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viernes, 12 de mayo de 2017

Volatilidad

Volver al escenario, cegado por las luces. Sombras azules y un silencio lleno de ruidos. Silbidos, risas. Lágrimas que puedo sentir desde aquí arriba, sin verlas. Escuchar el temblor de una música que no se atreve a ser, hasta que empiezo a distinguir los acordes de los fieles pecadores que me rodean.


Y es entonces cuando ese mismo temblor empieza a adoptar formas y bailar, y suena, y suspira. La sala sigue plagada de cierto silencio expectante, de almas sedientas de versos rotos con los que sentirse identificados, y soñar, y ver un pedazo de sí mismos en el micrófono.

A medida que los cabellos de las guitarras se entrelazan con el resto de instrumentos, decido alzar mi voz. La melodía de mil cincuenta personas a las que no veo comienza a darle a la canción la forma que se supone que debe tener.

Y canto, y vuelvo a aquel momento, y me dejo llevar, y escucho esos coros tan puros que son imperfectos, y llenan de veracidad esta honesta canción. Si bajo mis párpados sólo un poquito, veo sombras danzantes, manos flotantes, luces que destellan y engañan a mis ojos. Porque, entre la multitud, y aún cegado por focos azules y verdes y blancos, la veo.

Ella lo lleva bien...

Siempre y cuando la multitud no escuche esa quiebra en mi voz que se extiende, como la peste, alimentándose de mi piel, hasta llenar todo mi torrente sanguíneo de una inquietud que rasga el gesto de mis manos, todo va a ir bien.

Oh cállate...

Y la atisbo en la escasa distancia de seis personas y una guitarra, elevada en mi mente, como un ángel, un demonio, como un ser extraordinariamente humano, santo y pecador, envuelto en plumas y llamas. Siento sus pupilas, aquellas que apenas podía distinguir de sus iris, en mis labios.

Todas las promesas de mi amor se irán contigo...

La voz me delata. La gente chilla. Puedo sentir cómo se le eriza la piel a cada espectador de mi magnífico e inesperadamente sincero show. Y unas lágrimas que no había saboreado en mucho tiempo inundan sutilmente mis ojos, liberando de nuevo mi voz. Rencor, melancolía, odio. Y un profundo amor a lo perdido. Admiración.

Veo brillar su pelo negro entre la multitud, flotando a contracorriente. Cierro los ojos y la veo salir del club, con las mismas lágrimas que compartimos desde nuestro 1999, mordiéndose el labio, frunciendo el ceño y repitiéndose a sí misma que no debía haber venido. La veo mirar hacia atrás, esperando a que baje del escenario y me abra entre la multitud, de manera violenta y lasciva, con ansia y temor, y desesperación,

Por qué te vas...

Mira a su alrededor, aturdida, buscando refugio en una luna nueva que se niega a darle un privilegio que no merece. Y coge un taxi.

Y se baja apenas diez minutos después.

Sola.

lunes, 1 de mayo de 2017

Telèfon

Em pregunto què n’haurà estat de tu. Dels teus cabells arrinxolats, del vermellor de les teves galtes. Del teu riure silenciós, de la teva manera tan única de parlar. Del teu gran somriure, que podia llegir amb més facilitat als teus ulls que a la teva boca.

Tots els bons records d’una època de plata, estan relacionats amb tu. Però quant de mal ens ha fet l’edat, que ens ha arraconat, amb els anys, a dos indrets diferents del món.

Avui m’ha temptat veure una antiga fotografia nostra, a la neu, d’agafar el telèfon i saber-ne de tu. A la imatge, que tinc gravada des de l’adolescència al cervell, jo moro de fred i tu vas en màniga curta. Què n’eres de boig, a vegades. I quant trobo a faltar, agafar aquell antic telèfon blanc i brut de la meva habitació, teclejar un número de memòria, i preguntar per tu. I pasar-nos hores parlant, dels professors, de la televisió, del temps, dels viatges, dels videojocs que vols per Nadal.

