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lunes, 3 de diciembre de 2012

Nocturnidades



Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche.
 


                                   R. Juarroz





A veces duermes conmigo por las noches. Duermes en mis sueños, duermes en mi mente. Y las distancias son entonces inexistentes. Exploramos en Amazonas, nos bañamos en el Pacífico y volamos hasta el espacio para ver más de cerca las estrellas. Bajo mis finos párpados, todavía manchados de rímmel, contemplo las más grandes maravillas cuando suena el reloj a medianoche y la luna me espía desde la ventana.

Pasan cinco, seis, siete horas que se convierten en apenas un puñado de minutos al despertar. Qué amargo es abrir los ojos. Y mi cansancio aumenta, mis músculos se tensan, cuando siento tu lado frío de la cama. Y si me levanto, es por pensar "con suerte, en unas horas, volverás a ser mío..."

sábado, 24 de noviembre de 2012

she cries alone at night too often




Tú curabas el dolor que me habían causado las sábanas vacías. 
Ahora no sé como aliviar las heridas que aparecieron cuando te fuiste.

sábado, 7 de enero de 2012

beautiful


Sola. Perdida en el universo que escondo en el tejado de la casa abandonada y vieja de campo que hay detrás de la nuestra. Este silencio es tan fuerte que esnordece. Nada se mueve. Ni el viento siquiera quiere hacer bailar a las altas hierbas secas de ahí abajo. Los insectos han desaparecido, los pájaros han callado. Hace sol y el cielo está despejado, pero esta noche no podré ver las estrellas: habrá tormenta. A mi alrededor todo parece de color amarillo. Y en este árido lugar es el único en el que me podría parecer bonito ese color. Me deslizo ligeramente hacia la izquierda, sorteando las tejas rotas para esconderme de este caluroso Sol de Almería bajo la sombra del higueral en el que un día grabé mis iniciales. ¿No es extraño? Ni un alma en este paraíso. La balsa enrejada de allí, que se ve a lo lejos, tiene el agua demasiado quiera, a pesar de que esté estancada. Debería dar miedo tanta soledad. Tanto silencio, tanta nada. Y justo cuando mi piel se estremece, oigo detrás de mí el crugir de una de esas tejas en mal estado, a le vez que siento cómo tu mano se desliza sobre la mía.

- ¿Has llorado?- Preguntas antes de verme la cara.

Ojalá tuviera voz para contestar. Pero me la ha arrebatado este lugar y su soledad en la que me he ido a cobijar. Y en mis ojos lees la respuesta a tu pregunta. Trepas felinamente y sin darme cuenta mis labios ya tiemblan sobre tu cuello. Me has cogido, me agarras, me sostienes y n opuedo escapar ya de la medicina de tu abrazo. Pero no lloro. Me muerdo el labio y, tensa, cierro los puños con fuerza. Me mantengo rígida ante el olor de tu piel. Pero entonces pasas tu mano por mi pelo, hundes tus dedos en él y la dejas sobre mi nuca. Y sólo dices, mientras nos meces, "bonita, bonita, bonita..."

Y lloro. La tormenta que esperaba se anticipa en mis ojos. Te arbazo con los brazos doloridos y con cautela de no rozar mis arañazos con tu ropa.
"No mereces esto, bonita, bonita, bonita..." y sin fuerzas suspiras entre susurros, y sin resistencia, me dejo hipnotizar por el hilo quebrado de tu voz: "no mereces esto, bonita, bonita, bonita..."
  

lunes, 26 de diciembre de 2011

Alejarse


¿Para qué, amigos, si no están a tu lado, codo con codo, en tu hombro, cuando de verdad los necesitas? Y no es por la discusión, no es por las estúpidas peleas, no es por él, porque ni siquiera hay un él por el que amargarse la existencia. Es porque no sé qué coño me pasa. No lo he sabido nunca, pero otras veces lo he sobrellevado mucho mejor. Ahora siento como si rociearan con vinagre los arañazos en mi braxo que en su momento me han ayudado a no llorar. Porque sí, soy débil. Y ese es mi mayor temor. Tengo miedo de mi vulnerabilidad. Y ese miedo duele.
Soy un caos como persona y en mi mente. Tantas veces he pensado lo fácil que podría ser acabar con todo lo que me deja sabor amargo en los pulmones. Pero como pretendo ser fuerte en seguida rechazo esa idea desorbitada y egoísta. Aunque así soy yo, rara, un lío, complicada, indefinible, inexplicable, incalculable, impredecible, egoísta, solitaria. Y eso es algo que nadie entiende. Dicen que creen conocerme e incluso ver algo especial en mí, pero cuántas veces habré intentado demostrar que lo único especial en mí es mi capacidad para cagarla. Y sí, todo suena a excusas y a discurso de treceañera enfadada con el mundo. Pero quizás nunca he dejado de ser esa niña confundida que de repente salió de yupilandia para encontrarse tan jodida sin haberse siquiera percatado. Inocencia ha sido mi maldición. Creer y creer en creer hasta que llegó a doler. Creer tanto que ya nunca más seré capaz de creer. En nada, en nadie, en mí.
   

