domingo, 18 de marzo de 2012

wd

        

FEELING YOUR BREATHE
                                    TAKING THE MOMENT
                                                                      MY SOUL WAS SUNK

                              RUNNING, SWIMMING, ESCAPING

                                                                                 -WALKING DISASTER


viernes, 16 de marzo de 2012

Amb un velomar

     
Me refugio en ti. El mar nos acompaña. Casi molesta. Su sal seca mi piel, tú la endulzas con la lengua. El silencio da miedo, sólo crujen las olas. Es demasiado tarde para que las gaviotas nos vigilen. Demasiado pronto para que el sol nos regale calidez. Y por ello me apretas más fuerte, entre tus brazos. Casi no puedo respirar. La luna no existe, sólo un cielo tan negro que en sus profundidades se confunde con la mar. Noir. ¿Recuerdas?

Respiro. Siento. Y el miedo a perderte es tan grande como el miedo a tenerte. Si pudiera parar el tiempo lo haría en este preciso instante; la adrenalina inunda mis venas y la dopamina embriaga mi mente. Y me siento tan viva, en este silencio, en esta oscuridad que me protege de ti. O quizás me proteja de mí.
Quisiera volar, volar muy bajito, como un susurro, sobre la superficie marítima, esquivando la luz lunar. Lunar en tu cuello. Lo beso, lo toco. Quiero que sea mío. ¿Me lo regalas? Me lees la mirada y sonríes. Eso es un sí. Tus ojos se cierran exhaustos de placer y tu respiración se calma. Es rítmica, hipnotizadora. Mi mejilla baila en la montaña rusa de tu pecho, que ahora sube, ahora baja, sube, y vuelve a bajar. Muy lentamente, más que los latidos de tu corazón, esos que retumban en mis oídos.

No sé decir te quiero. Pero estoy aquí y no he huido. Me oculto en la penumbra pero seguiré cuando salga el sol a reírse de mí. ¿Sabes sumar? Pues esto son dos más dos. Uno más uno. Dos. Tú y yo. Yo y tú. Y el sol se reirá, ya siento las carcajadas de las olas en la brisa que tararea perversiones a mi pelo…

La chica noir, la chica lunar. Lunar en tu cuello. ¿Sabes sumar? Pues no sé decir te quiero. Pero es que esta noche mi garganta sólo chilla que quiere mil noches en el mar…     
                

viernes, 24 de febrero de 2012

metro

             
Te observo en silencio. El metro está casi vacío. Un jueves a las 14:47. He buscado entre los pasajeros alguna historia que inventar, algo con lo que soñar durante mi trayecto. Y sin darme cuenta, mis ojos se han topado con tu sonrisa silenciosa. Y me he enamorado de ti a las 14:47 y 47 segundos de un jueves de febrero.

Te miro y te estudio sin hacer ruido. Te imagino, te diseño, te moldeo. Eres guapo. Y me atraes sólo con lo que llevas puesto. Una chaqueta demasiado usada y unos tejanos. Y tu único complemento, un libro. Un libro pequeño pero no lo suficiente como para caber en tus bolsillos. Y he pensado, ¿quién va hoy en día por la calle con nada más que un libro?
Tú.

He dibujado una línea imaginaria en el perfil de tu rostro. Tienes unos labios perfectos. Rosados y sin ser demasiado gruesos, tienen algo de fino. Apetecibles. Bebibles. Tuyos. Llevabas esa barba que tanto me atrae en los hombres cuando llevan tres días sin afeitarse. Y tus ojos, tímidos a mi mirada pervertida, se escondían, oscuros, tras las pestañas que leían contigo ese libro cuyo nombre no he visto y, por tanto, tanto me intriga.

Eres joven. Pero veo unas poquísimas, imperceptibles canas en el lado derecho de tu pelo. ¿Cuántos años debes tener? No muchos más que yo. No más de 25. Y mi mente vuela y se deja llevar soñando con algo tan absurdo como tu edad.

Mírame. Mírame, mírame. Siento la medianoche en esta parada. Nada existe, todo está oscuro. Es como una película expresionista, sólo apareces tú, con la luz de un gran foco iluminando tu postura y trazando tu sombra en el suelo. 

Y ríes con el libro. Y haces una mueca
de dolor con él, y lo disfrutas, y lo sufres. Y me enamoras más. Un halo de soledad te rodea. Y eso me atrae más. Si pudiera sólo abrazarte y besarte el cuello… No hablaría, ¿para qué? Eres una de esas personas con las que no son necesarias las palabras. Solo una mirada. Un beso. Una caricia. Un suspiro.

Y tengo que bajar en esta parada. ¿Ya? Qué rápida pasa media hora. Bájate tú también, bájate, bájate. El metro para y paso a tu lado. Mi perfume te despierta y me miras sorprendido.


Y me marcho, con expresión nostálgica en mi rostro al mirarte por última vez.

           

martes, 21 de febrero de 2012

momentosueños

   
Hay momentos para todo. Hay momentos para hacer el amor y otros son para follar. Hay momentos para decir te quiero y momentos para llorar de tanto odio. Pero también hay momentos para pensar en esos momentos. Reflexionar, pensar. Recordar aquel beso sobre tu nuca una tarde de enero y rememorar aquella feroz noche, econdidos del segurata que intentaba fallidamente que entrásemos juntos al lavabo de la discoteca.

Hay instantes para llorar por haber perdido el momento para decir te quiero. Y diez segundos luz después, momentos para reír de tanto reprimir histéricamente el odio, la rabia.

Hay puntos intermedios. Tierra de nadie. Tiempo cero. Fragmentos de realidad en los que de repente los minutos dejan de tener sentido, te quedas sin habla. ¿Acaso respiro?, te preguntas. Tirarse a un lago de gélidas aguas. Tocar su cuello a cons¡ciencia. Sentir caer al vacío desde lo alto de una atracción, correr con música energética rebentándote los oídos. Dejar resbalar las gotas de fría lluvia sobre tu espalda, oír un trueno demasiado cercano, besar a alguien por primera vez. Escuchar tu canción favorita en un concierto, ver una lluvia de estrellas sobre un tejado. De la más intensa a la más frágil sensación, fragmentos de la realidad que hacen replantearte la posibilidad de estar viviendo en tu mundo de sueños.

Aunque la vida resulta no ser más que un conjunto de sueños por los que nos dejamos llevar, sueños que perseguimos, sueños que ni siquiera sabíamos que teníamos. El mundo no es más que un sinfín de sueños que lo alimentan.

Hay momentos para escribir y otros para leer. Hay momentos para echar de menos y hay momentos para alejarse. Pero siempre es momento de soñar.

 

miércoles, 8 de febrero de 2012

táctica y etrategia

  

 
[...] mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo            ni sé

con qué pretexto

por fin            me necesites
                   
Mario Bendetti