Com trobo a faltar, pujar de camí l’escola als migdies de l’hivern, per veure’t venir cap a mí amb la mirada fixa en els meus cabells, ataronjats pels allargats rajos de sol, i la ment en qualsevol altre lloc del món.

Em pregunto què n’haurà estat de tu. Però aquell telèfon antic i blanc i brut ara és massa lluny.



lunes, 30 de enero de 2017

Jolene

Sé cuál es tu poder de sirena. Sé que bajo esa satinada piel de bronce se esconde un canto exótico y tentador, una melodía invisible a los oídos que sin embargo llega a lo más profundo de las entrañas de quien te ve. 

Sólo un sacrificio te pido, Jolene. Por favor aléjate de mí. No te lleves a la parte de mí que aún creo conocer. Puedes tener a todos los hombres que ansíes, sé que tu deseo no tiene fin. Llévate al mío, si quieres, pero déjame a mí.

Jolene, no sabes qué significa esto para mí. Sé que no puedo hacer nada para luchar contra la griega curva de tu clavícula, la esponjosidad de tus labios, Ah, Jolene, la cascada de cabello que baila sobre tu espalda desnuda, mojada. Llevo toda una vida siendo la mitad de quien soy. La mejor mitad que he conocido de mí misma, quizás por miedo a descubrir que la otra fuera realmente mejor. Peromás de medio siglo a oscuars no es nada para proteger a aquellos a quienes amamanté un día. 

El mundo es moderno, dicen. Pero no para todos por igual. Vivo en un país donde tu nombre es un himno y la gente como yo empieza a correr peligro. 

Jolene, por favor, aléjate de mí, Jolene. 

viernes, 18 de marzo de 2016

¿Te has parado alguna vez a escuchar tu propio corazón?

Fuente
No el de tu pareja, al reposar tu cabeza sobre su pecho. El tuyo. Y no hablo en sentido metafórico. ¿Por qué no le prestas más atención?

Ese órgano dentro de ti que late al ritmo de tus emociones, bombeando vida roja en tus entrañas para hacerle sentir. ¿Lo escuchas alguna vez? ¿Depositas tu mano sobre tu pecho, en una habitación oscura, con el ruido de una ciudad en tu ventana, y te concentras en su ritmo?

A veces le damos mucha importancia a los simbolismos. Recordamos como si nos tatuaran en el cerebro la primera vez que escuchamos el latido de alguien a quien, sabiéndolo o quizás aún sin ser del todo conscientes, amaremos más de lo que nuestro egoísmo quisiera reconocer. Somos capaces de grabar en nuestra memoria sonidos, olores y tactos que sólo registramos una vez en nuestra cabeza, emociones que son tan únicas que, al volver a sentirlas, en un sueño reminiscente, en una tarde de otoño, o en medio de una obra de teatro, hacen florecer electricidad en tu piel y sientes algo tan fuerte dentro de ti que debes reprimir la emoción de haber despertado aquello olvidado. Esos instantes, aún y estando rodeada de un millar de personas ruidosas que ríen y hablan y comen y te miran de vez en cuando, son sólo tuyos. Te paras a pensar, de repente, ¿cuántos momentos tienes a solas?

Y no recuerdas una vida que no fuera compartida.

¿Cuántos suspiros, sonrisas, lágrimas? ¿Cuántas veces bebes vino, a solas, sólo por el placer de ese agua divina? ¿Cuántas veces escuchas a tu propio cuerpo, escuchas realmente lo que piensas?

La vida, como dijo el gran poeta Halley, son dos sílabas. Aprendamos a brindar una en compañía y, la otra, en el placer de estar a solas.




miércoles, 16 de diciembre de 2015

Reminescencias mórficas

Imaginé sus labios de mil maneras. 

Los imaginé sobre mis manos. En otra época. Fue un sueño, creo recordar. Había caballos y cerdos de por medio. Nada tenía sentido. 