sábado, 3 de diciembre de 2011

Extraño lugar

                                      
Te echo de menos. Y me da miedo. Me oculto, me escondo en esta habitación que me ahoga menos que la vida real. Mis labios siguen como vírgenes desde la última vez. Y no puedo dejar de imaginar las yemas de tus dedos sobre ellos...

Qué extraño lugar, este mundo. Nada que nadie no haya descubierto ya. Un planeta lleno de gente que viene a sufrir, amar, sonreír y pasar miedo. Temor como el que yo siento ahora porque me faltes tanto que tu ausencia se marque fuerte en mi pecho. ¿Por qué no paro de dibujarte en mis sábanas vacías? Soñándote cada vez que miro la pared. Queriéndote sin quererte. Olvidándote cada vez que vuelvo a recordarte. ¿Por qué siento este impulso, estas ganas tan grandes de gritar un "te quiero"?  No te voy a engañar. Hace más de dos años que no pronuncio esa frase. Y sin embargo, ahí sigue, sin poder huir, atascada en mi garganta.

Te echo de menos cada vez que creo que te tengo mientras duermo y Morfeo me hace pasar las más mágicas noches que pueda imaginar. Pero maldito Sol, que sale y me desgarra el alma porque ilumina tu espacio hueco, helado vacío que me chilla que aquí no estás. Porque no estarás. Porque nunca estuviste...
        

                             

viernes, 1 de julio de 2011

A woman of your kind is rare

 
Adelante, te doy permiso. Tienes pase privado para entrar en mi mundo, mi galaxia. Un lugar oscuro de pasillos e iluminado por las ventanas. En muchos rincones estás tú. En otras habitaciones selladas están otros que quisiera olvidar. Hay sitios gélidos de odio y otros con reconfortantes sofás y colores inexistentes donde guardo cariño y mis ideales. Allí está cada mujer que ha sufrido, cada símbolo de la paz, cada tonalidad de color lila. Cada persona que quiero. Cada gota de lluvia y cada luna.

Atrévete a adentrarte en mi mundo. Sumérgete en mí, báñate en el chocolate de mi mirada. Piérdete y no seas capaz de escapar. Quizás no sea interesante, pero tengo algo de misterioso en cuanto empiezas a conocerme a fondo. Y eso te atrae. Te asusta pero te gusta. El misterio es seductor.

Escápate de mis complejos, adora cada una de mis curvas como hago. A la mierda la idea de belleza de la sociedad. Soy mucho más que eso y lo sé. Tú también deberías saberlo, ¿o es que no te atreves a contradecir la masa? Me gusta mi pelo. Me gusta mi ombligo y me gustan mis pechos. Me gustan mis pies y la cicatriz que invade el lado izquierdo de uno de ellos. Adoro mis dientes no-blancos. Pero me gusta el blanco ocular que rodea y abraza mi iris.

Me gusta la canción Venice Queen que me empuja a seguir escribiendo. Me gusta Bebe. Me gusta John Mayer. Me gustan mil estilos diferentes. Me gusta mi poesía urbana, me gusta ser Luna de Coco. Me gustas tú.
¿Te atreves a seguir invadiendo mi universo?

  

jueves, 30 de junio de 2011

reflexiones marítimas

[...] Últimamente sólo he tenido una frase en mi cabeza. Maldito el momento. Maldito y jodido el momento en el que decidí enamorarme de él, no echarme atrás. Y aunque hay roce y cariño, no aguanto verlo tontear con otras, por mucho que esas otras ya tengan pareja. Los celos me matan. CELOS. Esa sensación horrible que nunca antes había sentido. Tengo miedo de quererlo ahora que todo se acaba y empieza el verano, una nueva etapa. La universidad. Tengo miedo de haberlo tenido todos estos años a mi lado y no darme cuenta de lo importante que es para mí hasta este último momento. Tengo miedo de estar sentada en la ventana del camarote con los reflejos del sol sobre el mar a mi lado y sólo ver su cara si miro al cielo. Tengo miedo de desear sólo que me abrace y de esperar como una inútil patética a que entre por la puerta oscura situada a mi izquierda. Tengo miedo de perderlo, tengo miedo de estarme enamorando.

