mujer sexy, por otra parte, es la que lleva grandes escotes y está rodeada de hombres. Pero los hombres que la rodean están allí porque, en realidad, no les gustan las mujeres y consideran que ése es el lugar más seguro de la reunión. La mujer sexy está tan ocupada emitiendo la señal de <<soy una mujer... soy una mujer... soy una mujer...>> que no exige nada del hombre que está a su lado, excepto su total atención; está tan enfrascada en el desempeño de su papel, que no tiene ningún interés real en sus compañeros. En el fondo es una figura trágica. Probablemente de pequeña aprendió a ser una niñita dulce y condescendiente, para agradar a sus padres, que gozaban luciéndose con ella; al mismo tiempo esto le enseñó que con frecuencia las personas se tratan mutuamente como posesiones. A medida que creció, comenzaron a abordarla hombres que en el fondo no gustaban de las mujeres. Usaban su compañía simplemente para probar su hombría, haciendo de ella lo que las feministas llaman un objeto sexual. Al final se transforma en una mujer frágil y crispada, que presenta una imagen muy simple se sí misma y ofrece una mercancía muy simple. Puede que incluso diga <<A los hombres sólo les interesa una cosa...>> Pero en realidad es ella la que no tiene nada más que ofrecer. Nunca aprendió a responder o comunicarse con otro ser humano.

La comunicación no verbal - Flora Davis


Hace un par de días que estoy leyendo este libro, que nos recomendaron en clase. Y hasta el momento me está encantando, porque habla de cosas que parecen pasar desapercibidas en nuestro día a día y de las cuales, sin embargo, somos plenamente conscientes sin saberlo.

Ayer, en el metro, me llamó especialmente la atención este fragmento. No sólo porque siempre he pensado que la identidad de género en las culturas, cómo se contruye la personalidad y cómo aprendemos a ser quienes ¿debemos? ser en la sociedad es algo muy interesante, sino porque precisamente estos días ha estado en boquilla de todos -y más en la carrera- un anuncio que recientemente se ha empezado a emitir en televisión. 



Como veis, se trata del anuncio de Qé! Crack, muy criticado aunque también bastante defendido a la vez (sólo basta con mirar los comentarios en el vídeo colgado del canal de la marca de Youtube).

Para empezar, aclarar que no, no me gusta. Me parece horrible, si debo ser franca. Adaptar tendencias de Internet como el "Ola k ase" a un público juvenil al cual va dirigido el producto y que usa estas tendencias, vale. Pero la broma que surge de la confusión lingüística no me parece aceptable. En clase nos enseñan que recurrir a tópicos -sobre todo estereotipos de género- es algo que se utiliza demasiado a menudo, aunque se debería cambiar. Nos enseñan sociología y antropología, comunicación, nos enseñan a pensar y juzgar. Pero después enciendes el televisor y ves estas cosas. De hecho, si fuera un producto dirigido a un público más adulto, quizás pasaría más desapercibido, sería menos criticado.

Lo que a mí, y creo que a la mayoría de gente no le hace gracia, es enviar un mensaje tan confuso y sexista a un público que debe estar entre los 10 y los 16 años, cuando todavía los niños están aprendiendo a "ser chicos", y las niñas a "ser chicas". No me parece bien que supuestamente enseñemos a los niños a "ser respetuosos con las niñas" y a las niñas a que "deben ser respetadas por los niños" cuando después aparecen anuncios así en televisión, que acaban lanzando mensajes totalmente opuestos a los que supuestamente enseñamos. De todas maneras, ¿por qué enseñar a los pequeños antes a ser respetados por los demás o a respetar a los demás en vez de primero demostrarles que a quien más deben respetar es a sí mismos? En mi opinión, es ahí donde surge el problema. Si alguien sabe respetarse desde el principio, desde siempre, sabrá que de la misma manera el resto merece el mismo trato.