Imaginé sus labios, confusos, bajo los míos. Era un mal martes. Un martes de mierda. Volvía a casa con tanta rabia en mi interior que sólo pensaba en destrozar los muros de ladrillo que me llevaban a una casa desconocida. Y él llegaba a mí. Aparecía de la nada. Y en mi enfado con el mundo, en mi ira conmigo misma, le pegaba. Brutalmente. Ferozmente. Y mis turbios deseos de violencia se convertían en sed de sus labios. Y acababa desgarrándole el alma, devorando sus sueños, a través de su boca.
Llovía mucho en ese sueño. Tanto, que desperté con la almohada empapada de sueños rotos.

Los imaginé también en secreto, mientras me miraba de reojo en público. Imaginé sus manos sobre mi rodilla. Nada más. La pureza de los actos más inocentes puede llevar al más impuro de los sueños. Imaginé sus labios desde la distancia, mientras pretendía no mirarlo. Los imaginé tan en secreto que todo el mundo era consciente de mi deseo.

Imaginé sus labios de mil maneras.

Los imaginé sobre los labios de otra mujer. Fue un sueño que no quiero recordar. Pero también resultó ser el que más sentido tenía de todas esas reminiscencias mórficas*.

Imaginé sus labios, tímidos, una mañana sobre un puente lleno de candados. Wilde decía que se cargan todas las historias de amor tratando que duren para siempre. Ese puente era nuestro Dorian Gray. Bello por fuerta, roto por dentro. Imaginé sus labios leyendo un poema, y caí al vacío.

Los imaginé. Los imaginé tantas veces que he perdido la cuenta. Los he soñado tantas veces que conozco su textura aún sin haberla probado con mi lengua. Sus labios siempre estarán ahí. En mis sueños. 

Fuente

*Mórfico, palabra sinsentido creada para referirse al sueño de Morfeo, al sueño soñado, no al sueño dormido. Adjetivo calificativo de tus labios.  

martes, 15 de diciembre de 2015

Cortocircuitos. Vol2.

Sangre. Sólo beberé sangre.

Sangre que corrompa mis entrañas. Porque sólo cuando me rompo soy la mejor versión de mí misma. Sólo cuando me rompo y manchas negras cubren mis mejillas, me reconozco en el espejo.

Gris o azul, blanco o verde.

Podrida igual por dentro. Confundida entre dos bocas, perdida entre dos ciudades. Y tan sola como llegué al mundo. Tan sola como me iré.

Sangre. Sólo beberé sangre.

Y esa misma sangre alimentará mi sed de desgracia, mi sed de tristeza. La felicidad duró demasiado. Vino y opio, decía Anaïs Nin. Sangre y feas melodías para mí. On the rocks, por favor.

Porque sólo cuando estoy rota doy lo mejor de mí.

martes, 3 de noviembre de 2015

Pregúntame sobre ti

La exploración del propio ser es algo que todos debiéramos experimentar una vez cada varios años. ¿Acaso sabemos quiénes somos? ¿Qué alimenta nuestras entrañas? ¿Qué nos hace hervir la sangre? ¿Qué vemos si nos miramos a través de una pared?

Quisiera que la gente soñara más. Leyera más. Hablara menos. Incluso escuchara menos. Entendiera más, o como mínimo buscara la comprensión. Quizás no la aceptación, pero sí la comprensión. ¿Tiene sentido?

Déjate vencer. Aprende a ganarte a ti mismo. Descúbrete más allá de lo que siempre te rodea. Explórate, descúbrete mil y una veces. A cada pregunta que hagas, a la gente, a tu perro, al aire. A ti mismo. Entiéndete. Yo sé muy poco de la gente, y sin embargo cada día aprendo algo más sobre mí gracias a aquellos que más desconozco. Aquellos que menos entiendo. Es una sensación. Sin más. 

No sé si me explico. A menudo la gente hace preguntas personales que realmente no quiere saber. A menudo da por sentado hechos que van más allá de su entorno. ¿Por qué tenemos tanta imaginación hacia fuera, y tan poca hacia dentro? ¿Quieres saber las respuestas que salen de lo más oscuro de las personas, o sólo oír lo que esperas oír?