 
Tengo ganas de llorar. Porque es el final total de una etapa quizás, o pouede que porque tenga a mi alrededor el Mediterráneo. Puede también que sea por el lío mental que provocan tanto su ausencia como su presencia en mi cabeza. Oteo el horizonte en busca de respuestas. El problema es, sin embargo, que ni siquiera sé cuáles son las preguntas.

Los primeros acordes de Dosed resuenan en mis tímpanos. Estoy melancólica y pensadora. Filosófica. Romántica. Bucólica, soñadora. De verdad es horrible. Es terrible la angustia que siento dentro de mí, porque me duele más pensar en un verano sin él que pensar en que todo se ha acabado...

martes, 28 de junio de 2011

- Lo puedo perder todo... - ¿Todo? - A él.

Me he enamorado. Ese sentimiento del que huía porque me hacía tan vulnerable, porque me impedía ser la mujer fuerte e independiente que quiero ser, se ha apoderado de mí. Y es que sólo veo su rostro si cierro los ojos, sólo pienso en sus labios y en su manera de mirarme. Sólo hay sitio en mi cabeza para sus abrazos, las saladas noches de verano naciente a su lado...
Y no puedo decírselo. Si entre amistad y amor debo escoger, lo escojo a él como amigo. ¿Qué tengo a perder?, te preguntarás. Todo. Tengo a perder sus manos sobre mi pelo. Tengo a perder sus sonrisas en mi oreja. Tengo a perder sus fuertes abrazos cuando refresca. Si entre amistad y amor debo escoger, escojo su compañía de amigo por mucho que duela antes que que nada...

lunes, 6 de junio de 2011

joder



Tengo ganas de decirte que te quiero.
Y eso me da miedo.
Hace mucho que no me sentía tan vulnerable...
 


 

domingo, 5 de junio de 2011

Secreto

Me gustaría poder hablarte con sinceridad, decirte cómo me siento, cuánto duele el callar.

Grito pidiendo ayuda y suplicando compañía, pero los oídos de quien me rodea están tan sordos que ya ni oyen si quiera, a modo de susurro, el gran estruendo que produce mi corazón a cada brecha que lo rompe...

Oí una vez que suspiras cuando te sobra aire porque te falta alguien... Así pues, yo debería estar ahogada en un mar de suspiros desde hace tiempo, demasiado tiempo. ¿Sabes de qué te hablo? De ese vacío que, paradójicamente, te llena tanto que crees que serás incapaz de sentir algo más que lágrimas sobre tu mejilla alguna vez...

Quisiera explicarte las emociones que explotan dentro de mí, a pesar de que exteriormente simulen ser, convenciendo a tus ojos, invisibles. Desearía describirte el más mínimo detalle de lo que siento y cómo lo siento, pero.. ¡no puedo! Hay demasiadas cosas en mi cabeza, entrelazándose entre ellas y desordenando más aún mi mente.

¿Y cómo actúas entonces?
Cuando si lo escribes sientes más profundo el dolor, cuando si lo explicas eres incapaz de describirlo, cuando si lo intentas... te pierdes más aún en el laberinto en el que tú misma te has encerrado, del que es imposible escapar, ni siquiera con una mano pegada a la pared...

¿Qué haces entonces?
Callas, y deseas internamente poder contárselo a alguien como tú, alguien invisible, alguien transparente, alguien... inexistente.

  

lunes, 30 de mayo de 2011

Si pienso en ti, frente al mar.

El aroma salado baila con mi pelo.
Las olas acuden a mí,
me buscan, me encuentran, me quieren,
en un intento de llevarme hacia ti.


Y es que en cada barca de pescador,
en cada gaviota, en cada faro;
en cada playa seiento tu sabor,
amargo, dulce, lejano, efímero, robado...


La brisa me sabe a ti.
Y me siento tan perdida.
El verano mediterráneo no se olvida de ti.
La espuma salina escuece en tu herida.

Te fuiste sin más.
Sólo recuerdo los llantos de mi madre,
un corazón roto que enterrar.
Oh, lágrimas del mar.
Yayo, ya no estás.


