Buenos días Sol,
Esta mañana, como cada día, has venido en mi búsqueda. Malditos sean tus rayos. Hacía frío, y yo me escondía bajo las sábanas. Pero tu luz no tiene límites en este lugar, y la tela parece quererse empapar de ti.
Esta mañana, como siempre, me escondía de ti. No entiendes que no te quiero, que me gusta dormir, que es a la hiriente Luna a quien yo anhelo cada despertar. Aunque tener un piso en un viejo edificio sin persianas no actúa a mi favor.
Cuando has aparecido, esta mañana, invadiendo mis pupilas, todavía sonaba alguna extraña melodía de un sueño astral en mi cabeza. Era un piano. Pero tu luz lo ha borrado, se ha esfumado. Como el aire que contaminas.
Por qué no entiendes, que no quiero que vengas a buscarme. Que deseo la noche eterna, en la que mi reflejo no aparezca en ningún espejo. Aunque también es verdad, que sin ti la Luna no podría brillar.
Pero no me dejo engañar. Hechizas al mundo con tu poder, pero yo soy más fuerte. Y por eso huyo de ti y me refugio en los días de lluvia. ¿Es que no entiedes, que ya no te quiero?
El parquet seguía frío a pesar de tus esfuerzos, cuando me deshice del edredón. Y el piso gélidamente desierto. No habría sentido tanta soledad si no te hubieras molestado en iluminar cada rincón de este vacío lugar.
Mañana intenta llover. Vivir en el sur de Europa no me hace bien.
Nos vemos al amanecer.
A.
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domingo, 25 de noviembre de 2012
Carta al astro rey
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martes, 23 de octubre de 2012
Una lista
Una lista. ¿Cuál era su fin? ¿Con qué objetivo planeé mi vida?
Al final todo se reduce al instante en que decides cruzar en rojo en vez de esperar. De eso trata vivir. De tomar decisiones, una tras otra, esperando que todas sean la correcta. El azar nos aterra. Y por ello muchos suspiran por el destino. Tomes las decisiones que tomes, tu final será siempre el mismo. Quisiera no creerlo. Aunque es tentador soñar que tu vida está ya escrita y poder dejarte llevar, no puede reducirse sólo a eso.
Tengo entre mis manos una lista. Una lista de cosas que decidimos hacer algún día. Aunque ese "algún día" siempre fue aplazándose. Esto sería un triste per también bonito drama si dijera que jamás tachamos todos los lugares de este papel porque te perdí en un fatal accidente. O quizás yo podría ser el fantasma apenado de tu amor que quiere que sigas adelante. Sería una legendaria historia de amor si nuestras familias se apellidaran Montesco y Capuleto, o si hubiéramos debido partir lejos e uno del otro por alguna guerra, con nuestros sueños y esperanzas como único equipaje.
Pero las cosas no son así, ¿verdad?
Nuestra historia no será jamás relatada en ningún libro ni fue escrita con tinta plateada entre las páginas del destino. La lista quedó olvidada en un cajón de barnizada madera en el que escondíamos nuestras sonrisas fotografiadas, las mismas que quemé en aquella hoguera de verano cuando te dejé.
Te dejé, te dejé por una decisión. Pude haber decidido seguir engañándonos, pude haber decidido alejarme de ti nada más conocerte. Pero decidí. Decidí decidir, amar, sentir, perder, consumirme y dejarte.
Y nuestra historia les importa un bledo a las estrellas.
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martes, 2 de octubre de 2012
veintitrés noches
Gente, gente y más gente. Música que te gusta tanto como para sonreír toda la noche abrazándome por detrás. La multitud no nos separará. Bailamos, reímos, nos perdemos y ya no volvemos a encontrar a nuestro grupito. Qué más da. Te cojo de la mano y pareces no darte cuenta. Hace tiempo lo habrías notado. Pero ahora todos tus gestos están tan llenos de inocencia... Nada que ver con los míos.
Disfruto de la noche como no había disfrutado de ninguna en mucho tiempo. Tu pecho sobre mi espalda, tu brazo rodeándome los hombros, tu aliento en mi nuca mientras cantas como puedes canciones que te hacen sentir cosas que yo ya soy incapaz de hacer nacer en ti.