Como cuando era pequeña, sigo soñando mientras viajo en metro, o camino por la calle. Son mis momentos favoritos del día, al ir y volver del trabajo. No los cambiaba por nada más que por una buena conversación (de esas que se acaban alargando horas y horas en una cafetería o en un bar). Qué hubiera pasado si le hubiera sonreído esta mañana a la mujer del autobús. Qué le habría dicho al chico que me trae de cabeza si me lo hubiera encontrado por la calle en plena noche. Cómo reaccionaría ante ciertas noticias. Cómo serán los personajes de mi primer libro. Qué letra tendrá la canción que un día me escriban a mí, sólo a mí.

No me preguntes por qué estoy donde estoy. No me preguntes por mi trabajo, mis estudios, si tengo pareja, si quiero tener hijos. Eso no te importa. No lo digo yo, simplemente lo sabemos ambos. Pregúntame sobre qué pienso cuando acabo un libro. Por qué prefiero una cosa a otra. Pregúntame qué me apasiona de lo que me apasiona. Pregúntame todo lo que quieras saber de los demás a través de mí. Así, quizás, al final del día, te acostarás con un pedacito de compañía propia algo más grande que el de ayer. 

Si dices que pecas de rareza la gente te toma por snob. Pero la rareza en las personas existe, y es preciosa. La incomprensión de quiénes somos es el engranaje principal que hace que nos movamos. Y ni siquiera nos damos cuenta.

Ojalá más gente lo entendiera. Ojalá más gente quisiera aprender sobre sí misma.

Ojalá nunca lo aprendamos todo.

Mil espejos

Mi vida se acelera a pasos agigantados
mientras espero llegar al destino de esta
lenta escalera mecánica.
Cuanto más arriba,
más abajo.

Mil espejos en la calle
que pretenden hacer de mí
alguien desconocido
alguien absurdo.
Alguien
que no es nadie.

Y si miro el cielo
no veo estrellas.
No es por vivir en esta ciudad
que es mi mejor vicio
que es mi peor virtud.

No me puedo ver
entre mil espejos
que pretenden hacer de mí
aquella persona
que un día realmente
sí quise ser.

Y si me voy
no es para encontrarme
sino para conocerme.
Reconciliarme.

Y mientras mi vida se acelera
a pasos agigantados
mis sueños empequeñecen.
Los sueños de mil espejos
que serán mi peor virtud
y mi mejor vicio.

miércoles, 25 de febrero de 2015

8.

Me provocas vértigo
Siento caer
y mi miedo
hacia ti
me atrae.

Eres ese gran vacío
ese peñón
ese acantilado
que siempre quise saltar.
Y volar.


Voy a saltar.
Y quiero caer en ti.

sábado, 7 de febrero de 2015

Atenea

Es fácil decir que el mundo gira. La naturaleza actúa a su antojo. El universo no se detendrá por ti. Pero sentirlo, ser realmente conocedor de una verdad tan magna, eso es lo difícil. Te puede robar el aliento, recobrar tu inconsciente lucidez durante un puñado de segundos. Eso es, todos estamos locos. Sólo las verdades que te cortan la respiración te permiten sentir un efímero atisbo de la lucidez en tu vida. Yo nunca me he considerado cuerda, a diferencia del resto del mundo. Quizás por eso el resto del mundo no me haya considerado nunca a mí. ¿Qué es el mundo? ¿Quién es la gente? Siempre hay preguntas así rondando mi mente inquieta. Nunca hay silencio en esta bombardeada cabeza. ¿Qué esconden las nacionalidades? ¿Es acaso la justicia un hecho, un concepto, una realidad siquiera?

La justicia me hace pensar muy a menudo. La justicia es el melodioso silencio. El verdadero. El real. La justicia es cerrar los ojos cuando tus pupilas aún sienten la luz del sol. Es una mano fría, inerte sobre el sucio suelo, suplicando al mundo que se lleve su desdichada vida y la pierda en algún rincón del silencio. La justicia no existe. La muerte, sí. 