Mi hermano, imagen de la inocencia,
decía que eras ahora un ángel que nos protegía.
Mi alma, rota como a quien acompaña la saudade,
decía chillando en susurros que aún te quería.

La brisa me sabe a ti.
El verano mediterráneo no se olvida de ti.

Lloro... Si pienso en ti.

Luna de Coco

sábado, 30 de abril de 2011

all i need is reason to believe



Tú me dices que mi sonrisa es el Sol. Entonces hace mucho que no brilla este Sol, pienso.
Y es que no le puedo hacer nada. Esa sensación de soledad en medio de una gran multitud que cree que te conoce pero no sabe nada de ti. Nadie sabe tus secretos más oscuros, más profundos. Nadie sabe que quisieras arrancar a llorar en los lavabos como la niña pequeña y tímida que solías ser, nadie sabe que sufres porque no sabes ni lo que quieres. Espero algo imposible, un sueño insoñable. Un cuenta de hadas, una utopía, un efímero recuerdo que resulta ser mentira. El deseo de la calidez de un abrazo...
Nadie percibe cuando piensas en que hace tiempo que no te abrazan. Pero no esos abrazos cortos, superficiales, por cortesía. Un abrazo que te abriga, te protege incluso en el medio más peligroso. Un abrazo sincero.
Si mi sonrisa es Sol, en mi mundo reina la Luna. Y en el fondo éso es lo que persigo, una eterna noche con un manto de estrellas como edredón y una estrella fugaz que sustituya esa lágrima que no puedo reprimir. A veces lloro sin llorar, pienso sin pensar. Quiero sin querer, y ahora quiero saber qué quiero. La tormenta de las dudas destroza mi estado de ánimo. Quiero saber, pero no estoy segura de querer querer.
¿Qué paradójico, no? Sí, hay veces en las que una se pone filosófica. Por un mal día, por un corazón roto, por una discusión, por la enfermedad incurable que padece el padre de un amigo. Por cualquier motivo que tratamos de esconder bajo nuestras máscaras de laca, maquillaje y perfume, pero que nos roe y pudre por dentro.
Nadie se da cuenta de éso. Nadie es capaz de ver hoy en día la tristeza en unos ojos con rímmel. Nadie sabe que detrás del carmín hay una persona que todavía se esconde cuando un problema llama a su puerta.
Nadie sabe nada. Yo no sé saber, no sé querer, no quiero querer. ¿Qué es querer?

 

sábado, 23 de abril de 2011

El tiempo que querría...


Paseo por la ancha avenida que cruza mi ciudad sin esperar nada de este día gris que tanto me gusta. La gente odia este tiempo, pero a mí me encanta. Adoro caminar bajo la lluvia fina de un día como el de hoy en el que poca gente se atreve a salir a la calle. Camino sin rumbo, camino pisándole los talones al tiempo. Tiempo... El tiempo que querría, de Fabio Volo, leo en un cartel efímero que anuncia un 23 de abril mojado. El tiempo que querría, pienso... El tiempo que querría sería tiempo como éste. Tiempo para pensar en qué pienso, para no pensar en nada concreto. Tiempo que dedicarme sin pensar en ti. Tiempo que no sea este que me tortura sin saber yo porqué. El tiempo que querría, sería... ¿Para qué sería el tiempo que querría?




El tiempo que querría para pasar contigo. El tiempo a tu lado, de tu mano, entrelazados. Secuestrados por tus sábanas celestiales, embriagados de nuestros cuerpos. El tiempo lluvioso, otoñal o primaveral, para despertar a tu lado y quedarme ronroneándote al oído...

El caminar ala deriva me ha llevado a uno de mis rincones preferidos. Simple, sencillo, me enamora. Un pequeño descanso de aire limpio en medio de la urbe. Un amanecer de fuentes y plantas, un lugar con mis escondites donde sentarme a pensar más en ti.

Y sigo pensando... El tiempo que querría para explorar el mundo contigo atado a mi sonrisa, el tiempo que añoro para llevarte a escondites míos. Entre ellos, este paraíso urbano, un oasis de cascadas y selvas que me purifica del deseo de soledad que me invade el alma desde hace muchos, largos, eternos meses... Meses en los que el tiempo no pasa. Tiempo que querría para que este tiempo se pasara.