Y no, no te das cuenta. Que antes tenía miedo. Y aún lo tengo. Porque nunca me entiendes, aunque tampoco lo pongo fácil, lo reconozco. Si pudieras, por una vez, aprender a ver en mis ojos, en vez de mirarlos superficialmente mientras callamos... Pero este momento es tan perfecto, que nadie puede arrebatárnoslo. Admito que me siento ofendida porque no te des cuenta del tiempo: no las horas, no la noche, sino los instantes que se suman para formar lo que será un recuerdo que, de tan precioso, acabará resultando terriblemente doloroso...
El concierto acaba. La gente se dispersa poco a poco. No han tocado esa canción que tanto me gusta, esa misma que describe todo lo que quisiera que sintieras por mí, aunque fuera tan sólo por esta noche. Nos damos la vuelta, todo tiene que acabar... Y, de repente, como un milagro, el cantante siente mi pena y la necesidad de cantar, cantar la canción. Y toca tímidamente, sutilmente, dulcemente. Su imperfecta voz hace brillar más las estrellas. Y la multitud enloquece. Y mi rostro se ilumina, y tú ríes. El estallido de tu risa resuena en mis tímpanos dando ritmo a esta lenta canción. Y como un hechizo, la música se apodera de mí, y siento un gran deseo de abrazarte y quedarme así para siempre, hasta el fin del universo, en tus brazos, perdida en una multitud a la que le soy tan indireferente. No pueden verlo, que es mi momento, mi recuerdo. Pero al parecer, tú tampoco. Así que no te abrazo. Me quedo quieta, esperando el final, saboreando las últimas notas de tus manos sobre mis hombros desnudos...
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martes, 4 de septiembre de 2012
Summertime and the livin' is easy
Summertime, summertime... Llega setiembre y el verano empieza a morir. Se acaban los días de largo sol y empieza a entrarnos la morriña otoñal.
Vacaciones en la playa, esa es la descripción de mi pasado agosto -a pesar de que, como dije anteriormente, estos últimos días estuve en la ciudad para estudiar- que tanto he disfrutado. Mar, gaviotas y el puerto de Segur de Calafell. Silencio a última hora de la tarde y sentir el sol tostando tu piel mientras estás tumbada en la playa, jugando con las olas, o leyendo algo nuevo. Con Judit, una amiga con la que suelo veranear en la zona, compartiendo sueños y quejándonos de esos temas de la universidad de los que siempre acabamos hablando.
Summertime, summertime... Como diría Rubén Darío de la juventud, ya te vas para no volver. Y es que cada verano es el único, está ahí y no se volverá a repetir. Sentimos en el aire (un aire casi estático además de sofocante en Barcelona, debo decir) algo que nos despierta los nervios a flor de piel como en la primavera y nos hace querer ser eternos como el otoño. Decidimos mitificar el tiempo y sentirnos jóvenes, porque, de eso va el verano, de ser jóvenes. De salir de noche, tomar algo, bañarse de noche, mirar la lluvia de estrellas de agosto, echarse una siesta, comer paella y migas con la mejor compañía, jugar con la arena, estirarse sobre la hierba, reír, olvidar, y coger fuerzas para los próximos nueve meses, hasta que una nueva estación de días eternos venga a nosotros.
Personalmente, no he hecho nada mientras he estado de veraneo en la playa.
Leer, sobre todo, y tomar el sol. Sentía que necesitaba una desconexión absoluta del mundo exterior, apagar el móvil, tumbarme sobre la toalla, llegar a casa cubierta de sal marítima, dormir hasta tarde y después de comer, tomar helados sobre la arena y beber algún que otro cóctel por la noche en nuestro lugar favorito, el Sunset Beach Essence, donde, por cierto, tienen mi cerveza favorita, la Mongozo de Coco, tan difícil de encontrar. Nos pasamos horas en la terraza viendo la poca gente que queda de madrugada pasear antes de volver a casa escuchando los suaves rugidos nocturnos del mar.