Source

domingo, 18 de enero de 2015

Pánico

Pánico es cuando crees que has destruido todo cuanto tenías. Todo por lo que luchas a diario, las esperanzas que pones en ese futuro por el que tanto te esfuerzas. De repente, los miedos que te has tragado durante meses te han intoxicado por dentro, han colapsado tu sistema. Nublado tu juicio, descontrolado tus palabras. El corazón te duele hasta de manera física. Crees que estás sufriendo un infarto, pero es más sencillo y menos irreversible que eso. Simplemente te estás rompiendo el corazón. Porque sí, tú eres la única culpable.
La única que podía destruir todo cuanto tenías.

V de victòria (fallida)

I si exploro el passat,
entre pors i anhels,
et trobo a tu.

El temps ha passat
i m'he adonat
que no puc ser
la poeta
que veies en mi.

"Ets massa maca",
vas dir.

I al final,
jo estava ferida.
Tant,
que no veia res més.

I al cap dels anys,
m'he adonat,
que potser vaig ser
la única culpable

de les meves ferides.

I en el trontollós camí
et vaig arrossegar
amb la meva innocència,
la meva ànsia
de soledat,
la meva por
a dependre massa de tu.

I explorant el passat,
entre pors i anhels,
t'he tornat a trobar.

Però (ara) ja no hi ets.



sábado, 13 de diciembre de 2014

Y sin embargo...

¿Hay medicina contra el dolor?

Los síntomas son bastantes, la verdad. Vómitos, constante secreción lacrimal, jaqueca, cansancio, ansiedad, opresión en el pecho, dolores de espalda. No ser capaz de pensar en otra cosa que no seas tú. Asfixia, llantera y, por consiguient,e ahogo (más que desahogo).

Vaya cliché. Pero es que de repente todas las canciones hablan de nosotros. Estás en cada rincón de esta súbitamente claustrofóbica habitación. En la ventana desde la que a veces te oía picar a la puerta. En el pijama que he escondido entre los cajones. En las revistas de viajes que planeaba hacer contigo. En el cepillo de dientes que ahora uso para quitar el polvo de los lugares más pequeños. En las seis fotografías que no sé si tirar o guardar. En los libros que me regalaste, en la plantita que floreció la mañana que dejaste de creer en nosotros.

¿Existe medicina para aliviar la decepción?

Enfado, dolor, tristeza, dolor, pena, dolor. Pensar que me engañaste. Que me hiciste creer en una relación que no quería. Y ahora te vas, diciendo que es en eso precisamente en lo que ya no crees.

Que te jodan. Esa es la mejor medicina contra este dolor. (Y sin embargo, seguirás siendo mi canción favorita).


Fuente

martes, 9 de diciembre de 2014

La censura de nuestros cuerpos

Dejo la ventana abierta aun a riesgo de que se me escapen los suenos por ella. Acaba de empezar a llover, aunque quizás deje de hacerlo en breves instantes.

La habitación esta hecha un desastre. Siendo tan grande, apenas encuentro un vacío hueco donde dejarme caer a dejar mis pensamientos flotar por el frío aire de este agosto germánico. Lo he perdido, sabes? Llevo toda la mañana buscando ese pequeño amuleto que me conectaba de manera tanto bucólica como irreal a ti. Es como un vacío dentro de mi. Y esta mierda de tiempo que tanto te gustaba es tan inoportuno...

Source
Frío, frío. Todo es azul y gris. Me pregunto por qué, desde hace siglos, todos relacionamos la tristeza a los mismos elementos. Me pregunto por qué tu no lo hacías. Tu sonrisa brillaba como el sol que tan poco te gustaba. Siempre quise llevarte a Escocia y vivir el resto e nuestras vidas apartados del mundo que tanto sopor te infundía. A veces tengo raros sueños en los que eres una niña de apenas diez años que corretea entre las nubes con una agilidad tan grácil que me hace pensar que eres una ninfa de los cielos o algo así. Otras, sin embargo, despierto entre sudor con la cara empapada de lo que nunca quiero reconocer que son lágrimas. Esas noches mis mejores sueños se convierten en pesadillas al despertar y encontrar sábanas enredadas a mi cuerpo en vez de tus caderas y tus brazos atrapándome con fuerza, mientras suspiras palabras ininteligibles que me gusta pensar que son mi nombre.