Descubro un banco frente un pequeñísimo estanco y bajo árboles que me protegerá de lluvia ahora que se intensifica y que yo voy sin paraguas. Me sumerjo en esta vegetación mediterránea y me dejo envolver por los sonidos de los animales que me rodean... De repente, me siento obervada. Una ardilla me mira curiosa, quizás esté adivinando mis pensamientos. Supongo que en sitios como éste es imposible esconder algo en la mirada.

El tiempo empeora... o mejora, según cómo se mire. No truena, pero llueve cada vez más fuerte. El tiempo enloquece a los pájaros que oigo a mi alrededor... El tiempo que querría para cantarte como estos pájaros que se quejan de la llovizna encima de mí. El tiempo que echo de menos para ser tu manta de días fríos como hoy, y emborracharte a besos de fresas y caricias de nata; el tiempo que me falta para estar a tu lado.



El tiempo que pasa sin yo conocerte. El tiempo que me duele porque no sé si ya te conozco. O quizás te conozca sin conocerte. El tiempo que querría para no sumergirme en estas paranoias. El tiempo que me tiene atrapada en una selva de pensamientos... El tiempo en el que no me pregunto cómo serás, sino cómo sería el tiempo contigo. El tiempo traicionero que me taladra, preguntándome si volveré a ser capaz de enamorarme y amar al fin. De alguien, de cualquiera, del primero que pase. De ti. El tiempo que se detendría si fueras tú mi abrigo en este viernes secreto de lluvia.


El tiempo que querría no tener para no pensar que todavía no te tengo... El tiempo que querría para no preguntarme si quiera si te tendré algún día.

viernes, 15 de abril de 2011

un montón de sinsentidos, yo.

Soy dulce. Pero también mala. Soy un secreto sin esconder. Soy perversa y la más tierna, soy una perra. Soy madura. Soy agresiva y soy tranquila. Soy sexy y soy fea. Soy hippie y bohemia a la vez que guerrera. Soy autónoma. Soy loca y soy cuerda, soy una princesa incomprendida y también una bruja atrapada.

Soy lentillera y gafera. Y también soy gafe. Soy de las que prefieren bañarse bajo la lluvia que bajo una ducha de chocolate. Soy erótica y sensual. Soy mediterránea. Soy asexual. Soy luna lunera, soy bollera. Soy escritora. Soy Marilyn Monroe. Soy estudiante ambiciosa. Soy la que le gusta el invierno pero se excita con la primavera.

Soy heterosexual. Soy fiestera y soy pacifista, soy niña y también hombre. Soy amiga. Soy besucona y arisca. Soy tímida. Soy cruel y despiadada. Soy calmada. Soy escuchadora profesional y también melasudantusproblemasora con experiencia académica y laboral. Soy soñadora y realista, soy feminista. Soy dependiente. Soy libre pero también esclava. Soy lujuriosa y recatada. Soy decente, buena. Soy lila. Pero también soy una zorra.

Soy Bécquer, Neruda y Rosalía de Castro. Soy callada, soy sumisa. Soy de las que revientan si no lo dicen. Soy tu chica pero no soy la chica de nadie. Soy simple. Soy mentirosa. También soy sincera, y por eso dijo que soy compleja. Soy miedosamisteriosa, y también muy valiente. Soy una cerda y soy limpia y organizada.

Soy adicta. Soy Audrey Hepburn. Soy descuidada y desordenada. Soy gata negra de ojos verdes. Soy un pedazo de estrella. Soy de las que no le gusta hacer la cama y les duele el Sol en los ojos. Soy Martin Luther King. Soy de las que aman el día y más aún la noche. Soy bailarina, soy patinadora. Soy catalana, andaluza, canadiense y alemana. Soy atrevida. Y parisina también. Soy vaga y viciosa.

Soy la que te busca en el tren. Soy mujer, soy delgada y soy muy gorda. Soy estúpida. Soy todos los soldados sin nombre. Soy divertida. Soy mecánica de corazones sin romper. Soy aburrida. Soy capaz. Soy un armario lleno de nada que ponerme. Soy sonriente y obediente, soy impotente y temperamental. Soy borde. Soy Luna de Coco.


Soy yo. Y eso, en realidad, no cambia.


 

jueves, 31 de marzo de 2011

Se querían

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.


Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...

Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.


Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

Vicente Aleixandre

martes, 22 de marzo de 2011

and i'm perfectly lonely


Trato de pensar en ti entre el ruido de la lluvia en mi ventana y una voz de alguna cantante italiana. Mis pensamientos se confunden con falsos recuerdos que nunca sucedieron…

Falsas sonrisas y caricias que jamás tuvieron lugar en la playa, en todos esos sitios que yo tanto adoro. Todos esos lugares a los que no me llevaste. Todas las disculpas que me pediste, son en realidad cenizas inexistentes.