Leer, sobre todo, y tomar el sol. Sentía que necesitaba una desconexión absoluta del mundo exterior, apagar el móvil, tumbarme sobre la toalla, llegar a casa cubierta de sal marítima, dormir hasta tarde y después de comer, tomar helados sobre la arena y beber algún que otro cóctel por la noche en nuestro lugar favorito, el Sunset Beach Essence, donde, por cierto, tienen mi cerveza favorita, la Mongozo de Coco, tan difícil de encontrar. Nos pasamos horas en la terraza viendo la poca gente que queda de madrugada pasear antes de volver a casa escuchando los suaves rugidos nocturnos del mar.
Eso es lo bueno de Segur de Calafell. Que, a pesar de que a mediados de mes hay bastante gente, en general, durante todo el verano, es un lugar tranquilo. Por la tarde, pasadas las seis, ya casi no queda nadie en la playa. Y esa es mi hora favorita. Empieza a levantarse una suave brisa que hasta te hace tener frío (considerando que tu única prenda de vestir no es otra que el traje de baño), el mar está vacío y puede observárselo con tranquilidad. No hay apenas ruido y podrías pasarte la eternidad así, sentada frente a las olas, escuchando música melancólica y sientiendo el olor a salitre en tus labios.
El verano me ha dado ese tiempo necesario para parar y reflexionar. Escribir algo, tener más ideas para este blog, ponerme al día en ese montón de libros que tenía por leer (de los que, por cierto, quizás hable en el futuro), jugar con mi hermano pequeño y hasta aprender a hacerme trenzas de esas que tanto están de moda, las "trenzas de espiga" o "fishtail" de la cual me he enamorado y casi casi no me puedo deshacer.
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martes, 22 de mayo de 2012
Astronauta
Yo me enamoraré de un astronauta. Me llevará de viaje a las estrellas y
algunas mañanas de domingo, me hará el amor en otra galaxia. Cuando se
enfade, se perderá en alguna nebulosa, y cuando yo me sienta perdida,
enviará algunos asteroides a mi rescate.
Yo me enamoraré de un astronauta. Me enamoraré de un astronauta que viva en la luna. Un astronauta que me prepare croquetas con sabor a Saturno. Sus ojos serán del azul oscuro de la noche y me llevará a ver las películas en la cartelera de las constelaciones.
Me enamoraré de un astronauta.
Me enamoraré de un astronauta que me lleve lejos, muy lejos, y viva en la luna...
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jueves, 17 de marzo de 2011
te diría tantas veces gracias con un te quiero...
Odio todas aquellas veces que te hice callar. Porque ahora lo único que puede darme fuerzas para continuar es oír de nuevo tu voz. No sé que tienes, quizás nunca lo llegue a saber. Pero es por esa intriga que deja tu sonrisa en mis pensamientos durante toda la semana por lo que te admiro, te quiero y te extraño. Te echo de menos, demasiado. Duele no olerte como cuando me abrazabas. Recuerdo los momentos en el tejado y me derrumbo como las ruinas de aquella casa escondida en la que pasábamos las noches contemplando las estrellas entre besos y cosquillas. Supiste escucharme, me cogiste de la mano y tiraste de mí hasta mucho más allá de la superficie. Me hiciste volar, lejos, a lugares desconocidos, más allá del universo…
Por ello te necesito de nuevo. Necesito que me mires y me toques. Que me despiertes de esa manera tan dulce, junto a ti.
Pero el tiempo se agota, se acaba, se escurre, muere. Al fin y al cabo tú y yo no estaremos siempre juntos. Una vez dijiste que éramos dos gotas de agua con diferente físico pero el miso alma. No creía en la espiritualidad, pero sigo viéndonos como dos gotas de agua que inician su recorrido juntas, pero luego se separan, porque otras lágrimas del cielo se interponen en el camino, hasta que llega el momento en que chocan contra el suelo rompiéndose en mil...
Pero el tiempo se agota, se acaba, se escurre, muere. Al fin y al cabo tú y yo no estaremos siempre juntos. Una vez dijiste que éramos dos gotas de agua con diferente físico pero el miso alma. No creía en la espiritualidad, pero sigo viéndonos como dos gotas de agua que inician su recorrido juntas, pero luego se separan, porque otras lágrimas del cielo se interponen en el camino, hasta que llega el momento en que chocan contra el suelo rompiéndose en mil...
lunes, 28 de febrero de 2011
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