¿Qué relación tiene esto con el libro de Flora Davis? En La comunicación no verbal, Flora Davis dice una verdad enorme. Hoy en día no juzgamos a un niño por jugar con muñecas quizás, pero tampoco lo animamos a hacerlo. En cambio, sí que lo animamos a jugar con la pelota. A lo que me vengo a referir, es que todos, absolutamente todos y cada uno de nosotros, enseñamos a los más pequeños a ser lo que se supone que deben ser. Decimos estar en el siglo XXI, decimos ser modernos y abiertos de mente, y sin embargo, todavía tenemos muchos prejuicios calcados en nuestra mente, tatuados en nuestros pensamientos, impidiéndonos juzgar objetivamente cada acción, cada movimiento, cada elemento de esta sociedad...

lunes, 1 de abril de 2013

sueño

Él me mordía la oreja. Yo me acercaba porque él me había hecho una señal para que me acercara con sigilo, tenía algo que decirme. Y cómo describirlo. Era tan erótico, tan repentino, que sentía mis entrañas arder. Mi reacción, sin embargo, era empujarlo hacia atrás. Pero hasta mi mano ardía en tocar su pecho. "¿Qué narices haces?".

Era confuso. Todos estábamos en un párking y corríamos, corríamos en círculo, tratando de escapar de algo, recorriendo com estúpidos la espiral de la rampa por la que no pasaban ni coches fantasma, sólo personas, personas que conocía y que ni siquiera me importaban.
Yo buscaba un coche, como todos, alguien que me acogiera, un lugar donde refugiarme y poder escapar a la vez, y seguía corriendo, sin saber por qué...

Recuerdo desembocar en una marea de gente mirando atemorizada a su alrededor, recuerdo a su amiga acercándose para hablarme, a sus amigos mirarme sin interés fingido, recierdo no verlo hasta oír pronunciar su nombre. Ella, su amiga, su amor platónico de la infancia, su falsa amiga, decía que había sitio en el coche, el mismo que él conduciría, y en el cual había guardado un asiento para mí. Me sentía ofendida, como si él ya supiera que nadie más iba a querer acogerme y tuviera que verse obligado, por pena, compasión, qué sé yo, a camuflarme entre sus amigos, aquellos que una vez tanto admiré y odié a la vez.

Pero él me miraba. Su mirada aparecía con su nombre, y llevaba el pelo corto, y sus labios seguían ahí, del mismo color rosa pálido de siempre, y su mirada insiniaba cosas y más cosas, cosas que yo prefería no entender. Y tras sus pícaros iris, sin embargo, se escondía un destello de preocupación algo confuso.


Me acercaba, flotando, sin pestañear, y entre tanto ruido, ese ruido ensordecedor de miles de personas chillando en silencio, arrimaba mi oreja a sus labios, esperando un susurro, con el corazón temiendo a cada latido por miedo a rozar su boca... Y él me mordía.

¿Por qué lo apartaba? Eso era lo que quería. Lo que llevaba tiempo queriendo. Pero no estaba bien. ¿Por qué delante de esos amigos de los que tanto había intentado esconderme?

"¿A qué narices viene eso?". Y huir. Chocar contra la multitud y seguir adelante con el alma más alborotada que el cabello. Me cogía de la muñeca, me paraba, me tocaba, me frenaba, me miraba, jadeaba. ¿Cómo podía saber yo que la sensación de caos se definía con su mano en mi cintura?
Y hablábamos. Sobre él protegiéndome. Sobre yo escapándome. Sobre él insistiendo. Sobre la atracción inevitable que, sin embargo, yo juraba no sentir. Sobre haberme enamorado de él. Pero ya no lo estaba. Ya no. Y por ello él ahora sí creía sentir algo. Quizás. ¿Por qué oía a través de sus manos lo que no tenía de decirme con sus labios? "¿Te aclaras?". "No soy tu maldito juguete".

"Tú nunca has sido nada mío". Siencio.
"Tú nunca has sido nada de nadie". Mis ojos en sus ojos, sus ojos en mis labios, mis labios en silencio.
"Tú nunca has sido siquiera tuya".

Despertar con resaca emocional, la sensación de su mano en mi nuca y su aliento acortando distancias con mi cara. Miro la ventana y veo que hace ya horas que es de día. Y oigo una oportuna canción a través de la ventana...