Ese corazón que latiría al mismo ritmo que el mío, todas esas acciones que hoy trato de tachar de cursis, pero que tanto duelen sin tu compañía.

Tu fotografía en blanco y negro, escondida entre apuntes y caprichosas sonrisas, jamás la estreché contra mi pecho. Una rosa blanca que paseó cogida de mi mano, mientras la otra acariciaba la tuya se pudrió entre orquídeas y margaritas…

El libro que jamás me dedicaste, la canción que no intentaste ni siquiera escribirme, el suspiro de mis labios que nunca te perteneció; todos los detalles insignificantes de nuestra historia hoy bombardean mi cabeza…

Giro la cara a la blanca pared que me mira, cruel y vacía como me siento, en un intento de esconderme de la realidad… De reojo intento visualizarte entre las gotas que se escurren por mi ventana, pero no te veo…

Todos esos sentimientos reprimidos que jamás descubriste…

Porque jamás apareciste.

domingo, 20 de marzo de 2011

...et la Lune s'est moquée de moi



Son días en los que te sientes mal. No hay canciones ni libros que te reconfroten. Te sientas frente a la televisión para dejar pasar las horas muertas. El mundo va demasiado rápido y has perdido varias veces el turno para subirte al tren de la Tierra. Creías que iba a ser más fácil. Siempre lo pensaste, creías en ello ciegamente. Ahora no sabes qué decir, qué hacer, ni siquiera sabes qué comer. Sólo te apetece quedarte hecha un ovillo bajo el edredón, esperando a que el tiempo te acompañe, deje de hacer un jodido y brillante día de primavera y se ponga a llover de una vez. Quieres oír las gotas sobre tu persiana, porque si recuerdas el sonido te parece que algo se rompe. Y así siente sque hay algo más roto a parte de tí, de tu corazón, de tu mente, tu alma. Y el problema es que nadie te ha roto, tampoco nadie sabe suturarte las heridas.

Toda la perversión, el sexo, las bebidas, la fiesta, la noche, las luces, los colores... todo se apaga, ya nada te divierte. Has olvidado a disfrutar. Estás ausente, y no sabes cuánto durará. Bécquer y Neruda no te reconfortan. Tampoco te puedes esconder entre los brazos de Rosalía de Castro, ni siquiera ella te entendería a pesar de su eterna saudade. Moccia te parece ridículamente ñoño. Ves el mundo demasiado cruel cuando escuchas cualquier detalle que indica desigualdad, injusticia, maltrato... Dolor. Miedo.

¿Para qué vivimos? Los renacentistas dirían que es una oportunidad que se nos da para disfrutar. Carpe jodidamente diem. Los barrocos discutirían que se nos trae al mundo para sufrir, que cada día que pasamos es un día más que morimos, un instante más cercano a nuestra muerte, a la Nada. ¿La Nada? ¿Por qué es nada? Porque nada es ausencia de algo. Ausencia de dolor, por ejemplo.

Nunca me ha gustado pensar demasiado, pero estos últimos meses no sé hacer otra cosa. Necesito tirarme de 10 metros de altura hacia el mar, necesito volar en paracaídas, ir en moto a toda velocidad sin casco, necesito sentirme viva y dinámica para no sentir que por dentro estoy un poco muerta, cada día más apagada y descolorida. Es como si todos los colores de los que me habían pintado hasta ahora se destiñeran sin motivo alguno, sin razón aparente.

La Luna hoy no es cruel. Se ríe de mí, pero veo en el fondo de sus mares tristeza, como un destello de melancolía en los ojos de alguien. Sus cráteres son profundos como mis heridas sin curar. Se ríe de mí porque me entiende, porque ella un día se sintió así de sola y tampoco supo qué hacer. Hasta que aprendió a cómo sobrellevar la soledad. Yo busco ese cómo. Debajo las piedras, en el teclado de mi ordenador, en lo más hondo de mi corazón. En unos ojos lapíszuli que ya no veo y que están demasiado lejos de aquí, en los abrazos que ya nadie me da. En esos "te quiero" que no se dicen pero que deberían demostrarse más a menudo. Quizás si me hubieran dicho más veces "te quiero" yo también lo diría con más facilidad, pero me es imposible. Me gana el orgullo, me vence el miedo al dolor...