domingo, 11 de diciembre de 2011

B

  
Es mi corazón el invadido por la monotonía, esta rutina. Es una extraña sensación que inunda de tristeza mis ojos y me deja sin aire. Como si esperara algo que no fuera a llegar. Como lo soledad que se disfruta.
Como cuando te pierdes en una discoteca y la música resuena en tus tímpanos y llena tus oídos, y te sientes tan vacía y tan llena entre el bullicio. Como un momento público y típico pero tan íntimo y efímero a su vez. Tu cuerpo se mueve y el pelo se deja llevar. El carmín de tus labios y el köhl de tus ojos ya no te hacen bonita. Porque no eres bonita por fuera entre la gente. Eres bonita y punto, con gente o sin ella.
Sigue la música. Su monotonía te librará de la tuya. Huye. Baila. Vive. Bonita.
   

sábado, 3 de diciembre de 2011

Extraño lugar

                                      
Te echo de menos. Y me da miedo. Me oculto, me escondo en esta habitación que me ahoga menos que la vida real. Mis labios siguen como vírgenes desde la última vez. Y no puedo dejar de imaginar las yemas de tus dedos sobre ellos...

Qué extraño lugar, este mundo. Nada que nadie no haya descubierto ya. Un planeta lleno de gente que viene a sufrir, amar, sonreír y pasar miedo. Temor como el que yo siento ahora porque me faltes tanto que tu ausencia se marque fuerte en mi pecho. ¿Por qué no paro de dibujarte en mis sábanas vacías? Soñándote cada vez que miro la pared. Queriéndote sin quererte. Olvidándote cada vez que vuelvo a recordarte. ¿Por qué siento este impulso, estas ganas tan grandes de gritar un "te quiero"?  No te voy a engañar. Hace más de dos años que no pronuncio esa frase. Y sin embargo, ahí sigue, sin poder huir, atascada en mi garganta.

Te echo de menos cada vez que creo que te tengo mientras duermo y Morfeo me hace pasar las más mágicas noches que pueda imaginar. Pero maldito Sol, que sale y me desgarra el alma porque ilumina tu espacio hueco, helado vacío que me chilla que aquí no estás. Porque no estarás. Porque nunca estuviste...
        

                             

viernes, 2 de diciembre de 2011

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Yo sólo pedía a gritos con mi mirada un abrazo. Pero no uno de esos superficiales o de esos que se despiden diciendo "hasta luego", sino uno de esos en los que te ves atrapada y de repente es como si encajaras en el universo, enjaulada en unos brazos más grandes o más menudos, fuertes, débiles, cortos o largos, pero que te tienen entre ellos el tiempo suficiente como para quitarte las ganas de explotar... Uno de esos abrazos en los que no se calcula el tiempo, que duran siglos y segundos al mismo tiempo, y, al separarte, es como despertar y saber decir gracias con la mirada a unos ojos que, si eran antes extraños, ya nunca más lo serán...
           

viernes, 18 de noviembre de 2011

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¿Crees en
el amor?


hard to understand

    
¿Por qué no escribo? Los días pasan sin más, consumiéndome. Me destruyen sin darse cuenta.
Esta noche he soñado con zombis. Hacía frío. Y creo que he soñado con ellos porque ahora me parezco más a un zombi que a una persona. Camino sin pensar, presa de mi extraña rutina. Ando, como, asiento y lloro. No pienso para no decaer más. Lloro para confirmar mi vitalidad, como si haciendo algo tan absurdo y tan humano, pudiera sentirme más viva, más real. Como si, llorando, pudiera sentir. Sintiendo el picor del agua salada en mis pómulos por donde se corre el rímmel de mis pestañas, ignorando el cosquilleo de las lágrimas sobre mis tersas mejillas, tan lisas como la virgen nieve de la zona invisible de los Pirineos.

Llueve en mi ventana y sin darme cuenta estoy escribiendo, al fin. Transformando en palabras la poesía del aguanieve que apenas roza mi persiana, que cruje ante el viento que la golpea. Truenos de fondo. En el fondo de mi corazón. Alma caliente, pies fríos. Necesito ponerme calcetines, pero no quiero. Como siempre, como todo. Soy el origen y final inexistente de mis paradojas. 

El mundo está loco. Sí, vaya mundo más curioso, este en el que me ha tocado vivir. ¿Es acaso la fente que lo habita igual de curiosa? Eso no me gustaría. Si todos somos curiosos, acabamos siendo iguales, lo cual implica normalidad. Entonces todos somos curiosamente normales. Pero, ¿y si lo normal es no ser normal?

Sí, soy el origen y final inexistente de toda paradoja.

         

viernes, 11 de noviembre de 2011

21:08


Qué lejos el tiempo
Si no estás aquí.
Qué eterna la distancia
sin ti.

Qué oscura la Luna.
Me pregunto por qué está triste.
Qué fina es la lluvia.
¿Serán sus lágrimas?

Te busco en las olas,
te siento en el vacío
de mi sonrisa rota
que no te encuentra.



Me escondo en sueños
porque todo es perfecto allí
donde tus manos bailan
cada noche tangos con mi cuello.

Y sigo pensando,
Qué soledad la del mar.
Infinito cielo nocturno
de espuma y sal.

Qué lejos estás
porque no te tengo junto a mí.
Qué eterno es el tiempo
porque jamás regresarás aquí.

Luna de Coco