Tengo tanto miedo a continuar que creo que me paso la mayor parte del tiempo paralizado, como victima de una feroz y angustiante araña que espera mi pánico para saborearme con mas intensidad.

Pensé que íbamos, a funcionar, ¿sabes?

Todo lo que te dije sobreclo que sentía siempre fue verdad. Jamas sentí algo similar. Y sin embargo, mi presente situación, la confusión, el encontrarme perdido en un lugar cualquiera del mundo, me resultan sensaciones tan familiares... ¿Me voy a deshacer alguna vez del mal tiempo que emerge de mi piel?

Aunque quizás fue eso, lo que siempre quisiste de mi...

sábado, 6 de diciembre de 2014

Lejos

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Tardes oscuras de insomnio sentimental. La cama, deshecha, llena del eco de tus risas. Esta habitación diminuta, se me antoja una cárcel sin ti. Recuerdos tuyos mire donde mire. En fotografías con mi sonrisa. En la camiseta vieja que aún lleva tu olor. En los libros que leí pensando en ti. En la pared blanca y fría, tan incierta como nuestro futuro. Como el de cualquiera.

El terror que tuve al sentir necesidad de ti en realidad nunca se esfumó. Sigue ahí, latiendo en mis sienes, a cada nota rota de las canciones que jamás me atreví a escribir

Este diciembre es demasiado frío a pesar de ser el otoño más caluroso de todos. Nunca he sentido los colores tan vivos ni el tiempo tan lento. Me engulle el ansia, el deseo de volver a ti. Me destroza el miedo, el silencio de aquello que vendrá después.

Hay cosas que, supongo, jamás podremos prever. 

jueves, 29 de mayo de 2014

El día más triste


Nos despedimos
desde nuestro primer beso.
Sin embargo
no lo ha hecho más fácil.

“El tren ya llega”.

Una fría estación y
gente mirando
gente ajena
gente indiferente.

“Sé fuerte.”

Tu rostro en mis manos
y tu barba bajo mis dedos.
Mis lágrimas en tus labios
y mis sueños en tus maletas.

“Te quiero.”

El miedo aterrador
de un futuro tan incierto.
Kilómetros que otra vez soñé
de muy distinta manera.

“Te veré pronto”.
                                       ¿Qué es pronto?


Nos despedimos
desde nuestro primer beso.
Sin embargo
hoy aquí,
mañana allí,
seguiremos volviendo
el uno al otro.

lunes, 12 de mayo de 2014

Ares

La censura de nuestros cuerpos es más que un concepto. Es un suceso en sí, tan palpable que es capaz de abofetearte en ciertos momentos. Es el miedo urgente y emergente a tocarte y a la vez, el terror a alejarte de alguien a quien hace tiempo dejaste marchar.

La censura somos nosotros, privándonos de nuestros deseos e instantes, prohibiendo a nuestra carne el mero hecho de ser lo que es. La censura empieza dentro, muy dentro de nosotros, emerge en nuestros labios, manos, a través de nuestros besos y acciones, y, paradójicamente, se extiende cada vez más en cuanto más límites halla en su camino.

La censura de nuestros cuerpos está aquí, ahora, en tus órganos y también bajo mi piel. Es lo que me impide ahora besarte con ferocidad y lo que te impide a ti salir por esa puerta y agarrar con rabia los sueños que llevan años persiguiéndote secretamente a plena luz del día.
 

domingo, 27 de abril de 2014

Dosed (by you)



Antes escribía. Quizás no mucho, pero escribía. Y sentía que lo hacía a todas horas, a pesar de la falta de tiempo o el miedo a escribir porquería. Pequeños relatos carentes de estructura narrativa, cuentos fugaces, historias inventadas o basadas en amenos amantes. Pero fantasías, sobre todo. El sueño del día en el que despertara sonriendo para descubrirte tendido a mi lado, bajo las mismas sábanas que me hubieran arropado durante una fría noche. Abrir los ojos, tocar tus labios. Sentir tus brazos en mi espalda y hacerte el amor de esa manera tan íntima que sólo la lluvia británica en primavera puede provocar. Remolonear en la cama, desayunar fresas y tostadas y pasarse el resto del día bajo mantas, viendo películas que ya te sabes de memoria.

Los recuerdos del frío parquet bajo mis pies ahora se me hacen absurdos. El calinoso azul de las blancas paredes en mis pasillos, el deseo inefable de una extensión tan grande como el mar… ¿Cómo podía anhelar tanto una felicidad que era para mí tan desconocida? El miedo al fracaso, ni siquiera intentarlo. Basar mi rutina en una triste soledad a la que era adicta. Y me gustaba así, ¿sabes? Hay una increíble belleza en la tristeza que sólo aquellos que la saborean con intensidad saben apreciar. Ese era mi motor. La tristeza era mi musa, la soledad, mi realidad. Tú, mi ficción.

Y quién me iba a decir que el día menos pensado, frente a una fuente en un frío mes de Septiembre (no olvidemos que, a pesar de todo, soy una chica del sur), iba a plantearme todo un futuro que jamás antes había siquiera imaginado. Una canción, nervios. Auto-convencerme de cosas que son, pero temo que sean. Temblar disimuladamente al verte aparecer, con tu camiseta azul suave, y saber que ya todo ha cambiado. Y que ese instante, ese chispazo, el cambio, ha estado frente a mí todo el tiempo, como un velo invisible que me impedía verte y aferrarme a mis deseos. 

Y ahora, la incerteza. Poco más de treinta días y esa rutina previa a esta aventura volverá a ser palpable bajo mis manos, ya algo rotas por el frío. Con la diferencia, sin embargo, que determinará el resto. Tú.

miércoles, 9 de abril de 2014

Pétalos

Las montañas, el sosiego. El silencio invisible, robado con delicadeza por el viento. Frente a mí, maravilla. ¿Quién iba a decir que un lago podía ser mi medicina?

Si pudiera vivir aquí. Para siempre, sin nada más. Quizás me aburriría. O quizás no. Me levantaría con la pereza del sol madrugador. Pondría leña en la chimenea. Siempre hace frío en Irlanda si eres una chica del sur. Escogería un libro, y éste sería mi amante durante las siguientes horas. En algún momento, entre las tareas del hogar y la comida, saldría a pasear. Puede que el sol me visitara al mediodía. Y me perdería entre estos mares terrestres de fantasía, verde musgo y ramas corrompidas, viento feroz y montañas sabias.

Y pensaría que estaría viviendo los días más felices de mi vida, siendo consciente aún, de esa gran mentira. 

Todo lo que me rodea me invita a respirar sonrisas. Pero es primavera, y, cuando esta mañana, al salir de casa antes de dirigirme a estas solitarias montañas, los árboles vestían la acera de minúsculos pétalos rosas, rompí a llorar. El estallido de tu risa ha resonado en mi cabeza, como el más doloroso de los estruendos. ¿Recuerdas aquel Abril? Despertaste al sentir las cosquillas que uno de esos pétalos causaban en tu oreja izquierda, víctima de las travesuras que a veces me vienen a la mente. 

A veces sólo hace falta un silencio incierto para recordar. Otras, es suficiente para lograr romper en mil pedazos lo que llevas en ti. Y de ello, sólo brotan lágrimas eternas. Quizás invisibles, pero imparables.

¿Sabéis lo que es el silencio?

El silencio es una ilusión. No hay mar ni montaña que mude mis lágrimas.


martes, 11 de marzo de 2014

Pandora



Volveremos
a ver la primavera
la misma
que florece en la ventana
en la cama
en el alma
que fue tuya.

Volveremos
a sonreír
a ver el sol salir
a sentir mis dedos
recorriendo tu piel
a sentir tu risa
estallar de placer.

Perdiste la esperanza.
Pero siempre pensaste
que era una caja
llena
muy llena
de sorpresas.

Y mi nombre fue un día
el de Pandora.